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lunes, 24 de mayo de 2010

Secuestros realizados por Humanoides


Cientos de personas normales y corrientes han informado acerca de «encuentros en la tercera fase». Pero los relatos de secuestros realizados por humanoides resultan aún más sorprendentes.

¿Son los humanoides ocupantes de los OVNIs -y los propios OVNIs- simples imágenes proyectadas para que los testigos sensibles las vean? Quizás estas proyecciones se propongan poner a prueba las reacciones de determinados testigos al control hipnótico. Y quizás sólo los sujetos menos sensibles -los que experimentan un trance poco profundo- informan acerca de sus «encuentros». Y, por supuesto, aquellos que no son sensibles al hipnotismo no tienen ningún encuentro del que informar.

Pero, para aquellos que son susceptibles a la hipnosis -los sujetos de «trance profundo» la historia puede ser muy diferente. Muchos testigos de OVNIs o de sus ocupantes humanoides han sufrido «amnesias temporales» inexplicables. En los últimos años se han obtenido testimonios haciendo recordar estos «lapsus» a sujetos en trance profundo. Bajo hipnosis, revelan frecuentemente que sus mentes han sido manipuladas por quienquiera que controle los OVNIs, hasta el punto de haber sido «secuestrados» mentalmente, quizás con propósitos experimentales.
Encuentros En La Cuarta Fase

El secuestro físico o mental por OVNIs se denomina ahora «encuentro en la cuarta fase» (E 4), aunque no forma parte de la clasificación original de los encuentros del doctor J.A. Hynek. La conexión entre los E 3 (o informes de « contactos») y los siniestros E 4 puede verse claramente en los siguientes casos.

A las 11.30 de la noche, el 17 de marzo de 1978, el mecánico Ken Edwards, que volvía a casa después de una reunión sindical en Manchester, cogió una salida de la autopista. Esta salida está flanqueada, tiene terraplenes a ambos lados y pasa junto a una planta de energía atómica rodeada por un muro de seguridad de 3 metros de altura, que está construido encima de los terraplenes. Las luces largas permitieron a Ken ver una figura de dos metros de estatura que bajaba por un terraplén. Se inclinaba hacia adelante al andar, manteniendo los brazos en la misma dirección, de modo que parecía imposible que pudiera mantener el equilibrio. Además, los brazos parecían salir de su pecho, no de sus hombros. El ser llevaba un mono plateado y un casco que sólo permitió a Ken distinguir dos ojos redondos.

Ken detuvo su furgoneta en el arcén y observó, alarmado, cómo la figura se detenía en medio del camino y, desde unos 4,50 m de distancia miraba hacia él. Dos rayos de luz, estrechos como lápices, se proyectaron desde los ojos de la figura y le alcanzaron. Después de un rato, la figura siguió avanzando hacia la parte izquierda de la carretera, subió por el terraplén, pasó a través del muro de seguridad y desapareció.

Ken declaró después que sintió «una especie de parálisis» mientras los rayos estuvieron enfocados hacia él. Cuando fue entrevistado por la Red de Investigadores de OVNIs (UFOIN), Ken agregó que todo el encuentro duró entre cuatro y cinco minutos y que tardó cinco minutos más en llegar a su casa. Sin embargo, su esposa estaba segurísima de que había llegado a casa a las 12.30 y no a las 11.40 como era de esperar. Hay un lapso de tiempo sin explicación. En este caso no se menciona ningún OVNI, pero no sería extraño que hubiera habido alguno por los alrededores.

Otro encuentro terrorífico tuvo lugar en Belo Horizonte, Brasil. A las 7.30 de la tarde del 28 de agosto de 1963, tres niños estaban en el jardín de su casa, jugando junto a un pozo. Vieron un objeto esférico que flotaba en el aire, a unos 5 metros sobre el jardín. Era transparente y estaba iluminado por dentro, de modo que pudieron ver a sus cuatro ocupantes, sentados en taburetes. Uno parecía manipular un panel de instrumentos y todos llevaban ropa parecida a la de los buceadores.


Dibujo realizado a partir de las descripciones de los tres niños brasileños que en 1963 vieron a un humanoide con un solo ojo que les asustó.


Uno de ellos salió por la parte inferior de la nave y descendió, inmóvil y erguido, entre dos haces de luz amarillenta. Andando con decisión y balanceando los brazos, el ser fue hacia ellos. Miró a los niños con su único ojo, hizo algunos gestos con las manos, emitió extraños sonidos y después se sentó en el brocal del pozo.

Uno de los niños luchó contra la «parálisis» que sentía en presencia de la criatura y logró coger un ladrillo. Instantáneamente, el ser emitió un rayo de luz, que salía de su parte central, hacia él y el ladrillo cayó de su mano. Después de hacer más gestos, la criatura se alejó y se elevó flotando por el rayo de luz hasta la nave; en ese momento se produjo un gran resplandor y la esfera se elevó por el cielo oscuro. Liberados súbitamente de su extraña parálisis, los niños corrieron hacia la casa llamando a gritos a su madre.

¿Humanoide U Holograma?

A eso de las 8.40 de la noche, el 7 de enero de 1974, un hombre de negocios belga conducía su coche cerca de Warneton, en la frontera con Francia, cuando de repente los faros se apagaron, el motor se detuvo y la radio enmudeció. Puso el freno de mano y vio en un campo, a unos 150 metros de distancia, un objeto «parecido al casco de un soldado inglés» apoyado sobre tres patas. Entonces, sintiendo un temor creciente, se dio cuenta de que dos extrañas figuras se acercaban a él. La más pequeña, que se parecía mucho al hombrecillo de la publicidad de «Michelin», llevaba un casco redondo, tenía ojos como canicas y un tajo en lugar de boca. La más alta llevaba una especie de uniforme, un cinturón con balas y un casco cúbico. Sus caras parecían idénticas.

                           Ilustración de los humanoides vistos por un hombre de negocios belga.


El ser más alto abrió la boca y el alarmado hombre de negocios sintió una conmoción en la nuca y oyó un sonido modulado. En ese momento, apareció otro coche a lo lejos. Los dos seres se volvieron al unísono y se dirigieron rígida pero ágilmente, haciendo movimientos idénticos y sin que el abundante barro los molestara, hacia su nave donde se reunieron con una tercera criatura similar. Todos entraron en el objeto; las piernas de la máquina desaparecieron, se elevó y se esfumó, justo en el momento en que el otro coche llegaba al lugar.

Si estos informes detallados y diferentes narran casos de proyecciones, ¿cómo las hacen? En un artículo publicado en la Flying Saucer Review en 1980, J. G. Adams consideraba algunos rasgos de otros informes sobre humanoides en los que éstos sólo eran parcialmente visibles y a los que se puede agregar el caso de Oscar Iriart, en Argentina, quien quedó intrigado al ver que los seres que encontró en 1968 tenían únicamente piernas transparentes. El señor Adams hace una lista de seres que han sido vistos «de pie» en el aire, otros que se deslizaban sobre el suelo, los que aparecían rodeados por un halo y los que se desvanecieron o desaparecieron bruscamente. Todos esos fenómenos, dice, son rasgos típicos de los hologramas.

Técnicamente, tenemos la posibilidad de «proyectar en el espacio abierto un objeto que sea visualmente sólido» usando un rayo de luz -especialmente un rayo láser- y una lámina transparente que «contiene la imagen y no tiene por qué ser tan grande como la imagen resultante de la proyección...». Anomalías tales como las imágenes parciales pueden ocurrir cuando el rayo es oscurecido.

Los humanoides observados con tanta frecuencia, ¿serán producidos por una variante de la holografía que tiene la posibilidad de penetrar en la mente humana?

Secuestrados Por Extraterrestres

El 1 de julio de 1965, el granjero Maurice Masse andaba por un viñedo contiguo a uno de sus campos de lavanda en Valensole, Basses Alpes, Francia, cuando vio en el campo un objeto que tenía la forma de un balón de rugby y el tamaño de un coche Dauphine. Cerca había dos seres pequeños (descritos como «del tamaño y la complexión de un niño de ocho años») que estaban cogiendo flores de lavanda. Masse se dirigió hacia ellos sin vacilar, pero fue visto por una de las criaturas que lo apuntó con una «vara»; quedó inmóvil, «paralizado» . Cuando las criaturas volvieron a su nave lo hicieron «subiendo como burbujas por un haz luminoso». El inmovilizado granjero los vio a través de las paredes transparentes de su máquina. Hubo un ruido sordo, las patas de la nave giraron, el objeto flotó, alejándose, y acabó desvaneciéndose a 20 metros de distancia.

Uno de los hombrecillos de M. Masse; les descubrió recogiendo lavanda el 1 de julio de 1965, en Valensole, Francia.


Parece significativo que las características faciales de las criaturas de Valensole fueran similares a las de los seres que participaron en un clásico de E 4: el secuestro de Betty y Barney Hill en New Hampshire en 1961, para un «examen médico» y de los que secuestraron a Antonio Villas Boas en Minas Gerais, Brasil, en 1957, para examinarlo y llevar a cabo experimentos sexuales.

A medida que disponemos de más informes, han empezado a surgir de ellos fascinantes parecidos y pautas de conducta humanoide, incluso en casos en que testigos no conocían las historias de otros contactos en otras partes del mundo.

Y ahora, consideremos un último caso que podría darnos algunas pistas acerca de lo que puede estar sucediendo...

A primera hora del 31 de mayo de 1974 una pareja joven, Peter y Frances, iba en coche desde Salisbury (en lo que entonces era Rhodesia) hacia Durban, en Sudáfrica, por el puente de Beit. Su coche, un Peugeot 404, fue escoltado por un objeto brillante desde cerca de Umvuma hasta las inmediaciones de Fort Victoria. Todas las luces desaparecieron, salvo un extraño resplandor en la parte exterior del coche que, aparentemente, no era controlado por su conductor; hacía mucho frío; la radio siguió transmitiendo un programa de Lourengo Marques mucho después de que su alcance normal hubiese sido sobrepasado. En Fort Victoria, cuando se detuvieron para poner gasolina, el OVNI se elevó y desapareció temporalmente. Reemprendieron la marcha a las 5.30 de la mañana. Ahora los escoltaban dos OVNIs: uno estaba exactamente encima de ellos.

El terreno seco familiar cambió súbitamente y apareció una vegetación tropical y pantanos; el camino se hizo más recto. Peter estaba en un estado semi comatoso; una fuerza ajena a él controlaba el coche. Frances se durmió a las 6.15 de la mañana. Despertó alrededor de las 7, cuando estaban a algo más de un kilómetro del puente Beit. Nuevamente, los OVNIs se elevaron mucho, como si obedecieran a una señal.

Los funcionarios de la frontera rieron cuando vieron a la pareja envuelta en mantas en una estupenda mañana cálida. Cuando cruzaron el puente y fueron a poner gasolina en Sudáfrica descubrieron -atónitos- que el depósito seguía lleno. ¡El coche no había consumido prácticamente nada en un viaje de 280 kilómetros!

Eso era todo lo que recordaban Peter y Frances de su extraño viaje. Pero, seis meses después, inquietos todavía por su extraña experiencia, se pusieron en contacto con el Natal Mercury de Durban, después de leer un artículo que trataba con comprensión de los testigos de un OVNI. Se llamó al investigador Carl van Vlierden quien, suponiendo que habían perdido la noción del tiempo, logró que un médico interrogara a Peter bajo hipnosis. El resultado fue un relato mucho más detallado del extraordinario encuentro.

De acuerdo con éste, cuando dejaron atrás Fort Victoria, el OVNI que estaba encima de ellos envió rayos de luz sobre el coche; usándolos y usando la radio lograron controlarlo. Colocaron pantallas a su alrededor y proyectaron en ellas escenas de vegetación tropical. El coche fue teleportado por encima del camino. Peter sintió lo que iba a ocurrir y luchó mentalmente contra la «invasión». Añadió que él y Frances fueron programados en el interior del coche y que su esposa se durmió a causa de la voz de «ellos» , que hablaba por la radio del coche.

Parece que Frances no es un sujeto capaz de caer en un trance profundo pero Peter sí, y además posee facultades psíquicas. Bajo hipnosis, manifestó que ellos lo habían descubierto en sólo siete segundos.
Más Preguntas Que Respuestas

Un ser bajó por el rayo de luz y se sentó junto a la dormida Frances; podía adoptar cualquier forma que deseara. Peter dijo que entonces le enseñaron el interior del OVNI, por medio del haz que lo unía al coche. También se le comunicaron muchos datos acerca de los extraterrestres, gran número de los cuales viven -según le dijeron- entre nosotros, en la Tierra. Nunca intervienen directamente en nuestros asuntos, pero son los que planean, los que influyen, los que persuaden.

El resto del mensaje es bastante incoherente. En su estado consciente normal, Peter parece un joven sensato y práctico, que no prestaría atención a semejantes tonterías. Pero sigue en pie el hecho de que, hipnotizado, cuenta una extraordinaria historia, según la cual pretende haber sido secuestrado por extraterrestres. ¿Acaso ha sido elegido por alguien, en algún sitio, porque es un sujeto de trance profundo?

Los humanoides, ¿serán simples proyecciones de mentes extraterrestres o son imágenes que ya están en el subconsciente de los testigos y son extraídas y devueltas a él de un modo más impresionante, como sugería C. Maxwell Cade? Quizá los testigos constituyan meros instrumentos...: sus mentes subconscientes crean imágenes increíblemente reales para que sus mentes conscientes las registren como encuentros.

Y, quién sabe, quizás el tan criticado George Adamski era un sujeto de trance profundo, cuya mente había sido manipulada, implantando en ella imágenes fantásticas que él creyó reales. ¿Acaso «ellos» tienen interés en crear mártires ufológicos?

Si alguien, en algún lugar, está programando las mentes de testigos selectos para que las historias que cuentan puedan ser confirmadas y enriquecidas bajo hipnosis, ¿quién es y por qué ha organizado esta manipulación? Quizás estas criaturas desconocidas son, realmente -y usando sus propias palabras- «los que planean, los que influyen, los que persuaden...».

jueves, 20 de mayo de 2010

La Abduccion de Betty Y Barney Hill:Informate de este este caso con todos sus detalles


En Septiembre de 1961 un matrimonio americano afirmó haber sido llevado a bordo de un OVNI y examinado detenidamente por sus ocupantes.

El relato de los hechos conmocionó, cinco años después, a todo el mundo occidental, y pronto comenzaron a salir a la luz casos similares que pusieron de relieve la existencia de una realidad hasta ese momento casi totalmente ignorada. Tras la experiencia del matrimonio Hill la ufología tuvo ante sí una nueva pieza por la que empezar a componer el gran rompecabezas de los OVNIs.

Al terminar la década de los cincuenta la historia moderna de los OVNIs parecía haber alcanzado su clímax.

Los OVNIs ya no eran sólo aquellas luces difuminadas que se limitaban a surcar nuestra atmósfera, ni tampoco los, en general, elusivos extraterrestres de los primeros aterrizajes; por el contrario, nos encontrábamos en la avanzada fase de los «contactados», en lo que J. Allen Hynek denominó Encuentros Cercanos del Tercer Tipo.

En definitiva, los extraterrestres habían entrado ya en contacto –aunque no necesariamente físico– con los terrestres y nosotros, impresionados por esos contactos de quienes considerábamos nuestros hermanos mayores del cosmos, esperábamos de ellos la solución a todos nuestros graves problemas.

Y fue entonces cuando ocurrió algo que cambió todas las expectativas; porque fue entonces cuando se conoció la experiencia del matrimonio Hill, un caso que, por sus características, obligó a Hynek a establecer una nueva y más próxima tipología de contacto. Y los denominó Encuentros Cercanos del Cuarto Tipo. Esto es, las llamadas «abducciones».

El caso Hill es, por tanto, el primer caso conocido de abducción y, con ser el primero, o precisamente por serlo, es también el más y mejor documentado. Y es, además, un caso realmente paradigmático, hasta el punto de que los posteriores casos de abducción parecieran haberlo tomado como modelo.

Veamos, pues, con el relato de la inquietante historia del matrimonio Hill, qué es, en todos sus matices, una abducción.

A Portsmouth Por La U.S.3:

Ocurrió la noche del 19 al 20 de Septiembre de 1961. Barney Hill y su esposa Betty Miller regresaban de Canadá, donde habían pasado unos días de vacaciones. El Chevrolet Bel Air que conducía Barney avanzaba por la zigzagueante U.S.3, la carretera nacional que lleva a Portsmouth, localidad donde los Hill tenían su residencia.

-Antes de las tres de la madrugada habremos llegado -precisó Barney.

La radio del coche, entre ráfagas de música, había advertido de la presencia de un huracán que parecía dirigirse a la zona del Estado de Vermont, donde ellos se encontraban.

-Todo tan solitario..., y ese huracán... -comentó intranquila Betty.

Barney, que intentaba tranquilizarla, añadió:

-Estamos cerca de Colebrook. Allí podremos comer algo.

Fue una colación rápida porque Betty, cada vez más agitada, deseaba llegar lo antes posible a casa.

Cuando al salir del restaurante Betty subió al coche, miró el reloj. Eran la diez y cinco minutos. Quedaban por recorrer 274 kilómetros. Pero la carretera era ahora más recta y permitía una mayor velocidad.

Y Barney, ante el gesto de su esposa, insistió:

-No te preocupes; antes de las tres estamos en casa.

La luna, enorme y brillante, iluminaba la carretera y Barney fue ganando tiempo. En el coche todo era silencio. Delsey, la perrita de los Hill, dormía en el suelo del coche, a los pies de Betty. Y ésta empezaba ya a adormilarse cuando...

-¿Ves esa luz, Barney?

Y Barney, distraído:

-Sí, llevo un rato viéndola. Seguramente es un satélite.

Pero la luz, inicialmente lejana y con una velocidad constante, pareció girar y se fue agrandando.

-Creo que se dirige hacia aquí... -se inquietó Betty.

Y en ese instante, despertando, Delsey inició un gemido medrosa. Detuvieron el auto y, en tanto Betty paseaba a Delsey, Barney enfocó unos prismáticos en dirección a la luz, que mantenía ahora una dirección errática. Finalmente, volvieron al coche. Barney, inconscientemente, aumentó la velocidad. También él empezaba a presentir una extraña amenaza. Una amenaza que se iba materializando porque aquella luz, ahora más cercana, mostraba una figura alargada envuelta en un juego de colores parpadeantes que iban del rojo al naranja y, luego, del verde al azul. Y aquel objeto –un objeto material, sólido, sin parecido alguno con cualquier nave terrestre– se ciñó al coche y lo fue siguiendo.

Era un objeto enorme, amedrantador. Delsey gemía inquieta. Y el objeto, ahora enfrentando el coche, había dejado su juego de luces cambiantes y se mostraba cegadoramente blanco. Betty, que parecía fascinada por la belleza de la luz que desprendía el objeto, gritó a Barney:

-¡Detente! ¡Nunca has visto una cosa así!

Barney llevó el coche a un lado de la carretera y, dejando el motor en marcha, bajó. Enfocó los prismáticos y...

John G. Fuller, a quien debemos casi toda la documentación de este caso, describió ese momento cumbre con estas palabras:

«En tanto Barney miraba a través de los prismáticos, el enorme objeto su diámetro tenía la misma anchura que la distancia entre dos de los postes del teléfono a lo largo de la carretera dio silenciosamente una vuelta completa sobre la carretera, quedando sólo a unos treinta metros de distancia de ellos. La doble hilera de ventanas de aquel objeto era ahora perfectamente visible».

«Barney estaba muy asustado, pero, sin saber por qué, cruzó la carretera, se adentró luego por el campo y avanzó directamente hacia el objeto. Ahora, el enorme disco estaba inclinado en ángulo hacia Barney; dos proyecciones, semejantes a aletas de pez, salían por ambos lados, y tenían luces rojas en los extremos. Las ventanas parecían convexas y se extendían en torno al perímetro del disco grueso y en forma de torta. Seguía sin oírse el menor ruido. Lleno de agitación, pero poseído todavía de un irresistible impulso de acercarse más y más al vehículo, Bamey continuó avanzando por el campo, llegando a sólo quince metros de distancia del objeto, que había descendido hasta la altura de las copas de los árboles. Barney no calculó su tamaño, pero se dijo que era tan grande como un avión de pasajeros de propulsión a chorro, o mayor quizá.»

Betty, al borde de la histeria, gritó a Barney que volviera, pero, prosigue Fuller en su libro El viaje interrumpido (1966):

«Detrás de las ventanas, Barney ve las figuras; por lo menos media docena de seres vivos. Parecían estar apoyados contra las ventanas transparentes, mientras el objeto descendía hacia él. Estaban agrupados, mirándole. Advirtió vagamente que iban de uniforme. Betty, a casi sesenta metros de distancia, le gritaba desde el coche, pero Barney no recuerda haberla oído.»

A partir de ese momento, posado ya el objeto en el suelo, Barney intuyó –lo intuyó con la fuerza de una certeza– que iba a ser raptado. Y sintió terror, pánico. Temblando, arrancó sus pies, que parecían atornillados al suelo, y salió huyendo en dirección al coche. Subió en él y, al tiempo que arrancaba, pidió a Betty que mirara por la ventanilla. El pobre Barney estaba al borde de la histeria y temía ser perseguido por aquel objeto. Betty dijo luego que miró y no vio nada. El objeto, aparentemente, había desaparecido, pero cuando miró hacia arriba todo era oscuridad, no había estrellas y Betty sintió el escalofrío de saber que el objeto estaba sobre ellos. Y, en efecto, el coche empezó a vibrar y Betty y Barney, también Delsey, que se puso a gemir casi histéricamente, oyeron un extraño bip-bip de timbre electrónico. Y ambos comenzaron a sumirse en una cosquilleante somnolencia. A partir de aquel momento, quedaron como cubiertos por una especie de neblina.

Algo más tarde, aunque no supieron decir exactamente cuándo, el bip-bip volvió a sonar y a medida que el segundo bip se iba haciendo más sonoro, los Hill fueron recuperando lentamente la conciencia. Seguían en el coche que Barney conducta a una velocidad normal. «Al principio –dijo Betty– permanecimos en silencio; luego yo pregunté a Barney: "Y ahora, ¿qué ?¿Crees ahora en los platillos volantes?: A lo que Barney repuso: "¡No digas tonterías! ¡Naturalmente que no!»

Y volvió a hacerse el silencio y los Hill tan sólo salieron totalmente de su somnolencia al llegar a la autopista nueva, a la U.S.93. En ella un letrero indicaba que a 17 millas (unos 27 kilómetros) se encontraba la ciudad de Concord. Y fue entonces cuando los Hill se percataron de que habían recorrido cincuenta y seis kilómetros –de Indian Head a Ashland– sumidos en la inconsciencia.

Cuando los Hill llegaron a casa, en Portsmouth, Estado de New Hampshire, estaba ya amaneciendo y, extrañados, miraron la hora, pero sus relojes se habían parado. El de la cocina indicaba las cinco y unos minutos de la madrugada.

Y Barney comentó:

-Parece que hemos llegado un poco más tarde de lo que habíamos previsto.


                            Estos son los retratos-robot realizado por el matrimonio Hill de sus secuestradores.



Los Sueños De Betty

Cuando, ya en casa, los Hill bajaron del coche se habían hecho la promesa de no decir nada a nadie. ¿Quién podía comprender tan extraña aventura? Y no tenían interés ninguno en ser tildados de locos.

-Mejor será que lo olvidemos todo -concluyó Barney.

Pero pronto los hechos empezaron a imponerse. Así, Barney vio asombrado que la parte superior de la punta de sus zapatos –nuevos y relucientes cuando se los puso al iniciar viaje de regreso en Canadá– estaban gastadas, como si alguien las hubiera arrastrado. Y vio también que los bordes de las perneras de sus pantalones, así como los calcetines, estaban llenos de agujas de pino. Betty, por su parte, se sentía sucia, como si algo gelatinoso la hubiera cubierto. De manera que, tras tomar un baño, nerviosa, llamó a su hermana y le contó lo ocurrido. Pensó que esto la aliviaría y tratándose de su hermana no incumplía el pacto de silencio acordado con Barney.

Janet, la hermana de Betty, que creía firmemente en los OVNIs porque estaba convencida de haber visto uno, alertó a Betty indicándole que esa sensación de suciedad podía ser contaminación radiactiva. Y contó cuanto sabía de los posibles campos electromagnéticos irradiados por los OVNIs. Por ejemplo, lo primero que Betty debía hacer era inspeccionar con una brújula el exterior del coche; si la aguja de la brújula se volvía loca en algún punto de la carrocería era que estaba radiactivada.

De manera que Betty, más asustada ahora, pidió a Barney que buscara por los cajones la brújula que un día, ya lejano, compraron. Barney, tras resistirse unos minutos, fue finalmente a por la brújula. Y Betty, casi histérica, recorrió con ella la chapa del coche, ahora húmeda por una ligera lluvia. Y en la parte posterior, de donde habían procedido los bips, Betty vio varias manchas brillantes. Eran unas extrañas manchas perfectamente circulares y del tamaño de un dólar de plata. Y en esos lugares, para asombro y mayor terror de Betty, la aguja de la brújula se agitaba sin control.

Los Hill tenían alquilado el piso alto de su casa, y esos vecinos, alarmados por la agitación de Betty, bajaron a saber qué ocurría. Luego, Betty telefoneó a su hermana y le contó una y otra vez cuanto había ocurrido con la brújula. Evidentemente, resultaba ya imposible mantener el secreto de su extraña aventura y, finalmente, Barney accedió a que Betty –cumpliendo el consejo de Janet– se pusiera en contacto con la cercana base aérea de Pease.

Tras hablar con el comandante de la Base Aérea, Barney, ya más interesado en el suceso, pidió a Betty que hiciera un minucioso relato de cuanto había ocurrido. El haría otro tanto, pero por separado, evitando todo comentario. Y el resultado fueron dos relatos muy similares.

En este punto fue cuando Betty empezó a leer todo cuanto se había escrito en torno a los OVNIs. Y entre los libros que leyó le interesó especialmente El complot contra los platillos volantes del comandante Donald Keyhoe. Este dirigía entonces el NICAP, un centro de investigación del fenómeno OVNI. Y Betty, conociendo la seriedad del NICAP, escribió a Keyhoe contándole su caso. Y en esa carta, por primera vez, Betty revelaba que su marido decía haber visto extraterrestres que le contemplaban desde la nave.

Días después de haber escrito la carta, Betty empezó a tener sueños terriblemente lúcidos. Y todos ellos se referían a los acontecimientos que había vivido en la nacional U.S.3. Eran sueños terribles, llenos de hechos dramáticos. Así, soñó que seres surgidos de la nave la sacaban del coche. Esos hombres, todos ellos iguales y uniformados en el sueño, la llevaban al interior de aquel extraño objeto y allí –en ese punto los sueños pasaban a ser horrible pesadilla– la sometían a unos abominables reconocimientos médicos.

Los sueños se sucedieron y, en parte repitieron, durante cinco días; luego cesaron. Y Betty, que al principio había guardado silencio, finalmente los escribió con todo detalle y se los dio a leer a Barney. Este no pareció dar excesiva importancia a las pesadillas de Betty, pero esos textos adquirieron especial importancia dos años después.

A La Búsqueda De Dos Horas Perdidas

Entretanto, y todavía en el mismo año 1961, exactamente el día 19 de Octubre, Walter Webb, profesor del Planetarium de Hayden, en Boston, recibió una carta de Richard Hall, secretario entonces y posteriormente subdirector del NICAP (National Investigations Committee on Aerial Phenomena, con sede en Washington). Hall, en la carta, pedía a Webb que investigara el caso de los Hill, un caso que consideraba importante. Hall unía a su carta laque Keyhoe había recibido de Betty.

Webb se trasladó a Porstmouth y entrevistó a los Hill durante más de seis horas. Fue un interrogatorio duro, agotador, pero no hubo contradicciones; todo le pareció fidedigno a Webb, porque en su informe a Hall concluía con una afirmación rotunda: «Mí opinión, después de interrogar a esta pareja y de estudiar sus reacciones y caracteres, es que contaban la verdad y que el incidente ocurrió exactamente como ellos me lo contaron».

El informe de Webb, un científico con fama de meticuloso y veraz en sus investigaciones, impresionó a otros dos investigadores: Robert Hohman, escritor especializado en temas científicos, y C. D. Jackson, destacado ingeniero electrónico.

Ambos se interesaban en el tema OVNI, pero sin dar mucho crédito a las tesis extraterrestres. No obstante, la aventura de los Hill les resultó tan interesante que no dudaron en hablar con Keyhoe y, finalmente, convencidos por éste de la importancia del caso, se trasladaron a Portsmouth.

La entrevista de los dos científicos con los Hill tuvo lugar el 25 de Noviembre y en ella estuvo presente el comandante James McDonald, oficial de las Fuerzas Armadas norteamericanas, que era amigo íntimo del matrimonio. Fue una entrevista –como la de Webb– casi policíaca, una entrevista que se prolongó desde el mediodía hasta la medianoche, pero que, con ser tan dilatada como rigurosa, al final toda la atención quedó centrada en aquellas dos horas de retraso en el viaje, algo que hasta entonces había casi pasado desapercibido.

«Súbitamente me sentí como petrificado –comentó más tarde Barney– cuando ante las preguntas de esas dos personas advertí por primera vez que, a la velocidad que suelo conducir, hubiéramos debido llegar a casa por lo menos dos horas antes. Normalmente tardo menos de cuatro horas en venir de Colebrook hasta aquí, y sabemos que aquella noche salimos a las diez y cinco. Eso, aún contando con la parada que hicimos en la carretera y teniendo en cuenta que nunca estuvimos parados más de cinco minutos.»

«Aquella tarde –escribió Fuller en su libro El viaje interrumpido– a los ojos del grupo reunido en el cuarto de estar de los Hill, esas dos horas se convirtieron en un misterio importante. Los Hill intentaron resolverlo, pero lo cierto es que les fue imposible explicar qué habían hecho durante ese tiempo; tampoco recordaban lo ocurrido durante los cincuenta y seis kilómetros que hay entre Indian Head y Ahsland. Ahora se sentían más perplejos y confusos que nunca.»

Y fue McDonald quien, entonces, aconsejó a sus amigos, los Hill, que recurrieran a la hipnosis. «En cierto modo –argumentó el comandante McDonald– habéis sufrido un trauma violento, parecido al del soldado que no puede hacer frente a la batalla, circunstancia que suele producir amnesia temporal y que, muchas veces, ha sido tratada con éxito mediante hipnosis médica.»

Hohman y Jackson se mostraron de acuerdo con McDonald. Y llegaron a más: ante la necesidad de un hipnólogo de confianza, se ofrecieron a ser ellos quienes lo buscaran.

La Enfermedad De Barney

Pero Hohman y Jackson no acababan de encontrar el hipnólogo adecuado y así fueron pasando los meses. Ya en Febrero de 1962 Betty y Barney iniciaron una serie de viajes al lugar del incidente. Fueron meses de peregrinaje. Al principio iban dos o tres veces al mes e inspeccionaban el lugar de los hechos, intentaban recordar... Pero el éxito fue casi nulo y posteriormente fueron espaciando los viajes.

Como era de esperar, los Hill iban siendo víctimas de la creciente tensión que en ellos generaba el incidente. Tenían una historia inacabada que no podían dejar a un lado; no podían ya limitarse a olvidar. Así, ambos fueron generando un estado de angustia que, a Barney, le provocó una hipertensión y serios trastornos estomacales que degeneraron en úlcera de duodeno. Empezaron a salirle también una serie de verrugas en la zona de la ingle, que formaban un círculo casi perfecto. Todo esto llevó a Barney a la consulta de un médico, el doctor Patrick J. Quirke. Pero éste, aun conociendo el incidente que los Hill habían vivido en Indian Head, recomendó dejar para más adelante las sesiones de hipnosis regresiva que Barney le pedía.

Pero Barney no mejoraba; por el contrario, su tensión era más alta, cosa que esta vez él atribuyó a su trabajo nocturno y ala ausencia de sus hijos, que vivían ahora en Filadelfia. El mismo doctor Quirke le recomendó que visitara a un psiquiatra amigo –Duncan Stephens– que vivía cerca de Portsmouth. Y así lo hizo Barney en el verano de 1962. Pero esta vez Barney nada dijo del incidente de Indian Head; se limitó a narrar sus problemas emocionales y sociales.

De manera que el doctor Stephens dirigió su atención a los conflictos que en su niñez y juventud había tenido que vivir Barney debido al color negro de su piel. Y también a los que había generado el que hubiera tomado a una blanca por esposa. Y cuando, meses después de esa terapia, Barney le habló del incidente de Indian Head, que le seguía atormentando, el doctor Stephens lo consideró secundario, algo casi anecdótico dentro de la terapia.

En el verano de 1963, un año después de haber iniciado el tratamiento de Barney, el doctor Stephens dio a éste un descanso, considerando que había recuperado casi totalmente su equilibrio emocional. Y, en efecto, Barney se encontraba mejor. También Betty, a la que los sueños no atormentaban ya. Pero ambos seguían opinando que algo oscuro permanecía agazapado, pronto a saltar, en lo más íntimo de su ser y que quizás todo hubiera ido mejor si Stephens no se hubiera negado también, como el doctor Quirke, a someterles a unas sesiones de hipnosis.

La Hipnosis Regresiva

Entretanto, los avistamientos de objetos volantes no identificados se seguían produciendo, de forma creciente en la zona de Portsmouth. Por esta razón, ya en Septiembre, los feligreses compañeros de los Hill invitaron a Barney a que explicara en la iglesia cuanto les había ocurrido en Indian Head.

En la reunión de la parroquia, junto a Barney, había sido también invitado a hablar el capitán Ben Sweet, de la cercana Base Aérea de Pease, hombre conocido en el Estado por sus estudios hipnóticos.

El capitán Sweet se interesó vivamente en la historia de los Hill y, por sus conocimientos en hipnosis, consideró que era preciso utilizarla para descubrir qué había ocurrido en esas dos horas de amnesia que tanto atormentaban a Betty y a Barney.

Movido por el capitán Sweet y por la, ahora, mayor insistencia de Barney, el doctor Stephens aceptó finalmente esas sesiones de hipnosis; pero, aún así, aconsejó a Barney que consultara antes al doctor Benjamin Simon, conocido psiquiatra y neurólogo de Boston, especialmente famoso por sus estudios y prácticas de hipnosis durante la Segunda Guerra Mundial.

Y así, el 14 de Diciembre de 1963, los Hill iniciaron sus consultas con el doctor Simon. Y con esa consulta inicial, ese día, surgía una nueva era en la explicación y en el tratamiento en los contactos entre terrestres y posibles seres del espacio.

Durante un tiempo el doctor Simon fue recogiendo todo el material de vigilia que los Hill pudieron transmitirle; les fue preparando también para el trance hipnótico con sesiones que comportaban órdenes post-hipnóticas y, finalmente, el 22 de Febrero de 1964, inició las auténticas sesiones de hipnosis regresiva. Sesiones a las que semanalmente fue sometiendo a Betty y a Barney. Fueron, en total, seis duros meses de sesiones y en los primeros meses tanto Betty como Barney tuvieron que vivir el desasosiego de no saber qué decían en las sesiones, porque el doctor Simon les daba la orden de no recordar. Y esto a fin de que uno no influyera en el otro relatándose cuanto iban diciendo hipnotizados en torno a lo acaecido en Indian Head.

Sólo semanas antes de terminar las sesiones el doctor Simon dejó escuchar a los Hill las cintas que había grabado en las sesiones de hipnosis regresiva. Y esto para completar lagunas con hechos recordados o con hechos que la hipnosis había hecho aflorar al consciente.

Imposible dar a conocer aquí, en el papel, con toda su fuerza emotiva, los estados anímicos vividos por los Hill en sus momentos de abreacción hipnótica: lloros angustiados, alaridos, terribles jadeos... Porque una hipnosis regresiva no es un espectáculo de feria, es un vómito de la conciencia. El vómito de todo aquello que mantenemos oculto, enterrado en el cementerio de nuestro subconsciente. Todo cuanto nos daña y aterroriza y hemos inhumado pero... que todavía sigue vivo, actuando, persiguiéndonos desde ese más allá que se encuentra debajo de toda losa funeraria.

Me limito, por tanto, a narrar los hechos que, bajo hipnosis, dijeron haber vivido Betty y Barney. Y añado sólo que antes de escuchar las cintas grabadas, cuando todavía desconocían el contenido de las sesiones, el material de uno y otro coincidían en lo sustancial. No parece, pues, que hubiera transferencia entre ellos; pero, en todo caso, he aquí lo que uno y otro dijeron que había ocurrido en esas dos horas de su viaje de la que nada recordaban.



El Rapto:

Bajo hipnosis, Barney volvió mentalmente al lugar y al tiempo que marcaban la frontera de cuanto recordaba. Volvió, por tanto, a Indian Head y al momento en que temblaba ante la mirada fija que adivinaba en el extraterrestre que se encontraba en la nave. Y entonces, bajo hipnosis, volvió a estremecerse:

-¡Hay un hombre ahí dentro! Es... es... ¿es el capitán? ¿Qué es? Me... me está mirando.

Y Barney contó entonces la forma extraña en que el hombre le miraba. Sentía la impresión de que quería decirle algo.

-Me dice algo así como que no tenga miedo, que siga donde estoy.

Pero Barney, en hipnosis, se vio corriendo, huyendo de aquella mirada que le aterrorizaba

-Subí al coche y salí a toda velocidad. Pero no estoy en la carretera principal. Creo que el sonido... esos bip-bip me han llevado hacia el bosque

Y allí, en el bosque, ante el coche que se había detenido, que no podía volver a poner en marcha, se encontraba un grupo de aquellos extraños seres.

Betty, por su parte, sin conocer el relato de Barney, repitió la misma historia en casi todos sus detalles. Y, corroborando futuras hipnosis de Barney, añadió que aquellos seres se lanzaron hacia ellos. Ella intentó huir, pero fuera, junto a la ventanilla del coche, impidiéndole el paso, estaba uno de ellos.

Y uno y otro, Betty y Barney, narrando idénticas vivencias, fueron explicando que les sacaron del coche. A Barney, que parecía dormido, le llevaban arrastrando, sujetándole por los brazos; de ahí las rozaduras en las partes altas de las puntas de sus zapatos

-Le grito a Barney -dijo Betty-, le digo que despierte, pero no me hace caso. Y, entonces, el hombre que va a mi lado me dice: «¡Ah!¿De modo que se llama Barney». Y fue entonces cuando miré a aquel hombre y me dije que a él aquello no le concernía, pero no le dirigí la palabra. Entonces, seguimos andando y yo intenté despertar a Barney otra vez. Repito una y otra vez: «¡Barney, Barney, despierta!». Pero él no se despierta. Y el mismo hombre me dice otra vez: «¿Se llama Barney?» Y yo seguí sin responderle. Y él me dijo: «No tenga miedo, no tiene usted motivo alguno para asustarse, no les haremos el menor daño. Sólo queremos hacer ciertos experimentos. Y cuando los experimentos terminen les llevaremos a usted y a Barney al coche y les dejaremos en él».

A la pregunta del doctor Simon sobre si aquel ser hablabla inglés Betty afirmó que sí, que uno de ellos hablaba inglés; un inglés extraño, como el de un extranjero.

Y narró luego que la llevaron a una rampa, por la que subió a la nave. Quienes llevaban a Barney, que parecía seguir inconsciente, entraron tras ella, pero se dirigieron a otro lugar; le llevaron pasillo adelante. Y, ante la inquietud de Betty, el que hablaba inglés le dijo que no temiera, que les separaban porque sólo tenían aparatos para una persona en cada habitación.

Barney, por su parte, recordó ese momento con la sensación de que se encontraba extremadamente débil:

-Tengo miedo de abrir los ojos. Me han dicho que los mantenga cerrados. No debo abrirlos. Me da miedo... me van a operar.

-¿Operar? ¿Porqué piensa que le quieren operar? –preguntó el doctor Simon.

-He abierto los ojos y veo una sala de operaciones. Estoy tumbado. Tengo miedo y vuelvo a cerrar los ojos... y siento frío en la ingle..., como si... y ahora me están poniendo algo en un oído. Siendo niño también el médico me puso algo en ese oído. Pero no siento dolor.

-¿Le están operando?

-No. Siento que me examinan, me tocan... el cuerpo, la boca... Y yo abro los ojos, me han dicho que no los abra y pienso que no los voy a abrir, que así todo irá mejor...

Al tiempo, en la otra habitación, también Betty estaba siendo sometida a examen: tomaron muestras –simples partículas– de su piel, le examinaron ojos, boca, dientes, garganta, oídos..., recogieron serosidades, así como le cortaron también algunos cabellos, que guardaron.

-¡Y me dice que me quite el vestido, me dice que me quite el vestido!

Betty, a la que desnudaron, fue llevada a un taburete, donde la inspeccionaron exhaustivamente con agujas que, explicó, estaban conectadas a una pantalla. Y ellos le dijeron que la estaban estudiando el sistema nervioso.

-¡Y ahora dice que quiere pincharme el ombligo! Que no es más que un experimento. Y me echo a llorar y le digo: «Me duele, me duele, ¡sáquela, sáquela!». Y el jefe, el que parece mandar, me tapa los ojos con la mano y me dice que todo irá bien, que no sentiré nada. Y el dolor desaparece, pero todavía me escuece donde me pincharon con la aguja...

A una pregunta del doctor Simon, Betty respondió que no la agredieron sexualmente:

-No. No lo hicieron. Y yo le pregunté al jefe: «¿Porqué ?¿Porqué me metieron la aguja por el ombligo?». Y él me dijo que era para comprobar si estaba embarazada.



El Mapa Celeste:

Cuando el médico se fue, Betty se quedó a solas con el jefe:

-Yo le estaba agradecida porque me había quitado el dolor y porque él no me producía ningún miedo... Y le dije que aquello había sido una experiencia para mí. Que nadie me creería jamás si lo contaba... Y que yo lo que necesitaba era una prueba de que todo aquello había ocurrido de verdad. Y el jefe se echó a reír y me preguntó qué clase de prueba quería. Qué me gustaría llevarme. Y le dije: Algo que pudiera llevarme y enseñar a la gente porque, entonces, me creerían. Y me dijo que mirara y viera si encontraba algo de mi gusto. Y miré... No había muchas cosas en aquel cuarto... Pero vi un libro en el armario. Un libro bastante grueso. Entonces, cogí el libro y le dije: ¿puedo llevarme esto? Y él me dijo que hojease el libro, y yo lo hice. Tenía páginas y estaban escritas. Pero la escritura era completamente distinta de todas las que conozco. Parecía casi como... no sé... la escritura no cruzaba la página, iba de arriba a abajo...

Betty, luego, dijo haber preguntado al extraterrestre –para ella no cabía duda ya que aquel ser no era terrestre– de dónde venía. Y él le mostró un mapa:

-Y había muchos puntos en él; estaban esparcidos por toda su superficie. Algunos eran pequeños como punzadas de alfiler. Y otros eran del tamaño de una moneda pequeña. Y había líneas, había líneas en algunos de los puntos. Eran líneas curvas que unían un punto con otro. Y había un gran círculo y muchas líneas que salían de él. Muchas líneas iban a otro círculo situado muy cerca, pero no tan grande. Y estas líneas eran gruesas. Y yo le pregunté qué querían decir y él me dijo que las líneas gruesas eran rutas comerciales y, luego, las otras líneas eran rutas hacia lugares adonde iban de cuando en cuando. Y me dijo también que las líneas de puntos seguidos eran rutas de expediciones...

Pero el interlocutor de Betty –el extraterrestre al que ella llamaba jefe– no le dijo cuál de aquellos puntos era su planeta, ni cuál era la Tierra. Pero esto a Betty no le importó demasiado, le importaba más seguir reteniendo el libro. Sólo que...

-Estamos otra vez en el pasillo. Barney está detrás de mí y tiene los ojos cerrados; y un hombre a cada lado. Y cuando yo ya empiezo a bajar la rampa, varios de los hombres, no el jefe, sino algunos de los otros, se ponen a hablar. No sé lo que están diciendo pero parecen muy excitados. Y entonces el jefe se me acerca y me quita el libro...

Betty dijo haberse puesto furiosa. Aquel libro era su prueba.

-Y él me dijo: «Si, ya sé. Y precisamente porque es una prueba los otros no quieren. Quieren que olviden lo que ha ocurrido, que lo olviden por completo».

Finalmente, los extraterrestres acompañaron a Betty y a Barney al coche. Barney seguía con los ojos cerrados y, también esta vez, se apoyaba en dos de sus raptores.



El Mapa Estelar De Marjorie Fish

En el consultorio del doctor Simon, Betty Hill, bajo sugestión post-hipnótica, dibujó el mapa celeste que le mostró (según ella) el jefe de los visitantes del espacio que la raptaron. Y fueron muchos –aficionados unos y profesionales otros– quienes intentaron encontrar sentido a ese mapa que no era sino –como puede verse en la reproducción que damos– simples puntos y líneas. Naturalmente, todos fracasaron. El mapa –dijeron– no tenía sentido.

No obstante, una institutriz de Ohio, Marjorie Fish, pensó que sí, que el mapa podía tener sentido, pero para ello era preciso estudiarlo desde un punto de vista distinto del que hasta entonces se había utilizado. Porque ella entendía que ese mapa debía verse desde la perspectiva del planeta de origen de quienes lo utilizaban, no desde la perspectiva de nuestro sistema solar. Y convencida de que este postulado era cierto, construyó una armadura tridimensional de la que fue colgando pequeñas esferas que simulaban soles. Y durante años las fue cambiando de lugar, buscando la perspectiva que le diera una disposición estelar igual a la del mapa dibujado por Betty. Un trabajo realmente arduo a pesar de que Marjorie Fish limitó su investigación a un radio de 50 años luz concentro en el Sol, lo que limitaba a 250 las estrellas a tener en cuenta.

Y Marjorie, finalmente, encontró una configuración muy similar a la que había dibujado Betty. Y la encontró porque se le ocurrió eliminar todas aquellas estrellas que por sus características no podían albergar en su sistema formas de vida análogas a las nuestras. Esto limitó la investigación a doce cuerpos celestes y el mapa que obtuvo fue el que reproducimos. Un mapa que desvelaba el lugar de procedencia de los alienígenas de los Hill. Ese lugar era Zeta 1 y Zeta 2 de la Constelación Retícula, una pequeña constelación visible únicamente desde el hemisferio sur.

Es de destacar que esas dos estrellas –Zeta 1 y Zeta 2– están situadas a 37 años luz de nuestro Sol y una y otra se encuentran separadas por una distancia de 0,05 años luz, una distancia lo suficientemente próxima como para aceptar que una civilización tecnológicamente más avanzada que la nuestra pudiera recorrerla frecuentemente con fines comerciales.

¿Era, pues, el mapa celeste de Marjorie Fish el que Betty dijo que le había mostrado el jefe de los seres del espacio que la raptaron? Entre otros, el físico nuclear Stanton T. Friedman estaba tan convencido de ello que pidió para Marjorie los 50.000 dólares que el semanario norteamericano The National Enquirer ofreció a quien aportase pruebas del origen extraterrestre de los OVNIS.

No obstante, posteriormente, el astrónomo Charles W. Atterberg, de Elgin, Illinois, elaboró un mapa que también se ajustaba al esquema estelar dibujado por Betty, sólo que utilizó para ello estrellas distintas a las que había encontrado Marjorie.

Y en fecha más reciente Carl Sagan y Steven Soter, dos nombres prestigiosos, utilizaron ordenadores para analizar el trazo de las doce estrellas seleccionadas por Marjorie y su conclusión ha sido descalificadora. Porque han mostrado que «si tenemos la intención de encontrar una correlación entre los dos mapas –el de Betty y el de Marjorie– seleccionando a su voluntad elementos de cada uno e ignorando otros, siempre tendremos éxito.

La Opinión Del Doctor Simon

Esta historia, que recoge las dos horas de amnesia de los Hill, fue luego matizada por ambos cuando escucharon las cintas. Así, Betty dijo no estar segura de que le hablaran en inglés, sino que lo oía en inglés. De todas formas, no hubo contradicciones, sólo precisiones. Y el doctor Simon, tras terminar las sesiones y, con ellas, el tratamiento, afirmó: «Ni la señora ni el señor Hill son enfermos mentales. Ambos, tanto bajo hipnosis como conscientes, han dicho lo que realmente creen que ha ocurrido. Pero, ¿ha ocurrido? ¿Es cierto lo que cuentan? Imposible saberlo, aunque pienso que puede haber cierta base inicial de realidad».

A fin de cuentas, lo que más le interesaba al doctor Simon era resolver las dolencias de los Hill y esto lo consiguió en gran medida. Pero no pudo evitar que al conocerse el contenido de las cintas con la narración en hipnosis de los acontecimientos supuesta o realmente vividos por los Hill, las personas que aseguraban haber sufrido abducciones empezaran a multiplicarse.

«Desde comienzos de la primavera de 1965 –escribió Fuller en 1966– ha ido aumentando constantemente el número de informes –procedentes de informaciones competentes– sobre apariciones de objetos volantes no identificados, muchos de los cuales parecen ser vehículos cuya estructura es muy parecida a la que describieron los Hill. Se trata, con frecuencia, de policías, oficiales militares, técnicos y hombres de ciencia y, desde comienzos de 1966, ha podido observarse que los hombres de ciencia han convertido su anterior escepticismo en interés y curiosidad. Algunos hombres de ciencia dicen, incluso, que si el fenómeno es puramente psicológico, el problema se vuelve aún más importante que si estos objetos fueran, realmente, vehículos de origen extraterrestre».

En efecto, el fenómeno OVNI es -en nuestros días se acepta ya plenamente que es- el más importante enigma a escala planetaria. Y no se trata ya, por tanto, de si hay o no hay OVNIs, sino de si los OVNIs son o no son físicos. Barney ha fallecido, pero Betty no sólo sigue creyendo que fue raptada por seres reales, tangibles, sino que está dedicando su vida a propagar esa creencia. Su leitmotiv es: «Yo fui raptada por extraterrestres». Pero, ¿lo fue?.

El Compromiso De Betty Hill

Años después de la experiencia que Betty Hill tuvo con su marido a bordo de un OVNI y justo algún tiempo después de la muerte de Barney, ésta decide lanzarse en una espectacular cruzada para defender públicamente la existencia de los OVNIS y el hecho que éstos son –sin género de dudas– naves extraterrestres tripuladas.

Su posición hacia el fenómeno fue madurándose durante años, e incluso pronto sumó a su experiencia original nuevos avistamientos y hasta lo que parecían ser nuevos intentos (esta vez en forma de voces en la cabeza, premoniciones, etc.) de comunicación con los extraterrestres que en 1961 la examinaron a bordo de su nave espacial.

Con toda seguridad, la experiencia de abducción que sufrió fue sólo el punto de partida de toda una compleja serie de fenómenos «paranormales» que comenzaron –desde ese momento– a producirse a su alrededor. Ruidos extraños en la casa (raps en el argot parapsicológico), o incluso el encontrarse un buen día, no mucho tiempo después de la abducción, con un montón de hojas de árboles apiladas sobre la mesa de la cocina y con los pendientes que perdió en el lugar del secuestro colocados encima, son algunas muestras de ese «despertar» de lo extraño que comenzaron a vivir los Hill.

Junto a estos nuevos relatos, Betty mostraba curiosas imágenes de luces de colores obtenidas de noche, y que mostraban que esta «protoabducida» había continuado con sus experiencias ufológicas después de su abducción. Betty llegó a confesar al investigador Allan Hendry –muy vinculado al notable investigador ufológico J. Allen Hynek– que durante sus salidas al campo por la noche, con el evidente propósito de volver a ver OVNIs, había llegado a observar en una sola jornada el paso de entre cincuenta y cien de estos objetos en un área «especial» de New Hampshire.

 En una entrevista que concedió hace años, Betty narraba así los resultados de una de sus salidas nocturnas: «Un determinado tipo de OVNI viene prácticamente cada noche –asegura–. Durante el invierno de 1976-1977, cuando los veía a menudo, vi algo bastante espectacular: una especie de disco aplanado con luces de colores muy brillantes. Una noche en Enero de 1977 aterrizó y expulsó doce luces blancas muy grandes alrededor de su contorno. Debajo de ellas había dos faros blancos. Estuve aquella noche acompañada por un militar retirado y su esposa.

Cuando él vio el OVNI, salió fuera del coche y comenzó a caminar hacia él. De repente una gran masa arremolinada se disparo del objeto: parecía como una bola roja rodando una y otra vez y dirigiéndose directamente hacia él. Salté y traté de filmar esto con mi cámara. Pero entonces –y sé que esto parece increíble– una luz verde cayó sobre mi cámara y quemó el interruptor y el circuito, así que mi cámara no funcionó. Cuando el oficial vio esta bola roja yendo hacia él, se volvió y corrió hacia el coche. La bola roja se detuvo, rodó hacia atrás en dirección a la nave, y desapareció».


Betty Hill En Los Años 90

Betty vio desde la palestra pública el «boom» de las abducciones que desató en Estados Unidos a raíz de la publicación de los libros Comunión (1987), de Whitley Strieber, e Intrusos (1987) de Budd Hopkins. Participó en numerosos programas de televisión, conferencias y mesas redondas para, por fin –y ante la sorpresa de propios y extraños–, dar por concluida su «misión pública» el 2 de Octubre de 1991, durante el transcurso de una aparición pública que hizo en Portsmouth, a no muchos kilómetros de donde tuvo lugar su experiencia con los extraterrestres y ya desde esa época su ciudad de residencia habitual.

 En esa charla declaró que después de dedicarse durante más de treinta años a hablar sobre los OVNIs y dedicar una buena parte de su tiempo a estudiarlos y tratar de comprender su comportamiento, se merecía ya un descanso y apartarse del tema que la convirtió a mediados de los años sesenta en una celebridad mundial. Paradójicamente, entre sus reflexiones finales nos encontramos con que ella no cambiaría su experiencia por ninguna otra, ni se arrepiente del hecho de haberla vivido, aunque siga considerando el conjunto de su vivencia como algo «terrible». El contacto, sin duda, cambió radicalmente su vida, y su compromiso –tal vez consciente, tal vez no– con esos visitantes parece haber sido el dar testimonio de su propia experiencia. ¿Se podría concebir un plan de conciencia pública más efectivo sobre la cuestión extraterrestre que el hecho de que miles de personas declaren haber visto seres de otros planetas de cerca? ¿Es ésa la misión de los abducidos? ¿Fue ésa –finalmente– la misión de Betty Hill?.


Informe Número 100-1-61

Cuando Betty Hill telefoneó a la Base Aérea de Pease a fin de informar de su experiencia, se puso al teléfono el comandante Paul W. Henderson, quien fue recogiendo los datos que ella le daba. El mismo comandante volvió a ponerse en contacto al día siguiente con los Hill, a quienes pidió nuevos datos. Y con todo ese material elaboró un informe (su número oficial es el 100-1-61) cuyos puntos más importantes reproducimos por tratarse de un texto totalmente objetivo en su redacción.

A. Descripción Del Objeto:

1. Franja continua de luces, con forma de cigarro puro inalterable, a pesar de los cambios de dirección.

2. Tamaño: cuando lo vieron por primera vez les pareció que era del tamaño de una moneda de cinco centavos a un brazo de distancia. Más tarde, cuando parecía estar a unos treinta y cinco metros de altura sobre el coche, les pareció del tamaño de un plato sopero a un brazo de distancia.

3. Color: el único color que pudieron distinguir fue el de la franja de luces. Su intensidad era comparable a un filamento de lámpara incandescente.

4. Número de objetos volantes no identificados: uno.

5. Formación: ninguna.

6. Detalles de interés: durante el periodo de observación –véase apartado número uno– las alas parecieron emerger del cuerpo del objeto. Al parecer tenían forma de V y luces rojas en los extremos.

7. Sonido: ninguno, excepto el mencionado en el apartado D.

B. Descripción De La Trayectoria Del Objeto:

1. Fue visto por primera vez a través del parabrisas del coche. El tamaño y luminosidad del objeto eran superiores a las de las estrellas visibles en aquel momento.

2. Ángulo de elevación al ser visto por primera vez: unos cuarenta y cinco grados.

3. Ángulo de elevación al desaparecer. no fue observado.

4. Línea de vuelo y maniobras: véase apartado D.

5. Duración de la observación: aproximadamente treinta minutos.

C. Cómo Fue Observado:

1. Desde el suelo, visualmente.

2. Con gemelos, en algunos momentos.

3. La primera observación tuvo lugar desde el interior del coche, tanto en marcha como parado. El objeto fue observado también desde fuera del coche.

D. Situación y Detalles:

Aquí el informe precisa el sonido de los bip-bip, que compara al de un diapasón. Pero entre los restantes detalles que aquí se recogen no se encuentra la afirmación de Barney indicando haber visto figuras humanas dentro de la nave.

El informe termina diciendo: «Resulta imposible precisar hasta qué punto son fidedignos los observadores, y aunque su veracidad y seriedad parecen suficientes, no podemos garantizarlas por ahora».



Las Conclusiones De Fuller

En su libro El viaje interrumpido, John G. Fuller, tras un largo razonamiento, llegó a las siguientes conclusiones generales:

1. Tuvo lugar una aparición.

2. El objeto aparecido debió haber sido un vehículo volante.

3. La aparición produjo en los Hill una fuerte impresión emocional.

4. La angustia y el temor producidos en Barney por su susceptibilidad racial sirvieron para hacer más violenta aún su reacción.

5. Los Hill no tenían ningún motivo ulterior para inventar tal historia. Durante cuatro años sólo se la contaron a un grupo reducido de gente.

6. El caso fue investigado por varias personas, gente técnica y científica, que cree en la posibilidad de que haya sucedido de verdad.

7. Existen ciertas pruebas circunstanciales directas –manchas circulares en el coche, que se pararan los relojes, etc.– que apoyan la validez de la experiencia.

8. En estado hipnótico, y tratados por un psiquiatra conocido, los Hill contaron historias casi idénticas de lo que había sucedido durante su periodo amnésico.

Fuller, a pesar de esas conclusiones, terminó no obstante su razonamiento con la sentencia de que el caso Hill «no tiene una solución definitiva».

ABDUCCIONES: El increible Caso De Próspera Muñoz


Probablemente los hechos tuvieron lugar en el verano de 1947. Aquel año –donde las noticias de platillos volantes empezaban a asomar tímidamente en las páginas de periódicos de todo el mundo– en una casa de campo situada en las inmediaciones del pueblecito murciano de Jumilla (España).

Próspera y Ana, dos niñas de 7 y 11 años respectivamente, ven cómo un objeto discoidal se sitúa, a plena luz del día, en las inmediaciones de une de las ventanas de la casa. De él salen dos seres de entre 1,40 y 1,20 metros de altura, vestidos con trajes blancos ajustadísimos, de cara muy delgada, complexión débil y enormes ojos alargados hacia los laterales, que acaban entrando en la casa y entablando una conversación –bastante anodina, por cierto– con las niñas.

A partir de ese momento Ana, la mayor de las dos hermanas, no recuerda prácticamente nada. «Tengo la impresión –afirma en una carta fechada en Febrero de 1986 y dirigida al Investigador José Ruesga– como si en aquellos momentos tuviese veinticuatro o cuarenta y ocho horas en blanco. No sé sise marchó el objeto o si se quedó. Por más que mi hermana intenta que recuerde, no recuerdo nada más». Afortunadamente para nosotros.

Próspera ha ido rescatando de su memoria aquellos hechos, rememorándolos con mucha nitidez. Aquellos visitantes, tras pedir un vaso de agua –que nunca llegaron a tomar– e interesarse por las fases de la Luna que aparecían marcadas en un calendario de pared, volvieron a desaparecer, tras asegurar a ambas niñas que regresarían pronto a por una de ellas. Desde su partida, una serie de insólitos acontecimientos rodearon la vida de la familia Muñoz durante los días siguientes: la puerta de la despensa se bloquea, los alimentos se pudren en su interior con inusitada rapidez, como afectados por algún tipo de radiación y los extraños seres acaben reapareciendo al cuarto día llevándose a Próspera a bordo de un OVNI estacionado, en plena noche, sobre un gran campo de olivos.

Una vez dentro le enseñan, a través de una especie de gran «pantalla de cine», escenas cotidianas de Próspera y su familia tal y como –al parecer– fueron recogidas por los tripulantes de aquel OVNI días atrás. Como sucede en tantos otros casos de abducción, a Próspera la tumban sobre una camilla y realizan sobre ella una serie de análisis médicos que concluyen con una especie de operación quirúrgica en la que le es insertado una especie de «microcápsula» en la base del cuello... Y después, más de tres décadas de silencio.

Detalle de un implante extraído del cuerpo de una persona supuestamente abducida. En ocasiones es común en personas abducidas, poder detectar pequeños implantes en distintas zonas de su cuerpo como la nuca, ombligo o detrás de las orejas. Estos pequeños artefactos podrían servir para llevar un control y seguimiento de la persona.




Memoria Perdida

Durante su estancia en la nave, uno de aquellos seres con los que sostuvo cierta comunicación, le advirtió que no recordaría nada de aquella visita hasta que transcurrieran, al menos, treinta años. Y así fue. Pasado ese tiempo, Próspera comenzó a recordar imágenes sueltas de su experiencia en el OVNI, que pudo durar alrededor de tres o cuatro horas. En un principio creyó que se trataba de retazos de alguna película que pudo haber visto durante su infancia, pero sus recuerdos se fueron intensificando y su hermana –cuando tuvo la oportunidad de contrastar con ella esas extrañas memorias, en 1980– le confirmó hasta donde pudo, la existencia real de la visita de dos entidades no conocidas a su casa de campo de Jumilla.

Además hay que sumar a esta singular vivencia el hecho de que los visitantes que interrumpieron la apacible vida de Próspera en 1947, volvieron a aparecer años después en la propia Jumilla, en la playa de San Juan (Alicante) y en Gerona, mostrando –en todas estas nuevas visitas– un vivo interés por el estado de la testigo y preocupándose por su condición física. Tanto Próspera como los investigadores que más de cerca han llevado el caso –como es el caso de Antonio Ribera, que dio buena cuenta del caso en su obra En el Túnel del Tiempo (1984)– ignoran el porqué de esas nuevas visitas, que se produjeron incluso dentro del casco urbano de las ciudades mencionadas, aunque reconocen que no son infrecuentes en la casuística mundial sobre abducciones esta clase de reencuentros.

La experiencia de Próspera cambió radicalmente su vida. Desde entonces –ha confesado en numerosas ocasiones– no se sintió una niña normal y adquirió una visión de la realidad que difícilmente podría tener una niña de su edad. Ese cambio ha orientado su vida, y –hoy por hoy– sólo espera reencontrararse con una extraña mujer que conoció años después durante su estancia en un campamento femenino, que no sólo parecía estar al corriente de la existencia de los seres del OVNI, sino que le predijo numerosos acontecimientos futuros y le aseguró que regresaría años después para hablar en profundidad de todas esas vivencias. La espera, en este caso, continúa y nos advierte que el caso de Próspera Muñoz no está, en absoluto, cerrado.


Próspera Muñoz junto al investigador y ufólogo canario Paco Padrón.



Evolución, No Mutación

«Hasta ahora, las opiniones de los que afirmábamos haber sufrido una experiencia de abducción –relata Próspera Muñoz– nunca habían sido tenidas en cuenta. Los investigadores se limitaban a preguntarnos por los detalles del caso y precipitarse a sacar conclusiones e interpretaciones de los hechos. Cierto es que algunos respetaban nuestros relatos y las sensaciones que, mejor o peor, intentábamos transmitirles, pero otros han escrito sólo de oídas, prejuzgándonos y achacándonos posturas, las más de las veces, irracionales.»

«Por ello, me dispongo a escribir con el ánimo de aclarar y desmitificar lo que se ha dado en llamar «el despertar de la conciencia», que aparentemente se suele dar en todos los testigos de encuentros cercanos con OVNIs.»

«Empezaré por mí misma. Se me ha preguntado en infinidad de ocasiones cómo ha cambiado mi vida a raíz de mi experiencia de abducción, y siempre me he visto en la obligación de aclarar que la palabra cambio no es la más adecuada para describir mi propia transformación interna. Cambiar significa «mudar o alterar, dando la impresión de que el proceso es algo instantáneo, cuando no creo que sea nunca así. La personalidad del testigo de un encuentro cercano no se altera de un día para otro por el solo hecho de su vivencia OVNI. Por ello creo que, en estos casos al menos, encajaría mejor la palabra evolución, ya que da una idea, más acertada, de cambio lento, progresivo y constante.»

«Resulta difícil expresar con palabras todas las etapas por las que he ido pasando en mi evolución particular. Mis dudas, mis búsquedas, descubrimientos, situaciones conflictivas o mis encuentros con gentes de todo tipo han influido drásticamente en mi forma de ser con el paso de los años.»

«Sin duda la etapa más difícil de asumir fue la primera. Cuando comencé a recordar mis experiencias OVNI de la infancia, me costó mucho entender los «porqués» de todo aquello que se presentaba en mi memoria como algo indudablemente real. El primer paso, por tanto, fue pedir ayuda para entenderlo que me pasaba. Acabé encontrando a Antonio Ribera i Jordá, del que me constaba su seriedad y buen hacer en el campo de la investigación OVNI. Gracias a él supe que había más gente en el mundo que decía haber tenido encuentros de las mismas características que el mío, descubriendo –de golpe– que no estaba sola en esta situación.»

«En 1983, de la mano de Antonio Ribera, asistí a un congreso ufológico en Ciudad Real y a una nueva conferencia sobre OVNIs en Madrid, en 1985. A raíz de ofrecer mi testimonio públicamente en esos foros, diversos investigadores se fueron acercando a mí, al tiempo que lo hacían otros curiosos e interesados en el tema OVNI. Fueron ellos los que me ayudaron en mi búsqueda, enriqueciendo mi vida y dándome puntos de apoyo para comprender lo que me pasó hacia 1947.»

«Fui, de esta forma, poniéndome al día de otras corrientes dentro de la ufología que ofrecían supuestos mensajes recibidos de entes ligados a los OVNIs. Mensajes que han generado pueriles ideas de «elegidos», catastrofismos y mesianismos sin sentido. Y es por ello que, tras conocer toda esa información, no tuve otro remedio que sublevarme y tratar de devolverles a "ellos" su dignidad.»

«Después de todos estos años creo que lo único que pretenden estas entidades es estimular la evolución del ser humano por la vía de la creatividad. De hecho, muchos investigadores creen también que se nos está estimulando «desde fuera» para incrementar nuestro aprendizaje. Y les doy toda la razón.»

De Los Contactados A Las Abducciones

Durante décadas sólo la ufología europea hacía claras distinciones entre los casos de contacto y los de abducción. En los primeros, los testigos describían sus relaciones –por lo general continuadas y llenas de experiencias complementarias– como entidades extraterrestres que deseaban transmitir a la Humanidad alguna clase de mensaje a través de su interlocutor en la Tierra, en este caso el propio contactado. Por contra, las abducciones presentaban el aspecto más dramático del rompecabezas OVNI, y mostraban episodios en los que el sujeto era introducido, aun en contra de su voluntad, al interior del OVNI para ser examinado a conciencia y ser reintegrado a la sociedad con un lapso importante de «tiempo perdido». A ojos de cualquier hábil observador del escenario OVNI ambos fenómenos parecían ser las dos caras de una misma moneda.

Sin embargo, lo que hasta hace poco tiempo los investigadores eran capaces de clasificar en diferentes archivos, en los últimos años se ha convertido en un ejercicio harto difícil. Contactados como Sixto Paz reconocen ahora haber sido sometidos a operaciones quirúrgicas similares a las vividas por los abducidos. Presentan ya extrañas cicatrices sobre sus cuerpos, atribuibles a esas intervenciones e incluso aseguran haber sido objeto de «implantes» por parte de sus contactadores. Por contra, los abducidos comienzan a confesar extrañas «misiones» recibidas de los extraterrestres, cosa que –hasta hace pocos años– parecía ser sólo del dominio de los contactados.

Es el caso, por ejemplo, de Betty Andreasson (de nombre real Betty Ann Luca) quien dedujo de sus vivencias que había sido abducida para informar a todo el mundo de la existencia real de los extraterrestres. Lo que comenzó como un episodio de abducción ha ido tomando matices contactistas a medida que los «guardianes» o los «extraños» –como indistintamente llama Betty a sus visitantes– iban reapareciendo una y otra vez. Es también el caso de los famosos visitantes de dormitorio, que reaparecen una y otra vez en la alcoba del testigo, llegándose a establecer cierto vínculo de «a mistad», si es que podemos denominarlo así, entre testigo y visitante.

En definitiva, la ufología está perdiendo progresivamente sus formas puras, haciendo que –como afirman John Spencer y Hilary Evans en un estudio comparativo entre abducidos y contactados– «el factor crucial de los informes es que cada caso es único. Esto en sí mismo –continúan– es razón para sospechar que el fenómeno "externo" tiene un significado "interno" específico para el testigo individual». Es decir, que a pesar de que pueda haber un fenómeno externo en los casos de abducción y de contacto que pueda ser idéntico, es el testigo el que al narrar su caso tergiversa la objetividad de su experiencia transformándose indistintamente en «contactado» o «abducido».

Lo cierto es que los ufólogos más brillantes comienzan a sospechar que ambos calificativos son sólo etiquetas para un mismo fenómeno, y que no hacen sino complicar las cosas y ralentizar un análisis más clarificador de la problemática OVNI.



Un Siglo De Abducciones

Desde que el Dr. Simon «construyó» la abducción del matrimonio Hill, han sido centenares las personas que afirman haber vivido episodios de secuestros por extraterrestres.

Cierto es que existen casos aparentemente anteriores a 1961. Sin embargo, el episodio de los Hill fue fuente de inspiración de ufólogos y testigos que, tras conocer dicho caso, «recordaron» sus respectivos raptos.

En el libro escrito por Antonio Ribera Secuestrados por los OVNIs, se parte de un centenar de casos como muestreo válido para enfrentarse al fenómeno abducción, resultando que ya ese mismo término es sumamente tendencioso. Abducción, sinónimo jurídico de rapto o secuestro, ha sido asimilado por los ufólogos que definen tal concepto como la experiencia habida en el interior de un OVNI por parte de una persona capturada por agresivos alienígenas. Sin embargo, lo cierto es que la agresividad de los supuestos captores sólo aparece de forma manifiesta en un 25 por ciento de los casos. En los restantes los testigos describen una actitud de aséptica indiferencia, cuando no marcadamente amistosa.

Tanto es así que en muchas ocasiones la experiencia no se limita a un solo episodio de rapto, sino que el abducido protagonizará otras experiencias OVNI posteriores. Así, al menos un 25 por ciento de los «secuestrados» afirmaron haber tenido posteriores encuentros OVNI, y de ellos no menos de un 15 por ciento terminarían recibiendo «mensajes» y pasarían a engrosar las filas de los «contactados». Algunos casos tan célebres como el de Charles Hickson, o la mismísima Betty Hill, serían ejemplos significativos.

A esta evolución de «la abducción al contacto» ayuda el hecho de que el arquetipo «extraterrestre bueno=guapo» y «extraterrestre malo=feo», puede aparecer en estos casos entremezclada. Más de un 12 por ciento de los abducidos describen tripulantes de diferente tipología durante sus supuestas experiencias en el interior de los OVNIs. Y si bien es cierto que existen relatos donde los captores agresivos son tripulantes altos y rubios (tipo adamskiano) y los «hermanos cósmicos» transmisores de mensajes son pequeños humanoides macrocéfalos, no es menos cierto que estos casos son la excepción de la regla. Así, cuando en el interior de la supuesta nave, el testigo ve humanoides macrocéfalos, junto con seres altos y de aspecto nórdico, no ha de extrañarnos que, tras haber asumido los supuestos ETs apuestos el papel benigno, el abducido protagoniza posteriores episodios de contacto post-rapto. Esta especie de «síndrome de Estocolmo cósmico» transforma al secuestrado en una suerte de «Patty Hearst ufológico» al comenzar a sentirse como un afortunado «escogido» entre el grueso de los mortales, sufriendo en casi todos los casos un «cambio de conciencia», o a lo menos una transformación en su forma de ver la vida. Por ello la abducción y el contacto no son sino la cara y cruz de una misma moneda.

Pese a todo esto, la mayor parte de los ufólogos continúan asimilando el concepto de abducción a rapto violento, manipulando un poco tendenciosamente el mismo, y pretendiendo, como siempre, hacer el fenómeno OVNI «a su imagen y semejanza».

No es de extrañar por tanto que, frente a la postura que asumen los procontactistas de asimilar a los ETs como los «nuevos ángeles», estos investigadores vean en los mismos ETs a los «nuevos demonios».

Sin embargo, el mito del rapto está presente en todas las culturas desde tiempos inmemoriales. Desde los aquelarres de las brujas, hasta la Santa Compaña gallega, pasando por el Magonia de las Hadas, los Zobop haitianos, los «vuelos chamánicos» o el arrebato de Elías, en todas las culturas se recoge tradicionalmente algún tipo de rapto de los mortales por parte de otras entidades.

Sin embargo, identificar tales episodios, de forma literal, con las actuales abducciones, es sumamente delicado, ya que cada tradición surge en un contexto cultural, cronológico y social determinado, utilizando unos arquetipos que varían con los años. Por eso los íncubos y súbcubos medievales no son iguales a los actuales «visitantes de dormitorio», aunque quizás estén hechos de la misma esencia.

Pese a la infinidad de «pruebas» que presentan los abducidos para demostrar objetivamente sus subjetivas experiencias (fotos o filmaciones de las naves o incluso de sus captores; huellas sobre el terreno del aterrizaje; grabaciones magnetofónicas; supuestos implantes alienígenas; otros testigos o evidencias de la presencia OVNI; etc.) sólo los abducidos pueden comprender el inenarrable sentimiento de la experiencia en el interior de los OVNIs. Y, como siempre, sólo el testigo nos permitirá comprender la naturaleza y origen de su experiencia personal, mantiene una estrechísima relación con su mente, receptora y adaptadora de toda percepción sensorial o no sensorial.

Abducciones Alienigenas: Misterio sin resolver¡¡¡¡¡¡¡¡¡


Relatos procedentes de los más remotos rincones del planeta nos advierten de una escalofriante realidad: desde los albores de la Humanidad miles de personas han sido arrebatadas de su hábitats naturales por lo que parecen ser entidades extraterrestres.

A bordo de sus súper-máquinas han sido concienzudamente examinados, para al poco tiempo ser devueltos al lugar donde fueron capturados, con la memoria del dramático incidente prácticamente borrada. Desde ese momento, las vidas de estas personas

La evidencia no deja lugar a dudas. Centenares –tal vez miles– de semejantes nuestros han sido secuestrados por presuntos «extraterrestres», para ser llevados a bordo de sus supernaves y ser sometidos allí a una compleja manipulación psíquica y física, con fines que desconocemos hasta ahora. Según los investigadores norteamericanos John Schuessler –ingeniero de la NASA– y Richard Niemtzow –exobiólogo– contamos con al menos ciento treinta casos de secuestros conocidos. Ambos investigadores tomaron esos episodios para tratar de encontrar patrones de comportamiento comunes en semejantes relatos, y hallaron una amplia gama de coincidencias verdaderamente asombrosas, que nos obligan a creer en la realidad objetiva de tales hechos.

El proyecto VISIT, nombre que recibió el trabajo llevado a cabo por Schuessler y Niemtzow, realizó asimismo un retrato robot del tipo de entidades más frecuentemente reportadas en los sucesos (de apariencia humanoide, con una estatura media de 1,20 metros, cabeza desproporcionadamente voluminosa, ojos muy grandes y prolongados lateralmente, piel grisácea, boca y nariz apenas esbozadas y brazos muy largos), y trazó las líneas maestras que se encuentran en todo relato fidedigno de «secuestro OVNI».

Por su parte, el folklorista Thomas E. Bullard consiguió demostrar en un monumental estudio que realizó sobre trescientos nueve casos de este tipo, que estos episodios siguen un orden tan sorprendente como revelador, y en el que destacan ocho episodios clave. A saber: captura, examen, deliberación, excursión, viaje a otros mundos, teofanía, regreso y consecuencias. Si bien todos los elementos no aparecen en todos los casos, sí hay un 84 por ciento de situaciones en los que el orden se cumple matemáticamente.

Estamos, pues, hablando de abducciones.

¿Qué Significa El Término Abducción?

A esta clase de extraños incidentes vinculados a la fenomenología OVNI los ufólogos los denominamos «abducciones». Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, este término significa, en el contexto jurídico, «rapto por persuación o violencia». A él le siguen cuatro acepciones más que corresponden a la Filología y la Lógica, la Milicia y la Zoología, que aquí no nos interesan. De hecho, los ufólogos han adoptado esta palabra a su terminología teniendo sólo en cuenta la primera definición, pudiéndose precisar que en Ufología, «una abducción es el supuesto secuestro de uno o varios seres humanos por presuntos extraterrestres».

Obsérvese que aquí se emplea la misma terminología prudente y aséptica que en España utiliza, por ejemplo, la prensa diaria y el Ministerio del Interior para referirse a los secuestros practicados por bandas terroristas. Todo el mundo es «presunto» y «supuesto», mientras no se demuestre lo contrario. Se parte, siempre, de la presunción de los hechos.



Las «Leyes Del Misterio»

Desde ahora, emplearemos el término abducción únicamente en su sentido ufológico. Después de más de cuarenta años de investigaciones sobre el particular, estamos en condiciones de afirmar que conocemos aproximadamente un millar de casos de abducción en todo el mundo, destacando por su mayor incidencia las zonas geográficas de América del Norte y del Sur. Aunque presumimos igualmente que este número es sólo «la punta del iceberg», ateniéndonos a las características intrínsecas del fenómeno que nos ocupa, y que a continuación detallamos.

En primer lugar, está la amnesia –o «tiempo perdido» en el argot que popularizó al principio de la década de los ochenta el investigador neoyorquino Budd Hopkins– del sujeto o sujetos abducidos. Esta amnesia casi siempre impide a los protagonistas recordar el meollo del incidente y hasta ahora sólo hemos podido vencerla con el uso de técnicas de regresión hipnótica, mediante las cuales se somete al abducido a un estado de hiperrelajación en el que las imágenes que la memoria consciente se resiste a recordar afloran progresivamente.

 Es muy posible que el abducido recuerde el principio del episodio: por ejemplo, una luz muy fuerte que le cierra el paso mientras viaja de noche en su automóvil; una estrella que cae del cielo y se posa en un prado cercano, donde se resuelve en un «platillo volante», un súbito paro de todos los sistemas eléctricos del automóvil, un tiempo perdido, unas horas en las que el sujeto no sabe dónde ha estado, etc. Si algunos de estos particulares llega a oídos de un investigador y éste propone una hipnosis al sujeto –que éste acepta– es muy probable que entonces podamos recuperar un caso más para los anales del fenómeno abducción.

Mediante la regresión hipnótica, distinguidos profesionales como el psiquiatra norteamericano Dr. Leo Sprinkle, el psiquiatra de la misma nacionalidad Dr. Berthold Schwarzy el hipnólogo e ingeniero, también estadounidense, Dr. James Harder, han conseguido obtener relatos de varios centenares de abducciones. Este último investigador llegó a estudiar ciento cuatro casos, de los cuales el 39 por ciento eran varones y un 16 por ciento se trataba de niños acompañados de adultos. El 50 por ciento eran parados o trabajadores no especializados, un 10 por ciento oficinistas y alrededor de un 5 por ciento estudiantes universitarios. Lo que en líneas generales «implica un nivel ocupacional o educativo relativamente elevado».

Hay algo que sorprende de entrada en estos testimonios, y es su enorme coherencia, así como el parecido que todos presentan entre si. Hasta tal punto es así porque, según explica el estudioso británico John Rimmeren su obra The Evidence for Alien Abductions (1984), basándose solamente en relatos bien documentados ha podido construir un «modelo» de abducción, según el cual las personas abducidas (pertenecientes a ambos sexos, aunque con preponderancia del masculino) son seres humanos sanos, normales y no interesados particularmente por el problema OVNI. Más adelante examinaremos con mayor detalle y detenimiento sus características físicas y mentales.

Continuando con el «modelo» de abducción, ésta suele producirse de noche, en una carretera comarcal, por ejemplo (el impacto del fenómeno sobre automovilistas es muy elevado). Tras ver una luz potentísima o, en el mejor de los casos, el «platillo», el candidato a abducido ve acercarse al automóvil unos seres pequeños, macrocéfalos (de gran cabeza) que, tras anular su voluntad lo llevan a bordo de una «nave», donde el testigo observa una luz uniforme que no parece surgir de ninguna parte, y una «cámara de mando» con consolas, sillas a veces de conformación muy particular e «imposible» (terminadas en punta «por abajo»), en las que se sientan unos humanoides idénticos a los que le han secuestrado, que manipulan botones luminosos, palancas y diales.

También se observa la presencia de pantallas, que suelen ser comparadas con nuestros monitores de televisión por el abducido. No tardará mucho nuestro sujeto en ser pasado a una cámara contigua, de aspecto clínico, con paredes blancas y una «mesa de operaciones», semejantes a las de los quirófanos, en el centro del habitáculo.

Una vez allí, el abducido es despojado de sus ropas, y se le somete a lo que parece ser un «reconocimiento médico». Este es llevado a cabo por los propios humanoides, aunque no son pocos los casos en que las tareas clínicas son llevadas a término por entidades que parecen estar en un plan de dependencia de otras, generalmente más altas y más «humanas», que aplican diversos aparatos al abducido, le toman muestras de sangre, a veces de semen, de cabellos, de piel, etc., y si se trata de una mujer, le hacen lo que parece ser un «reconocimiento ginecológico», introduciéndole por el ombligo una larga aguja, como en el caso de Betty Hill, admirablemente descrito por John G. Fuller en su obra El Viaje Interrumpido (1966). Por cierto que hoy en día hay algunos ginecólogos que se muestran sorprendidos al ver reflejado en este célebre caso de 1961 una técnica de ovaroscopia no puesta en marcha hasta fechas muy recientes y que, por tanto, no existía en la época en que el matrimonio Hill vivió su experiencia.

Este examen físico se complementa a veces con la «implantación» de «algo» (¿un microaparato?) en la nunca o bajo el cuero cabelludo del abducido. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos empleados en tratar de localizar estos implantes, muy pocos casos han acabado arrojando alguna clase de «prueba». Sin ir mas lejos, el 25 de Septiembre de 1986 la revista norteamericana Nature publicaba una inquietante carta firmada por siete miembros del Departamento de Genética del Hospital Wiston Churchill, de Oxford, en la que pedían ayuda para identificar un misterioso objeto que habían detectado en unos rutinarios análisis cromosómicos de un paciente. El objeto parecía manufacturado, y presentaba la apariencia de un crucigrama, con cuadros negros y blancos. Hasta hoy ninguno de los intentos de aclarar el enigma han resultado válidos, y el «implante» sigue desafiando a la opinión médica.

El norteamericano William Hermann, según explica en UFO Contact from Reticulum (1981), abducido varias veces por enanos macrocéfalos, denomina a la cámara donde tienen lugar todas estas maniobras clínicas «cámaras de inculcación». Y creemos que se trata de un nombre muy apropiado, pues sospechamos que el objetivo final de las abducciones de seres humanos es precisamente ése: la «inculcación» de unas órdenes que ni la hipnosis posterior más profunda puede desvelar. En efecto: cuando se llega en la regresión hipnótica a este punto, el corazón del abducido se acelera, llegando a alcanzar hasta 120 pulsaciones y obligando a suspender la experiencia para no poner en peligro su vida. Este fenómeno se pudo constatar, entre otros casos, durante la hipnosis del abducido español Julio F., que fue llevado a bordo de un OVNI en las proximidades de Medinaceli (Soria) en 1978. El investigador y psicólogo Germán de Argumosa, presente en las sesiones de hipnosis regresiva, señaló que si fuese un fraude, hubiera resultado imposible provocar tal aceleración cardiaca.



Retrato Robot Del Abducido

La gama o espectro de los abducidos es muy estrecha, hasta el punto de que casi se puede realizar su retrato robot o identikit. Se trata generalmente de hombres o mujeres jóvenes (no mayores de 35 años), sanos de cuerpo y espíritu, de un coeficiente intelectual superior al normal de la población, sin el menor rasgo psicopatológico, buenos y sencillos. No necesariamente tienen que ser personas muy cultas. Abundan entre ellos las personas pertenecientes a profesiones no intelectuales: campesinos, camioneros, agentes del orden, amas de casa, etc. Muchos de ellos nunca mostraron el más mínimo interés sobre el fenómeno OVNI, y sin conocimientos sobre el mismo (y mucho menos sobre algo tan particular y concreto como son las abducciones).

No conocemos un solo caso de abducción de un científico, un militar de alta graduación, un sacerdote de cualquier religión, o un político. Dijérase que a los raptores les interesa únicamente el hombre químicamente puro, el hombre no condicionado, las mentes vírgenes o abiertas; no cargadas de conocimientos inútiles ni esclerosadas. ¿Para escribir en ellas como en una pizarra? Tal vez.

Existe un caso particular en los hitos abduccionistas de este fenómeno, que ilustra maravillosamente el hecho de que sólo les interesan sujetos jóvenes. Fue publicado en la revista Flying Saucer Review en Diciembre de 1983 por el investigador Ornar Fowler, y sitúa los hechos de la siguiente manera: un caballero de setenta y siete años, que una mañana temprano estaba pescando con caña cerca de Aldershot (Gran Bretaña) a orillas de un canal, fue invitado a subir a bordo de un «disco volante» por los dos ocupantes del mismo. Se trataba de dos humanoides de gran cabeza, del tipo comúnmente reportado, vestidos con un ajustado «mono de vuelo» plateado. Cuando el anciano caballero –que aceptó encantado la invitación– se encontró a bordo de la nave, los dos humanoides parecieron conferenciar, y uno de ellos, volviéndose hacia el abducido, le comunicó telepáticamente que se habían equivocado de objetivo, por culpa de la difusa luz del amanecer, tomándolo por una persona más joven. «Usted es demasiado viejo y no nos sirve».

Este es un case in point que demuestra perfectamente que los ocupantes de los OVNIs sólo están interesados en miembros jóvenes y sanos de nuestra propia especie. Pero, ¿a qué se debe? ¿A qué propósito obedece semejante selección?

Durante todos estos años de investigación del fenómeno, psiquiatras y psicólogos mal informados, que no conocen en absoluto este aspecto de la fenomenología OVNI, tienden a considerar como psicópatas a los sujetos que afirman haber sido abducidos. Así lo hace, por ejemplo, el psiquiatra español Dr. Antonio F. Bueno Ortega, al enjuiciar el caso de Próspera Muñoz, un ama de casa afincada en Gerona, y que fue abducida cuando sólo contaba siete años de edad en Jumilla (Murcia), recordando los hechos treinta años después, sin necesidad de hipnosis. Citando del libro de texto en el que aprendió la carrera, y tras ofrecer al lector una «lección magistral», dice el Dr. Bueno Ortega en su análisis publicado por la excelente revista Cuadernos de Ufología que Próspera Muñoz sufre un «Delirio Sistematizado Transitorio», corriendo «el serio peligro de ser una esquizofrénica».

La Experiencia Clamar-Hynek

Es natural que el buen doctor llegue a estas conclusiones si se conoce y se estudia un solo caso de abducción, aislado de la casuística general y de las constantes que reinan en la misma, lo más natural para un psiquiatra freudiano es considerar delirante al sujeto que hace tales aseveraciones. Pero la cosa cambia si se examina el caso dentro del contexto general de un fenómeno repetido cientos de veces en todo el mundo, y protagonizado por personas que no se conocen entre sí, en épocas y países distintos. Cuando Próspera Muñoz se dirigió al investigador Antonio Ribera en 1981 para exponerme su caso, le ofreció una serie de detalles y constantes que conocía por figurar en otros casos de abducción, pero que ella no podía conocer puesto que en ninguna publicación española de las que estaba a su alcance se habían publicado dichos casos. La mayoría de ellos sólo habían aparecido en revistas especializadas inglesas, francesas o norteamericanas.

Por suerte, la comunidad psiquiátrica está cambiando sus posturas ante el fenómeno abducción. Desde 1989 existe en EE.UU. un centro coordinado por la doctora Rima E. Laibow, llamado TREAT (siglas de Tratamiento e Investigación de los Traumas Anómalos Vividos) que ha decidido pasar a la acción, diagnosticando y tratando las secuelas psicomentales que deja un caso de estas características, sin querer adentrarse en el origen extraterrestre del fenómeno, ya que cuando lo intentaron, la comunidad ufológica en pleno se levantó ante lo que creía era una «intromisión» en su territorio, por parte de las mentes aprioristas de estos especialistas clínicos. No obstante, la incursión de expertos en cuestiones mentales dentro del mundo de las abducciones cuenta con notables precedentes, como es el experimentado de la doctora Aphrodite Clamar.

Con la asistencia de Ted Bloecher y Budd Hopkins, y gracias a una subvención de la Fund for UFO Research (FUFOR), se realizó el más revelador test jamás realizado a sujetos abducidos. El Dr. J. Allen Hynek –director del Center for UFO Studies– expuso los resultados de dicha prueba en un artículo memorable en la revista International UFO Reporter, que tituló Los abducidos son gente «normal» (1984). Resumido, el experimento consistió en lo siguiente: que un doctor en psicología sometiese a la panoplia de test ordinarios de los exámenes psicométricos (Rorschach, TAT, Wechsler, etc.) a unos sujetos presuntamente abducidos, pero sin que el psicólogo que efectuaba el test conociese este particularísimo detalle. Es posible, en este caso, que la psicóloga Dra. Slater que hizo los tests pensase que se trataba de hacer una evaluación sobre la personalidad psíquica y emocional de aquellas personas, acaso seleccionadas para ocupar puestos de responsabilidad en una empresa. Envió luego los resultados de estos tests a la Dra. Clamar, para que ésta hiciese una evaluación final.

El número de sujetos escogidos para esta prueba fue de nueve. Los cinco hombres y las cuatro mujeres escogidos eran jóvenes, con grados universitarios; cuatro eran solteros, cuatro divorciados y uno casado. Y cada uno de ellos había sufrido, al parecer, una abducción a bordo de un OVNI. Tenían «tiempo perdido» y habían experimentado en sus carnes un contacto, seguido de un detallado examen médico por parte de «extraterrestres».

Los resultados del test fueron sorprendentes. Escribe la Dra. Clamar en su informe final: «Uno de los aspectos positivos de este grupo es su inteligencia superior a la media De acuerdo con la escala de inteligencia Wechsler para adultos, uno de los sujetos posee un IQ (Coeficiente Intelectual) del tipo Muy Superior, y cinco de ellos presentaban un IQ comprendido en la gama del Promedio Brillante. Sólo tres de los nueve se hallan comprendidos en el tipo medio, aunque todos se encuentran en la parte más alta de este tipo».

Se trata, además, sigue diciendo la Dra. Clamar, de sujetos con una vida interior relativamente rica y –esto es muy interesante– dominados por una actitud que les hace estar constantemente alerta. Y concluye: «Hay poco que los una como grupo en lo que se refiere a las manifestaciones abiertas de sus personalidades... (son) muy distintos, inusuales e interesantes en cuanto sujetos».