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miércoles, 16 de junio de 2010

El Enigma de Tunguska


En la mañana del 30 de junio de 1908 una gran bola de fuego asoló la región siberiana de Tunguska, el cual fue un acontecimiento tan excepcional que suscitó una controversia que todavía prosigue.

Las explicaciones al respecto entran en el reino de lo extraño, incluida la notable hipótesis según la cual el fenómeno fue causado nada menos que por un aterrizaje de emergencia de una nave espacial movida por energía nuclear, tal vez de origen extraterrestre.


Recreación de la que pudo pasar en Tunguska.

Las explicaciones al respecto entran en el reino de lo extraño, incluida la notable hipótesis según la cual el fenómeno fue causado nada menos que por un aterrizaje de emergencia de una nave espacial movida por energía nuclear, tal vez de origen extraterrestre.

La zona en la que cayó el objeto, en el valle del río Tunguska Pedregoso, estaba escasamente poblada por los tunguses, pueblo nómada de origen mongol dedicado al pastoreo de renos. Cerca del centro de la explosión, al norte de Vanavara, varios tunguses fueron lanzados al aire por la explosión, y sus tiendas fueron arrebatadas por un viento violentísimo. A su alrededor, el bosque empezó a arder.

Cuando los asombrados tunguses inspeccionaron cautelosamente el lugar de la explosión, encontraron escenas de terrible devastación. En un circulo de 30 kilómetros, los árboles habían sido derribados como cerillas de madera y el calor intenso producido por la explosión había fundido objetos metálicos, destruido almacenes y reducido varios renos a cenizas.

No quedaba en aquella zona ningún animal vivo, pero, milagrosamente, ningún ser humano murió a consecuencias del desastre. Se dijo también que había caído en aquellos lugares una misteriosa "lluvia negra". Los efectos de la explosión de Tunguska fueron vistos y sentidos en un radio de más de mil kilómetros, incluso se dice que en el resplandor de la explosión se pudo observar desde la ciudad de Londres.


Fotografía aérea de la zona. Los árboles caídos indican el sentido de la onda expansiva.


Informes procedentes del distrito de Kansk, a 600 kilómetros del punto en que se produjo el estallido, describieron sucesos tales como barqueros precipitados al agua y caballos derribados por la onda expansiva, mientras las casas temblaban y los objetos de loza se rompían en sus estantes. El conductor del Transiberiano detuvo su tren temiendo un descarrilamiento, al notar que vibraban los vagones y los rieles.

Otros efectos fueron percibidos en lugares muy distantes del globo, pero su causa permaneció ignorada durante largo tiempo, ya que la noticia de la bola de fuego y de su explosión no llegó a oídos del gran público hasta pasados varios años. En toda Europa se registraron ondas sísmicas parecidas a las de un terremoto, así como diversos trastornos en el campo magnético terrestre. Más tarde, los meteorólogos hallaron en los registros de sus microbarógrafos que las ondas atmosféricas producidas por la detonación habían dado dos veces la vuelta a la Tierra.

En gran parte de Europa y Asia occidental la noche quedó extrañamente iluminada después de la caída de la bola. Informes procedentes de estos lugares hablan de noches cien veces más luminosas de lo normal, y de unas tonalidades carmesíes en el cielo, semejantes al resplandor de un incendio, hacia el norte. Estas extrañas luces no titilaban ni formaban arcos, como ocurre con las auroras boreales; eran semejantes a las que se produjeron tras la explosión del volcán Krakatoa, que inyectó inmensas nubes de polvo en la atmósfera.

Detalle de cómo quedaron los árboles después de la gran explosión.


Cuando tuvo lugar el fenómeno de Tunguska, en Rusia se iniciaba un periodo de grandes inquietudes políticas, y la prensa nacional no dio ningún relieve a lo que se consideró como un hecho sin importancia en un lugar remoto del imperio. A pesar de la naturaleza excepcional del suceso de Tunguska, las noticias sobre el mismo permanecieron enterradas en las redacciones de los diarios locales siberianos hasta 13 años después, cuando recibió noticias de lo sucedido el minerólogo soviético Leonid Kulik. Después de contemplar la zona de la explosión desde un risco, Kulik escribió:

"Desde nuestro punto de observación no se ven señales de bosque, ya que todo ha sido devastado e incendiado, y alrededor del borde de esta zona muerta la joven vegetación forestal de los últimos veinte años ha avanzado impetuosamente, en busca de luz solar y de vida. Se experimenta una extraña sensación al contemplar estos árboles gigantescos, de 50 a 75 centímetros de diámetro, quebrados como si fuesen ramitas, y sus copas proyectadas a muchos metros de distancia en dirección sur".

Según la teoría más popular, un cometa se asemeja a una especie de bola de nieve formada por gas y polvo helados. Los cometas antiguos pierden el gas hasta convertirse simplemente en unas "bolsas" de rocas de baja densidad. Semejante objeto bien puede convertirse en una bola ardiente a causa de la fricción que experimenta al penetrar a gran velocidad en la atmósfera terrestre, hasta disgregarse mediante una explosión cuando la fuerza de esta acción de frenado supera su propia cohesión.

Foto actual de la zona de Tunguska. Incluso a día de hoy se aprecian los efectos producidos hace más de 90 años.


La explosión en pleno aire de este objeto explicaría la ausencia de cráter y de fragmentos meteóricos en Tunguska. Sin embargo, los críticos de la teoría del cometa argumentan que, antes de la explosión de Tunguska, nadie había detectado cometa alguno en el firmamento.

Hubo incluso rumores de radiaciones mortíferas en el lugar. Uno de los personajes del cuento de Alexander Kazantsev habla de un hombre que, poco después de examinar la zona devastada de Tunguska, murió entre terribles dolores, como si lo consumiera un fuego invisible. "Sólo podía tratarse de radiactividad", explica el personaje de la obra.

En realidad, no existe ningún informe según el cual alguien muriese a consecuencia de la explosión de Tunguska, pero los tunguses explicaron que los renos de aquella zona presentaron costras en su piel, cosa que ciertos escritores modernos, como Baxter, han atribuido a quemaduras causadas por radiación.

lunes, 10 de mayo de 2010

¿Todavia no crees en los FANTASMAS?


Algunos investigadores del tema, más de acuerdo con la época, han manifestado que los fantasmas son producto del subconsciente y que sólo los ven con la imaginación ciertas personas. Pero, si esto fuera cierto, ¿qué explicación podría darse a tantos casos increíbles?.

¿Regresan Las Almas De Los Difuntos?

¿Cómo explicar la presencia de un espíritu, que viene a informar acerca de algo que el testigo desconocía, es decir, que no estaba contenido en su subconsciente? Los antiguos tenían en gran respeto a estas apariciones y es por esta razón que han llegado hasta nosotros tantos testimonios valiosos.

Uno de los episodios con espíritus más antiguo es el que vivió el poeta griego Simónides (556-467 a.C.). Iba a emprender un viaje por mar. Daba la víspera un paseo por la playa cuando encontró un cadáver abandonado en la playa. Abrió un hoyo y le dio sepultura. Aquella misma noche se presentó ante él el alma del difunto y le aconsejó no embarcar. El poeta siguió el consejo y salvó la vida, puesto que el barco naufragó y murió hasta el último pasajero.

Otro caso extraño es el de Cicerón cuatro siglos más tarde. Decía que dos viajeros procedentes de Arcadia llegaron a Megara para pasar la noche. Uno encontró alojamiento en casa de un amigo, mientras el otro se acomodaba en una posada.

El primero acababa de cenar cuando le pareció ver la figura de su compañero pidiendo ayuda. Decía que el posadero iba a asesinarlo. Una hora más tarde regresó la figura, pero esta vez para decir que era ya muerto y que el posadero se había quedado con su bolsa. Su cuerpo estaba oculto en una carreta, bajo una capa de estiercol. Debía aclarar la verdad, porque el posadero tenía la intención de llevar el cuerpo lejos de la ciudad para enterrarlo. El hombre escéptico fue a ver, finalmente, al posadero. Lo encontró en la carreta, dispuesto a irse. Le gritó que quería ver el cuerpo que había escondido en la carreta. El posadero huyó al verse descubierto.

Otra historia de aparecidos que hizo las delicias de los romanos que vivieron en el siglo I de nuestra era sería dada a conocer por Plinio el Joven (32-113). El filósofo Atenágoras compró una casa que, según se decía, estaba embrujada. Le pareció que la vendían a muy buen precio y se fue a vivir en ella. No tardó en conocer a su habitante nocturno. Mientras trabajaba una noche a la luz de una vela escuchó ruido de cadenas que se aproximaban al cuarto donde se encontraba. Abandonó el filósofo la tarea para ver quién lo interrumpía y descubrió a un anciano en harapos, con expresión de loco, quien le hizo un gesto para que lo siguiese. Tuvo que insistir el aparecido varias veces antes de que Atenágoras lo acompañase hasta un patio interior, donde se desvaneció en el aire.

La mañana siguiente contrató el filósofo a un hombre para que abriese un hoyo en aquel lugar. Apareció un esqueleto cubierto de cadenas. Las autoridades llegaron a la casa y, después de opinar que se trataba del anterior dueño de la casa, quien había desaparecido años antes, se llevaron los huesos para darles sepultura. El fantasma dejó de visitar al filósofo. Este pudo terminar su libro.

Historias Sucedidas No Hace Tanto Tiempo

Atenágoras no tenía por qué saber dónde se encontraban los restos del desconocido, pero en otra visita del más allá sucedida casi trece siglos más tarde, hay dudas de que la historia pudo ser inventada por los hijos de Dante Alighieri, el gran poeta florentino muerto en 1321.

Jacopo y Piero se habían dado cuenta de que faltaban los últimos cantos de la Divina Comedia, los relativos al Paraíso. Pensaron redactar ellos mismos el final de la obra, para publicarla cuanto antes. No tuvieron que recurrir a medidas tan extremas. Tal vez lo escuchó su ilustre progenitor desde el otro mundo, o bien inventaron ambos una hermosa historia, pero el caso es que ocho meses después de muerto, apareció el fantasma del poeta. Iba envuelto en un ropaje blanco y señaló a Jacopo el lugar exacto donde había dejado sus manuscritos, en un escondrijo secreto. Jacopo corrió en busca de Piero Guardini, discípulo de su padre, y hallaron entre los dos lo que tanto habían anhelado. La obra de Dante pudo ser publicada finalmente.

Pocos años más tarde sucedería el episodio de Petrarca (1304-1374), el gran poeta renacentista famoso por sus amores con Laura. Una noche despertó Petrarca y vio desde la ventana a su amigo el obispo de Lombes, paseando por el jardín. Dijo monseñor que venía de Gascuña y que se dirigía a Roma. El poeta dijo que lo acompañaría en su viaje, pero el obispo negó con una sonrisa. Todavía no le llegaba la hora. No tardaría Petrarca en saber que el obispo falleció la misma noche que lo visitó su espíritu.

La misma Catalina de Médicis que tantos problemas tuvo con su brujo personal, el italiano Ruggieri, se acostó la noche del 23 de diciembre de 1574 rodeada por varios cortesanos, según era costumbre en la corte de Francia. Contemplaban a la reina un rato, mientras caía en brazos de Morfeo y se retiraban en seguida de la alcoba. Estaban aquella noche en torno a Catalina el rey de Navarra, el arzobispo de Lyon y los señores de Retz, Sauve y Lignerolles. De pronto, la reina declaró que acababa de aparecer ante ella la figura del cardenal de Lorena, tendiéndole una mano. Catalina envió un emisario a casa del cardenal. Pocos minutos más tarde se enteraban, quienes no habían abandonado la alcoba, que el santo varón acababa de entregar a Dios su espíritu.

Monseñor Luis de Sales se encontraba el 28 de diciembre de 1622 en el castillo de Thuille, rodeado por sus familiares, cuando sonó con fuerza la campanilla de la puerta. El sirviente que fue a abrir no encontró a nadie, y apenas había cerrado cuando se repitió el estridente sonido. Monseñor, al enterarse de lo sucedido, ordenó descolgar la campanilla, se hincó y comenzó a rezar por el alma de un amigo difunto. Este amigo difunto resultó ser su propio hermano, quien falleció en la ciudad de Ginebra a la misma hora de los campanillazos.

En 1759 falleció en Francia el matemático Pierre Louis de Maupertuis, miembro de la Academia. Siendo las tres de la tarde, el difunto fue visto por varias personas, en el edificio de la Academia. Estaba sentado, realizando unos cálculos. Cuando uno de los testigos le dirigió la palabra, se desvaneció en el aire.

También el gran naturista sueco Linneo (1707-1778) tuvo ocasión de vivir una experiencia memorable. La noche del 12 de julio de 1765 escuchó unos ruidos cuando se encontraba trabajando en el museo por él creado. Reconoció los pasos de su viejo amigo Karl Clerk. Se levantó y fue en su busca, pero no encontró a nadie. Días más tarde se enteraría de que Clerk había fallecido a la misma hora en que oyó sus pasos vacilantes.

Ejemplos Muy Curiosos Sucedidos El Siglo Pasado

Un caso muy extraño, en el que hubo de por medio un sueño clarividente, tuvo lugar días antes del 7 de septiembre de 1812, cuando el ejército ruso se enfrentó al francés en Borodino. La condesa Tuchkova soñó una noche que se encontraba en una ciudad desconocida y que veía a su padre. Este le decía que el conde su esposo acababa de morir en la batalla de Borondino.

La condesa contó el sueño a su esposo quien, a pesar de ser general en el ejército, jamás había oído hablar de ninguna población llamada Borondino. Sin embargo, existía ese lugar, situado a once kilómetros de Moscú, donde se libraría poco después una batalla en la que los rusos llevaron la peor parte. La condesa, que esperaba el resultado de la lucha en una ciudad que desconocía, se encontró con su padre, quien le informó sobre la muerte del conde.

El 17 de marzo de 1863, la baronesa de Boireve ofrecía una cena en su departamento del primer piso de la rue Pasquier número 26. Estaban el general Fleury, ayudante de Napoleón III, monsieur Devienne, primer presidente del tribunal de justicia, monsieur Delevaux, presidente del tribunal del Sena, y otros personajes importantes. Durante la cena se habló de la expedición a México, iniciada el año anterior. La baronesa preguntó al general si tenía noticias de su hijo, el teniente de cazadores Honorato de Boisleve, quien formaba parte del grupo. Al terminar la cena, la baronesa se levantó para dirigirse a la sala donde se serviría el café. Los comensales oyeron un grito. La señora se había desmayado. Al volver en sí contó una historia extraordinaria.

Había visto a su hijo de uniforme, pero sin armas y sin quepis. Su rostro poseía una palidez espectral y en el ojo izquierdo ensangrentado se abría un espantoso orificio. Era tan terrible la impresión que la dama creyó morir. La tranquilizaron diciendo que se trataba de una alucinación causada por los nervios. A la mañana siguiente se había recobrado ya. Pero unas semanas más tarde se le informó oficialmente que el 17 de marzo, siendo las 2:50 de la tarde, Honorato de Boisleve recibió una bala en la cabeza durante el asalto a Puebla y murió al instante. La diferencia de horario se explicaba por la de los meridianos, puesto que en América sale el sol unas siete horas antes que en Europa.

Una noche de 1880, Lord Dufferin despertó sobresaltado en una casa de Irlanda a donde había sido invitado. Se asomó a la ventana y vio en el jardín a un hombre que se tambaleaba bajo el peso de un ataúd. Lord Dufferin le preguntó airadamente qué hacía a hora tan tardía. El hombre le levantó la cabeza y mostró una expresión horrorosa. Diez años más tarde, Dufferin se encontraba en París. En el momento de entrar en el ascensor del Grand Hotel retrocedió al reconocer en el ascensor al hombre que lo asustó aquella noche en Irlanda. Se negó a subir. Fue a la gerencia a indagar sobre la identidad de aquel misterioso individuo. Nadie lo conocía. Y mientras hablaba con el empleado, un espantoso ruido estremeció el edificio. Acababa de desplomarse el elevador desde el quinto piso, matando a todos sus ocupantes.

Otros santos que también abandonaron la tierra en algún momento y permanecieron suspendidos a corta distancia del suelo, sin realizar grandes prodigios fueron Francisco de Paula, Francisco Javier, Tomás de Villanueva, Ignacio de Loyola y Luis Beltrán. Casi todos ellos vivieron en los países más católicos, como eran Italia y España, pero también conserva la historia casos sucedidos al otro lado del Atlántico.

Al venerable Antonio Margil, franciscano que vivió en Guatemala y en la Nueva España en el siglo XVIII, se le atribuye una singular aventura que sería presenciada por el padre Jerónimo García.

Se había presentado éste en la capilla para llamar a la primera misa del día cando sintió una corriente de aire. Levantó la mirada y vio al padre Margil, los brazos abiertos, dando vueltas por la bóveda como un pájaro buscando la salida del lugar donde lo encerraron.

En cuanto al caso muy especial de Teresa de Ávila, ella misma se ocuparía de reseñarlo en las memorias de su vida. Y su Acta Sanctorum se encargaría de confirmar sus numerosos vuelos, algunos de los actuales serían presenciados por el padre Bruno. La santa había sabido mantener en secreto sus habilidades. Sus compañeras del convento fueron discretas y jamás dijeron nada de lo que vieron, pero llegó el día en que todo se descubrió.

Durante una misa celebrada por el obispo Álvaro de Mendoza, las religiosas escuchaban detrás de un orificio abierto en un muro de la iglesia. El obispo descendió lentamente del altar, seguido por sus acólitos, para entregar la hostia a las monjas. En el momento de hincarse Teresa, iluminó su rostro una expresión de beatífica dicha.

Siguió un grito de pánico al sentir que se elevaba sin poder evitarlo. Y mientras el obispo le tendía la hostia, la religiosa ascendió hasta perderse de vista. En el momento de perder contacto con la tierra, intentó resistirse, pero aceptó finalmente lo que muchos consideraban un milagro.

Otros Casos Igualmente Interesantes

El famoso novelista francés Alejandro Dumas contaba que su padre el general Dumas murió el 26 de febrero de 1806 en la población de Villers-Cotteret cuando el tenía cuatro años. Aquella noche, él y su prima fueron despertados por unos fuertes golpes. La joven se levantó asustada. El niño la imitó y, tomando una vela, fueron los dos al piso de abajo. Al preguntar Alejandro a su prima que podía causar aquellos ruidos, contestó ella que era su padre, que informaba así que acababa de morir y venía a despedirse de ellos.

Algo por el estilo le sucedería después a Walter Scott, el gran novelista escocés autor de Ivanhoe. Vivía en una casona de Abbotsford, que había sido decorada y amueblada por su gran amigo George Bullock. El 30 de abril, Scott escribió a Daniel Terry, amigo de ambos, para decirle que lo había despertado la noche anterior un ruido violento, pero que no pudo hallar al culpable. Días después contestaría Terry: Bullock murió en el preciso momento de producirse los ruidos sobrenaturales.

Giuseppe Cavagnaro era estudiante en 1899 en la ciudad de Génova. Una mañana repasaba una lección de griego cuando se abrió una puerta y entró una joven n camisón, de largos cabellos castaños. Dedicó una sonrisa a Giuseppe y penetró en una habitación contigua, donde se encontraba el padre del estudiante. Como éste preguntase más tarde por la desconocida, el padre no supo que contestar. Buscaron los dos por toda la casa. Nadie había visto a la joven. Consultaron el caso con los vecinos y vinieron a enterarse de que el año anterior había muerto en la habitación del estudiante una muchacha idéntica a la descrita por el estudiante, en circunstancias dramáticas.

El pintor belga Jean Laudy visitaba a unos amigos en la población minera de Charleroi. El pintor preguntó a quién pertenecía la mano que se agitaba a los lejos, como diciendo adiós. Sus amigos nada vieron. Debía ser una ilusión óptica. Pero días más tarde, Laudy recibía una carta desde Charleroi. En el mismo lugar donde vio agitarse una mano como despidiéndose se había suicidado un joven dos días antes.

El pintor Toulouse-Lautrec vivió durante su niñez en el castillo de Boussagues, en el sur de Francia, que pertenecía a partir de 1890 a la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia. El pintor murió el 9 de septiembre de 1901, a la edad de treinta y siete años. Su madre recibiría más tarde una carta firmada por cierta sor Delfina. decía que solía visitar el castillo un hombre vestido de blanco, de corta estatura y larga barba negra, quien se dirigía a ella para pedir un vaso de coñac. Al no ser atendida su petición, se alejaba furioso, deteniendo a su paso el péndulo del reloj.

Otra aparición famosa sería la de Arthur Conan Doyle, cuyo espíritu airado se presentaba en la casa donde antes vivió para protestar por la instalación de un elevador. También sería recordado el fantasma visto en el campo de batalla delga durante la Primera Guerra Mundial. Era un extraño guerrero envuelto en una luz, montado en un caballo blanco, que levantó su larga lanza en dirección a los soldados alemanes. El extraordinario espectáculo sería contemplado por miles de combatientes de ambos bandos. Los ingleses dirían que era San Jorge en persona, que llegó el 28 de agosto de 1914 en su ayuda, en el campo de batalla de Mons.

También en la Primera Guerra Mundial ha llegado la historia de cierto Ostrovsky, que huyó con su familia de Rusia, durante la Revolución de Octubre, y llegó a un hotel de París. La primera noche, escuchó unos pasos y vio a un oficial francés tomar asiento en un sillón, sacar un arma y dispararse un tiro en la cabeza. El joven Ostrovsky corrió en busca de ayuda. Encontró a un empleado que no pareció impresionarle con la noticia. Acompañó al ruso al cuarto. Nadie había en el sillón. Explicó que un capitán francés se había suicidado en el mismo cuarto la semana anterior y que aparecía de vez en cuando.

Pero de todos los casos conocidos de visiones fantasmales, tal vez el más curioso haya sido el sucedido en 1901 en Versalles.

Era Una Calurosa De Verano

En ciertas ocasiones todavía es posible ver reflejado en uno de sus espejos la figura agresiva de Goerges Clemenceau, artífice de la victoria aliada sobre los alemanes y encargado en 1919 de negociar el llamado Tratado de Versalles. Pero ver los fieros bigotes de aquel político a quien apodaron el Tigre no se compara con lo que tuvieron ocasión de contemplar 18 años antes, en el mismo palacio, dos maestras inglesas: Carol A. E. Moberley y Emily F. Jourdain.

Habían llegado a Versalles y recorrieron sus jardines por todas partes. Finalmente, se sintieron fatigadas y buscaron un guía que les indicase la salida. Pero no sólo no encontraron a nadie, sino que sintieron una extraña quietud en el aire. Se encontraron de pronto con dos hombres vestidos a la moda de fines de siglo XVIII. Las dos inglesas supusieron que iban a una fiesta de disfraces. Les preguntaron por la salida. No recibieron ninguna respuesta. Siguieron su camino y pasaron cerca de una casa, a cuya puerta vieron a una jovencita y una anciana, ataviadas también a la moda de un siglo antes.

Fueron desfilando otras personas igualmente con ropas como las usadas en los tiempos de Luis XV... Finalmente llegaron a la puerta de salida y se encontraron fuera de los antiguos dominios reales. Tomaron el primer tren y llegaron a Inglaterra. Cada una de las misses escribió entonces cuanto vio y se lo dio a leer a su compañera. Coincidían los relatos. No había sufrido una de ellas alucinaciones, sino que habían contemplado el mismo fenómeno.

Regresaron tres años más tarde a Versalles, para examinarlo todo con calma. No encontraron a nadie disfrazado, ni tampoco algunos edificios que vieron la primera vez. Se dedicaron entonces a estudiar la historia de Versalles, juntaron material informativo y escribieron aquella tarde de agosto de 1901. Si creían que iban a burlarse los lectores de sus impresiones, traducidas en forma de libro, se equivocaban, porque comenzaron a recibir cartas y confidencias de personas que vivieron aventuras semejantes a la suya.

Por ejemplo, el señor John Crooke, su esposa Kate y su hijo Stephen les dirían que en 1907, cuando vivían en la calle de Maurepas, frente a los jardines de Versalles, vieron una vez que el parque y el palacio perdían el aspecto de todos los días y adquiría un aspecto fantástico, como si los contemplasen a través de un cristal deformado. Incluso tuvieron ocasión de ver personas ataviadas a la moda de fines del siglo XVIII.

En 1982, dos jovencitas inglesas. Claire Burroughs y Anna Lambert, visitaban el templo del amor, situado a corta distancia de Petit Trianon, cuando vieron a un anciano vestido con un antiguo uniforme militar. Fueron las dos a verlo de cerca, pero el personaje se desvaneció de pronto en el aire, misteriosamente.

En 1949, una tal Miss Bassett, que visitaba también el Petit Trianon, observó la presencia de unos personajes vestidos a la usanza de hacía siglo y medio, que desaparecieron de pronto. Lo mismo sucedió el 21 de mayo de 1955 con el matrimonio inglés que presenció el paso de varios seres fantasmales por el jardín.

En las inmediaciones de Versalles se encuentra un extenso bosque que en los tiempos anteriores a la llegada de las legiones romanas tenía fama ya de estar embrujado. Allí realizaban sus prácticas hechiceras los sacerdotes druidas.

¿Dominan en la región de Versalles condiciones muy especiales consecuencia de yacimientos subterráneos de materiales magnéticos, por ejemplo, que logran influir en la cuarta dimensión y proyectar desde el pasado visiones ya desaparecidas? Lo más extraordinario del caso de los fantasmas de Versalles es que sólo han sido vistos por súbditos de Gran Bretaña. ¿No es esto muy extraño?.

Cazando Fantasmas ¡¡¡¡¡¡¡¡¡


Para llevar a cabo una investigación acerca de apariciones fantasmales se requiere paciencia, inventiva y habilidad. ¿Cómo puede un buen cazador de fantasmas poner a prueba la autenticidad de una aparición?

"El miedo descendió sobre mi, y el temblor hacía que chocaran mis huesos. Entonces un espíritu pasó ante mi rostro: se me pusieron los pelos de punta. Estaba inmóvil, pero no pude discernir su forma." Así describe el libro de Job (4, 14-16) la reacción ante un fantasma.

La palabra "fantasma" deriva de un verbo griego que significa "aparecer" o "mostrarse". Por tanto, el fantasma es un fenómeno básicamente sensorial, y suele provocar reacciones muy traumáticas. Afortunadamente, algunas personas, en vez de atemorizarse, están dispuestas incluso a consagrar su vida a la búsqueda activa de fantasmas.

Una investigación minuciosa debe empezar por buscar las causas naturales que pueden haber dado lugar al incidente estudiado. Los ruidos fantasmales a menudo son provocados por elementos totalmente cotidianos, como pueden ser el viento, las tuberías del agua, la vibración de ventanas o de adornos por efecto del tráfico callejero, ruidos de animales, etc. en cierta ocasión se dio un caso en la casa de una familia en la que los fantasmas eran nada menos que ratas empujando manzanas almacenadas en la cavidad de una pared del desván.

Otro caso famoso es el del "fantasma de la calle Villarroel", que a finales de la década de los 70 trastornó la opinión ciudadana en España: el presunto "fantasma" resultó ser un hombre sin empleo ni hogar que solía refugiarse en una casa en construcción una vez se habían marchado los operarios. Los ruidos que causaba empezaron por inquietar al sereno de la obra y a los vecinos... ¡pero la "vox populi" acabó asegurando que se trataba del alma en pena de un cadáver que había sido hallado al excavar los fundamentos de la nueva casa!

Ante este tipo de hechos, el investigador debe mostrarse escéptico acerca de las explicaciones paranormales que le parezcan sospechosas. Sin embargo, debe tener también en cuenta todo lo que hasta ahora se sabe de los fantasmas: su existencia ha sido aceptada con naturalidad en casi todas las culturas, a lo largo de la historia.

Sólo en Occidente, el desarrollo del punto de vista científico en los últimos siglos ha hecho que su existencia y su naturaleza fueran cuestionadas. Sin embargo, a lo largo de la historia los intentos serios de descubrir qué son y de estudiar su conducta han sido muy escasos. Y muchas personas todavía reaccionan ante la idea de los fantasmas con una mezcla irracional de temor, ridículo y risa. Estamos demasiado acostumbrados a rechazar lo que no entendemos.

Los fantasmas son rechazados hasta por quienes los han visto. "¡Lo vi, pero no me lo creo!" es una reacción bastante frecuente, ya que la mente humana rechaza instintivamente las informaciones que no puede asimilar e interpretar. Es evidente que harán falta más y mejores pruebas antes de que los fantasmas hallen su lugar en los libros de física y biología.

Para empezar, ¿es un fantasma? Algunos diccionarios lo definen como "figura de una persona muerta que se aparece a los vivos". Esta explicación de la naturaleza de los fantasmas no es suficiente, ya que, como hemos visto, no es rara la aparición fantasmal de personas todavía vivas. La palabra "fantasma" ha adquirido también otros sentidos, como por ejemplo el de "persona entonada o presuntuosa", o de "imagen de un objeto impreso en la fantasía". Frederick W. H. Myers, uno de los primeros investigadores psíquicos, se refería a la noción de "vestigio" que posee el concepto de fantasma, cuando los caracterizó como "una manifestación de energía personal persistente", conclusión a la que llegó después de estudiar una gran cantidad de datos.

Existen numerosas pruebas de que ver y oír una presencia fantasmal es una experiencia muy común. En 1889, la Society for Psychical Research, de la que Myers fue socio fundador, se embarcó en una investigación de experiencias de apariciones, basada en la siguiente pregunta: ¿Alguna vez, creyendo estar totalmente despierto, tuvo usted la clara impresión de ver o ser tocado por un ser viviente o un objeto inanimado, y esa impresión, por lo que usted sabe, no se debió a cualquier causa física externa?

Casi el 10 % de las respuestas de las 17.000 personas encuestadas fueron afirmativas. Otras encuestas en varios países confirmaron este porcentaje. Por otra parte, el investigador G. N. M. Tyrrell, en su libro Apparitions (Apariciones), publicado en 1943, identificaba cuatro grupos principales en base a la conducta de los fantasmas, mucho mejor conocida -por cierto- que su propia naturaleza.

El primero de los grupos de Tyrrell está formado por las apariciones que frecuentan habitualmente un lugar determinado. En conjunto no provocan miedo, son inofensivos y a veces llegan a ser tratados como un miembro más de la familia. Además, existen numerosas pruebas fotográficas que respaldan su existencia.

Ya se ha dicho que existen muchas fotografías de fantasmas tomadas en iglesias: de monjes, de clérigos, de personas arrodilladas... Dos sacerdotes fantasmales aparecieron, junto con la turista lady Palmer, en una foto que tomó en 1925 su amiga la señorita Townsend cuando estaban visitando la basílica de santa Juana de Arco en Domrémy (Francia). Pero el premio a la calidad técnica en una fotografía de un fantasma habría que concedérselo al reverendo K. F. Lord, de Newby (Yorkshire); registró la presencia de un espectro muy nítido -aunque un poco teatral- que se hallaba de pie ante el altar con las cuencas de los ojos vacías.

La segunda categoría de fantasmas, según la clasificación de Tyrrell, es la de las apariciones post-mortem. Suelen tener lugar poco tiempo después de la muerte de la persona vista, y no acostumbran a estar relacionadas con un lugar o un acontecimiento concreto.

En tercer lugar están los casos "críticos": la aparición de alguien que está viviendo una experiencia importante (a menudo desconocida por el testigo de la aparición), como un accidente, una enfermedad o, por supuesto, la muerte.

La última de las categorías de Tyrrell es la aparición menos conocida y quizás la más sorprendente de todas: la aparición inducida experimentalmente. En estos casos, el fantasma no es el de una persona muerta o moribunda, sino el de alguien que está con vida, y que intenta deliberadamente hacer que su imagen se haga visible a otra persona. Tyrrell se preguntó por qué un experimento tan fácilmente repetible había sido ignorado por los investigadores, sobre todo teniendo en cuenta que las experiencias de viajes astrales si han sido objeto de estudio.

Los fantasmas cuya existencia ha sido comprobada de forma más fehaciente, y que son considerados genuinos por los investigadores serios, presentan generalmente una serie de rasgos comunes. Obedecen a las leyes de la perspectiva, según el punto del espacio desde el que se los contempla; parecen sólidos; se reflejan en los espejos y producen ruidos sincronizados con sus movimientos (pasos, etc.). Generalmente dan la impresión de ser tan reales como las personas vivientes, aunque sólo durante un período limitado. Su presencia también puede provocar en los observadores una súbita sensación de frío.

Esa sensación constituye también un rasgo típico de los casos de actividad poltergeist, aunque los poltergeists son muy distintos de los fantasmas convencionales: hacen que se muevan los objetos, pero no son visibles. Se ha informado de apariciones asociadas con actividad poltergeist, pero nadie ha visto todavía a un fantasma arrojando un objeto.

Por otra parte, los fantasmas suelen ser vistos por más de una persona al mismo tiempo, aunque no necesariamente por todos los presentes. Esto suele ser suficiente para descartar la posibilidad de engaño o error, pero la verdadera naturaleza de la aparición sigue siendo un misterio. No tiene por qué ser necesariamente un espíritu desencarnado; podría ser un fenómeno "intersubjetivo", creación conjunta de las mentes de quienes lo ven.

Una aparición suele proporcionar pruebas claras de su naturaleza no física. Puede atravesar paredes; a veces aparece y desaparece por puertas también fantasmales que se abren y se cierran mientras las puertas "reales" permanecen cerradas; puede ser transparente y desvanecerse.

Sin embargo, parece claro que esos inasibles espectros pueden ser registrados por una película fotográfica. Existen, como hemos visto, muchas fotografías de fantasmas, aunque pocas son convincentes. El fraude es cosa tan corriente en el campo de la fotografía psíquica, que se ha prestado poca atención a los pocos ejemplos que podrían ser auténticos.

Un caso muy impresionante es el que ocurrió en 1936 en Raynham Hall (Norfolk, Inglaterra), en casa del marqués de Townshend. Un fotógrafo profesional y su ayudante estaban tomando fotografías de la casa. Mientras fotografiaban la escalera, el asistente dijo haber visto una figura fantasmal que bajaba por ésta. Y la foto tomada en ese momento, auténtica y no manipulada en opinión de los expertos que la examinaron, muestra, de hecho, una figura borrosa. Se supone que desde hace tiempo una "dama de marrón" frecuenta aquella casa. Fue vista simultáneamente por dos testigos en 1835. Más tarde, otro testigo le disparó con una escopeta. Pese a esta mala acogida, fue vista de nuevo en 1926 por lord Townshend y dos testigos más.

Pero tanto si se basa en fotografías como en testimonios hablados y escritos, no siempre resulta fácil, para los "cazadores de fantasmas", llevar a cabo su tarea. En un mundo ideal, se dispondría de fondos, personal y equipo suficientes para realizar una investigación tan rigurosa como la que hace la policía ante un asesinato. Pero esos fondos no existen, y esta tarea suele quedar en manos de investigadores independientes, muchos de los cuales se ganan la vida escribiendo acerca de sus experiencias.

A pesar de todo, éstos hacen a menudo una labor muy meritoria investigando los acontecimientos tan pronto como ocurren. En los años 70, concretamente, dos casos fueron investigados de forma muy minuciosa y fiable. Uno de ellos consistía en una serie de apariciones a bordo de varios aviones Jumbo de una línea aérea norteamericana.

Espectros Del Aire.

Un Tri-Star de la Eastern Airlines (vuelo 401) se estrelló en un pantano de Florida en diciembre de 1972; murieron 101 personas. Los fantasmas del piloto, Bob Loft, y de su ingeniero de vuelo, Don Repo, fueron vistos en más de veinte ocasiones por miembros de tripulaciones de otros Tri-Stars de la misma compañía, especialmente en aviones que llevaban piezas de recambio recuperadas del avión que había sufrido el accidente.

Las apariciones eran descritas, invariablemente, como total mente naturales. Informaron de ellas tanto hombres y mujeres que habían conocido a Loft y Repo, como otros que les reconocieron después en fotografías. El hecho llegó a ser bien conocido en el mundillo de la aviación, y hasta apareció un relato de los hechos en el boletín de la US Flight Safety Foundation en 1974.

El escritor John G. Fuller realizó una investigación exhaustiva del caso, con la ayuda de varios empleados de las líneas aéreas, quienes le proporcionaron gran cantidad de testimonios convincentes.

Algunos afirmaron que los libros de vuelo que mencionaban las apariciones habían sido retirados, y que algunos de los testigos habían sido amenazados con una visita del psiquiatra de la compañía. Además, se realizó una sesión espiritista en presencia de la viuda de Repo, tras la cual ésta quedó convencida de que su marido seguía "existiendo". Este caso hubiera podido ser casi perfecto, si la compañía aérea hubiese cooperado, pero -comprensiblemente, desde luego-, no lo hizo.

Ojalá los futuros fantasmas sean tan visibles e informativos como Loft y Repo, y los futuros investigadores sean tan decididos como los que actuaron en este caso. Los espectros, sin duda, continuarán ofreciendo entretenimiento a los periódicos y a las pantallas, y los cazadores de fantasmas seguirán siendo considerados por algunos como unos maniáticos más o menos inofensivos. Sin embargo, el tema es serio, y posee un tremendo significado potencial: cuanto más sepamos de los fantasmas, mayor será nuestro conocimiento de la mente humana y de la materia

viernes, 5 de marzo de 2010

El maldito y polemico Triangulo de las Bermudas


El Triángulo de las Bermudas (conocido también como «el Triángulo del Diablo») es un área geográfica con forma de triángulo, con un área aproximada de 1,1 millones de km², situada en el océano Atlántico entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Fort Lauderdale (Florida).

Mapa del triángulo de las Bermudas.


Es famoso porque a mediados del siglo XX varios escritores publicaron artículos en revistas acerca de la presunta peligrosidad de la zona.

Sin embargo las estadísticas de la Guardia Costera de los Estados Unidos no indican que en esa zona haya más desapariciones de barcos y aviones que en otras zonas de igual tráfico.


 Ya desde la era de la vela, las naves que viajaban a Europa pasaban continuamente por esta zona para aprovechar los vientos dominantes y la Corriente del Golfo. Luego, con el desarrollo de las máquinas de vapor y los barcos con motores de combustión interna, gran parte del tráfico del Atlántico Norte siguió cruzando (y aún lo hace) a través del área del supuesto «Triángulo de las Bermudas».

La Corriente del Golfo, un área con un tiempo muy inestable (conocida por sus huracanes), también pasa por el triángulo al abandonar el mar Caribe. La combinación de un denso tráfico marítimo y el tiempo tempestuoso hace posible que algunos barcos se adentren en tormentas y se pierdan sin dejar rastro, especialmente antes del desarrollo de las telecomunicaciones, el radar y los satélites a finales del siglo XX.

Otros «triángulos»
Otras áreas que a menudo se insinúa que poseen características inusuales son:

El triangulo del dragon, ubicado en el Mar del Diablo, localizado cerca de Japón (que no es conocido en Japón, debido al hecho de que la mayoría de los botes perdidos son pequeñas embarcaciones pesqueras sin radio).

El Vértice Marysburgh ubicado al este del lago Ontario (entre EE. UU. y Canadá).

La primera mención documentada acerca de desapariciones en el área se hizo en 1951: E. V. W. Jones —periodista de Associated Press— escribió respecto a algunos barcos perdidos en la zona de las Bahamas.
Jones dijo que las desapariciones de barcos, aviones y pequeños botes eran «misteriosas». Y le dio a esta zona el mote de «Triángulo del Diablo». Al año siguiente (1952) George X. Sand afirmó en un artículo de Revista de Destino que en esa zona sucedían «extrañas desapariciones marinas».

En 1964, el escritor sensacionalista Vincent Gaddis (1913-1997) acuñó el término «triángulo de las Bermudas» en un artículo de la revista amarillista estadounidense Argosy. Al año siguiente publicó el libro Invisible Horizons: True Mysteries of the Sea (‘Horizontes invisibles: los verdaderos misterios del mar’), donde incluía un capítulo llamado «El mortal triángulo de las Bermudas». Generalmente, Gaddis es considerado el inventor del «triángulo» de las Bermudas.

Pero recién diez años después, el pretendido misterio se convirtió en un verdadero mito gracias a Charles Berlitz (1914-2003), escritor neoyorquino de ciencia ficción), que en 1974 escribió el súperventas El Triángulo de las Bermudas, donde copió bastante texto de Gaddis y recopiló casos de desapariciones (muy manipulados y mal presentados), mezclados con falsedades y flagrantes invenciones.

Lista cronológica de incidentes informados por Berlitz

El Triángulo de las Bermudas ha recibido el crédito de muchas desapariciones que ocurrieron en sus aguas extraoficiales (aunque en algunos casos incorrectamente). A la fecha, la mayoría está de acuerdo en que más de 50 naves y 20 aviones se han perdido sin dejar rastro en esa área particular del océano Atlántico. Aunque la mayoría de estas desapariciones pueden explicarse, muchas otras no pueden serlo, y el tema continúa siendo un debate entre creyentes y escépticos

. Los incidentes más populares se listan a continuación:

1840: HMS Rosalie, barco que se dirigía a La Habana (Cuba), y fue hallado sin tripulación.

1872: el Mary Celeste (hundido entre las islas Azores y la Península Ibérica, a unos 5000 km de distancia de las islas Bermudas); se debe tener presente que a cada lado del triángulo se le atribuye sólo 1500 km).

1902 (4 o 21 de octubre): el Freya, buque alemán encontrado a la deriva «poco después» de zarpar de Manzanillo (Cuba), hacia Chile. En realidad había dado la vuelta a Suramérica por Punta Arenas (sur de Chile) y fue encontrado frente a la costa occidental de México (varios meses después de zarpar de Cuba), arrastrado por las corrientes del océano Pacífico.

1909, noviembre: The Spray, un pequeño yate del aventurero canadiense Joshua Slocum (20 de febrero de

1844 – 14 de noviembre de 1909, o días después).

1917: SS Timandra, que se dirigía a Buenos Aires desde Norfolk (Virginia) con una carga de carbón y una tripulación de 21 personas. No emitió ninguna señal de radio, a pesar de que tenía la capacidad para ello.

1918: se hunde la nave carguera USS Cyclops (AC-4) con 308 hombres a bordo, debido a un huracán.

1921: se hunde la nave carguera Carroll A. Deering en el cabo Hatteras (a 1050 km al oeste de las islas Bermudas y unos 800 km al noroeste del triángulo).

1925 (21 de abril): Raifuku Maru (hundido con testigos en medio de una tormenta a 1063 km al norte de las islas Bermudas)

1926: se hunde el SS Suduffco, debido a un huracán (un capitán que salió en su búsqueda lo llamó «el peor clima que he visto en mi vida»).

1925, diciembre: se hunde el carguero estadounidense SS Cotopaxi, «que desde la costa de Florida transmitió que el clima se encontraba en calma, y no envió ninguna señal de auxilio». En realidad, Meyers (capitán del barco) informó por radio que el barco estaba escorando y que tenían la bodega llena de agua.

1938: se hunde el HMS Angloaustralian en las islas Azores (a más de 4000 km del Triángulo), después de emitir «en la tarde hemos pasado Fayal. Todo bien».

1942: el submarino francés Surcouf es embestido por el carguero estadounidense Thompson Lykes cerca del Canal de Panamá (a unos 1800 km del Triángulo).-->

1945: desaparecen 5 aviones TBM Avengers (el famoso Vuelo 19) de la Marina Estadounidense.

1948: se hunde el SS Samkey (Berlitz dice que se hundió en 1943, pero ese fue el año de inauguración). Dio su posición: 41° 48’ N 24° O (200 km al noreste de Azores, y a 4200 km al noreste del Triángulo). Sólo transmite: «Todo va bien».

1948: desaparece la aeronave Tudor IV Star Tiger, con 31 pasajeros.

1948: desaparece un avión DC-3 NC16002, con 28 pasajeros y la tripulación.

1949: desaparece el segundo Tudor IV, Star Ariel.

1950: desaparece un avión Globemaster, de la Fuerza Aérea estadounidense.

1950: se hunde el carguero estadounidense SS Sandra (de 350 pies), después de pasar por St. Augustine (Florida) en su ruta hacia Puerto Cabello (Venezuela).

1952: desaparece un avión de transporte British York con 33 personas a bordo.

1954: desaparece un avión Lockheed Constellation, de la armada estadounidense, con 42 pasajeros a bordo.

1956: desaparece una avioneta de la marina estadounidense, el Martin P5M, con 10 tripulantes.

1962: desaparece un avión KB-50 Tanker, de la fuerza aérea estadounidense.

1963: se hunde el Marine Sulphur Queen, probablemente al desembarcar de Dry Tortugas; cargaba azufre fundido (posiblemente sin medidas de seguridad).

1967: desaparece un avión militar YC-122 convertido en avión de carga.

1967: se hunde el crucero Witchcraft a una milla de Miami; realizó una llamada a la guarda costera, pero a los 19 minutos ya se había hundido completamente.

1970: se hunde el carguero francés Milton Latrides cuando navegaba desde Nueva Orleans hacia Ciudad del
Cabo; llevaba una carga de aceite vegetal y refresco cáustico.

1972 (aunque Berlitz dice 1973): se hunden en una tormenta dos cargueros alemanes: el Anita (de 20.000 toneladas, con una tripulación de 32) y su barco gemelo, el Norse Variant (ambos con carga de carbón). Un sobreviviente de este último fue encontrado flotando en una balsa; describió la pérdida del barco en medio de un huracán. Las olas rompieron la tapa de la compuerta y hundieron rápidamente la nave.

1976: se hunde el SS Sylvia L. Ossa en un huracán al oeste de las Bermudas (fuera del triángulo).

1978: se encuentra abandonado al SS Hawarden Bridge en las Indias Occidentales. Se presume que se debió a un crimen cometido. Meses antes, en febrero, la Guarda Costera de los Estados Unidos lo había detenido en Cape Knox y había encontrado marihuana.

1980: se hunde el SS Poet en un huracán, cuando transportaba granos hacia Egipto.

1995: se hunde el carguero Jamanic K (construido en 1943), tras zarpar de Cap-Haïtien.

1997: se hunde un yate alemán.

1999: se hunde el carguero Genesis después de zarpar del puerto de San Vicente; su carga incluía 465 toneladas de tanques de agua, tablas, hormigón y ladrillos; informó de problemas con una bomba un poco antes de perder el contacto. Se realizó una infructuosa búsqueda en un área de 85 000 km2 (33.000 millas cuadradas).

Otros barcos:

Atlanta (importante buque no desaparecido; el pequeño bote desaparecido se llama Atalanta).
Connemara IV
Gloria Colite
John and Mary
Rubicon (desaparecido en medio de una tormenta tropical; aunque Berlitz afirma que desapareció en clima normal)
Stavenger (barco inexistente inventado por Berlitz).

Debe notarse que algunos de los casos listados anteriormente, que popularmente están asociados con el Triángulo de las Bermudas, realmente no estuvieron en el área del Triángulo en el momento de su desaparición. Tampoco existe registro de desapariciones misteriosas de edificios, trenes o vehículos terrestres.

Vuelo 19

Otra pérdida bien conocida es la de 2 aviones de transporte Tudor IV, llamados Star Tiger y Star Ariel. Las aeronaves operadas por la línea aérea British South American Airways Corporation volaban rutinariamente en la ruta de Sudamérica: Bermudas.

El incidente tomó lugar en las horas antes del amanecer del 31 de enero de 1948. Cargando 29 pasajeros más la tripulación comandada por el capitán B. W. McMillan, el Star Tiger salió unas horas antes de Santa María (Azores), unos de los numerosos puntos de escala para cargar combustible fijados en su ruta de Londres (Inglaterra) a La Habana (Cuba). Al aproximarse a las Bermudas, McMillan hizo el contacto esperado con Kindley Field, la siguiente parada, y pidió por radio que calibraran sus sistemas de navegación y que se aseguraran que se mantenía en curso.



Al determinar que el avión estaba ligeramente fuera de curso, su posición fue corregida con respecto a las Bermudas a 72 grados de la isla. En este punto, cuando el Star Tiger estaba a menos de dos horas de vuelo de ahí, McMillan dio confirmación de una ETA de 05:00 horas, una hora más tarde debido a los fuertes vientos. Ninguna transmisión adicional del avión fue recibida desde entonces.

Se enviaron las operaciones de rescate armadas con informes precisos de la última posición conocida del avión, después de que se determinó que se encontraba muy retrasado y no se tenía ningún rastro de este.

En el informe emitido un poco después por el Ministerio Aéreo Civil (Civil Air Ministry), se hicieron numerosas hipótesis de lo que pudo haber ocurrido durante las dos horas finales, hasta que cada una fue subsecuentemente rechazada. «No habrían bases para suponer que el Star Tiger cayó al océano a consecuencia de que fue la nave estaba privada de su radio, al fallar en la búsqueda de su destino, y al haber acabado con su combustible [...] Existe una buena razón para suponer que ningún mensaje de emergencia fue transmitido de la nave, ya que había muchas estaciones receptoras de radio sintonizadas en las frecuencias de las aeronaves, y ninguna de ellas recibió tal mensaje. [...] El clima se encontraba estable, no había disturbios atmosféricos serios que pudiesen causar daño estructural a la nave, y no había tormentas eléctricas».
Se supuso que el avión no pudo salirse de curso, ya que la transmisión desde las Bermudas, con vientos prevalecientes, la habría llevado a treinta millas de la isla: «La nave difícilmente podría no encontrar la isla en poco tiempo, en las condiciones de visibilidad que prevalecían».

El motor fue descartado como la causa probable, ya que en tal etapa del viaje y sin el peso de combustible extra, el avión debió de haber flotado a salvo con tres o incluso con dos turbinas, en lugar de las cuatro con las que contaba. La probabilidad de que el avión perdiese tres turbinas en menos de dos horas fue considerado como absurdo.

Enfrentando la evidencia acumulada, o quizás la falta de ella, la comisión de investigación se refirió a la pérdida del Star Tiger con gran elocuencia:

Al cerrar este informe se puede decir en verdad que ningún otro problema ha presentado más confusión que esta investigación. Con la completa ausencia de evidencia confiable sobre la causa o la naturaleza del accidente del Star Tiger, la Corte no ha sido capaz de hacer mas que sugerir algunas posibilidades, de las cuales incluso ninguna alcanza el nivel de probabilidad.

En todas las actividades que involucran la cooperación del hombre y la máquina se combinan dos elementos de carácter diverso. Existe un elemento incalculable de factor humano que depende imperfectamente de factores conocidos; y por otra parte está el elemento mecánico que se encuentra sujeto a leyes muy diferentes. Una avería puede ocurrir en cualquiera de los dos casos o en la conjunción de ambos. O alguna causa externa podría haber ocasionado problemas a ambos, hombre y máquina. Lo que ocurrió en este caso nunca se conocerá y el destino del Star Tiger sigue siendo un misterio sin resolver.

El 17 de enero de 1949, el Star Ariel también se perdió en un área cerca de las Bermudas si dejar rastro alguno, con una carga de 17 pasajeros más la tripulación. Las últimas transmisiones no mostraron signos de alerta, y dictaban un vuelo normal. Esta segunda desaparición propició el cese en el uso de las naves Tudor IV. Lo que en realidad les haya ocurrido a ambos aviones se desconoce hasta este día.

NC16002

Otra pérdida muy conocida es la del avión de transporte DC-3 NC16002 mientras estaba en ruta desde San Juan, Puerto Rico a Miami, Florida. Muchos de los hechos de este caso tienen similitud con algunos de los registrados con otros casos asociados con el Triángulo de las Bermudas, tales como la incapacidad de escuchar las transmisiones por parte de torres cercanas a la nave, mientras que torres lejanas recibían las mismas muy claramente. Se cree que este accidente o perdida puede ser repetida en cualquier momento.

USS Cyclops

El Cyclops (AC-4) fue un navío de la armada de los EE. UU. que se perdió sin rastro el 4 de marzo de 1918 después de desembarcar de Barbados, estaba comandado por el lugarteniente G. W. Worley y tenía una tripulación de 306 personas. Algunos creen que el barco se perdió en el Triángulo de las Bermudas, aunque cabe mencionar que en ese tiempo los Estados Unidos estaban en guerra y por lo tanto existen varias posibilidades adicionales que pueden explicar su desaparición.

Los partidarios de las teorías que involucran al Triángulo de las Bermudas han realzado el hecho de que la nave no envió transmisión sobre problema alguno y aparentemente solo desapareció. No obstante, debe tenerse presente que en el momento la tecnología de telecomunicaciones estaban en sus primeras fases, y el mandar un mensaje urgente para pedir ayuda no siempre era una tarea tan rápida o tan simple. Muchos investigadores serios de este incidente creen que el USS Cyclops estuvo más lejos al norte del Triángulo, sin embargo, cuando este desapareció, estaba cerca de Norfolk (Virginia).

El Spray

La gran habilidad del Capitán Joshua Slocum como marinero estaba más allá de la duda: (había sido el primer hombre en circunnavegar el mundo en solitario). En 1909, se embarcó en su bote Spray para atravesar el Triángulo de las Bermudas. Desapareció e incluso no hubo evidencia de que haya estado ahí. Se asumió que se hundió por una ola o por una ballena, aun cuando se suponía que el Spray era un barco resistente y Slocum un experimentado marinero; por lo tanto, en 1924 se le declaró legalmente muerto.

El caso del Cessna

El caso es el siguiente: Helen Cascio, experta piloto, manejaba su Cessna 172 y se aproximaba a la isla. La torre de control le iba facilitando las instrucciones. Después de conectar varias veces, en una de ellas, Helen no respondió, aunque el canal de la radio estaba abierto. Los operadores de la torre escucharon a la piloto decirle a su único pasajero: «He debido de hacer una falsa maniobra. Esto debería ser Turco, pero ahí no hay nada, ni aeropuerto ni casas: no hay nada».

Los controladores continuaron, frenéticamente, intentando entrar en contacto con la piloto, pero Helen no les escuchaba. Posteriormente recibieron la que sería última frase que escucharon: «¿No hay manera de salir de esto?».

Nunca se encontró la menor huella del avión, de la piloto o del pasajero.

Berlitz refutado

Las explicaciones que han dado muchos investigadores para estas desapariciones van desde secuestros por parte de piratas modernos a un simple error humano.

Volviendo a las posibles explicaciones, los análisis menos fantasiosos apuntan a que las fuertes corrientes y la profundidad de las aguas podrían explicar la ausencia de restos, subrayando que varias de las desapariciones atribuidas a esta zona, ocurrieron en verdad a más de 600 kilómetros. Además, cada día varios cientos de naves civiles y militares atraviesan la región sin contratiempos.

Se estima que en los últimos 100 años por esa zona han pasado unas 10 millones de naves (100.000 por año). Se cree que desde mediados del siglo XIX han desaparecido un total de 50 barcos y 20 aviones.

Las desapariciones dentro de la zona, ya que si bien la zona es una de las que más tráfico aéreo y marítimo registran, la frecuencia de los accidentes es proporcionalmente muy baja, en comparación con otros puntos del globo. La aseguradora marina Lloyd de Londres ha determinado que el triángulo no es más peligroso que cualquier otra área del océano, y no cobra tarifas adicionales por el paso a través de esta región. Los archivos de la Guardia Costera confirman esta conclusión. De hecho, el número de supuestas desapariciones es relativamente insignificante considerado el número de naves y aviones que pasan regularmente a través del triángulo.

Aunque ya existía el precedente de Gaddis, tal como se ha explicado, la tasa de accidentalidad de la zona no ofrecía casos suficientes de desapariciones que pudiera incluir en su libro y que tuvieran algún punto no resuelto en la aclaración del accidente. Por este motivo, Berlitz recurrió a diversas estratagemas para hinchar su obra.

Varios de los barcos que Berlitz mencionó no se encontraban en ese enclave geográfico. Es el caso del Mary Celeste, que se hundió entre las Azores y la Península Ibérica. El Freya también lo sitúa en las Bermudas, pero desapareció en el Pacífico, así como el Raifuku Maru, que desapareció en el Atlántico Norte. A otros los nombra erróneamente, como el Atlanta, llamado realmente Atalanta.

También hay desaparaciones que no son tales, como las del caso de los buques de guerra Proteus y el Nereus (1941) que esta constatado que se hundieron en acciones bélicas. Para el hundimiento del Rubicon, Berlitz mintió afirmando que desapareció en circustancias de clima normal cuando está comprobado que hubo una fuerte tormenta en la zona. En otras ocasiones, recurrió a escribir sobre barcos ficticios, como el Stavenger.

Además el Triángulo de las Bermudas en una de las zonas con más tráfico aéreo y naval de todo el mundo y con incidencias climáticas como tormentas y huracanes que hacen muy factible y explicable la cantidad de naves hundidas, sobre todo antes de la invención de los sistemas de navegación actuales.

Estos han desbaratado la invención de Berlitz, ya que no se ha vuelto a registrar ni un solo caso de aeronave desaparecida en una de las zonas con más tráfico aéreo del mundo, aunque supuestos "testigos" hablan de los "incidentes" que sufrieron con sus avionetas particulares y que acabaron felizmente.
En cuanto se perfeccionen las técnicas de inmersión en aguas profundas es probable que se recuperen la mayoría de los barcos perdidos.

Kusche refuta a Berlitz

Lawrence Kusche, un bibliotecario de la Universidad Estatal de Arizona en la época del incidente del Vuelo 19, se sintió intrigado por el número de estudiantes que llegaban preguntando acerca del Triángulo de las Bermudas. Comenzó entonces una exhaustiva investigación de seguimiento de los informes originales. Finalmente publicó sus hallazgos en 1975 en The Bermuda Triangle Mystery: Solved (El misterio del Triángulo de las Bermudas solucionado).

La investigación de Kusche reveló una gran cantidad de inconsistencias y falta de exactitud entre los reportes de Berlitz y las declaraciones originales de los testigos, participantes y otros involucrados en los incidentes iniciales. Demostró que muchos de los casos citados por los difusores del supuesto misterio ni siquiera existieron (presentaban números de vuelo falsos o de barcos inventados), y que la mayoría de las tragedias que sí ocurrieron se situaron fuera de los límites del Triángulo (ver enlace externo más abajo). Notó que había casos en que no se reportó información pertinente, por ejemplo en el caso del navegante circunnavegador Donald Crowhurst, que Berlitz presentó como un misterio, a pesar de que hubo evidencia clara de que Crowhurst había fraguado el proyecto de su viaje y probablemente se suicidó.

Según Kusche, la credibilidad de Berlitz «es tan baja que virtualmente es inexistente. Si Berlitz informase de que un barco es rojo, las posibilidades de que fuera de otro color constituirían casi una certeza. Dice cosas que simplemente no son ciertas.

Otro ejemplo fue el barco-transporte que Berlitz describió como perdido sin rastro por tres días en el Atlántico cuando estuvo perdido por tres días en un puerto del mismo nombre (Puerto Atlántico) en el Océano Pacífico. Kusche también argumentaba que un gran porcentaje de los incidentes que Berlitz atribuye a la misteriosa influencia del Triángulo de las Bermudas realmente ocurrieron muy lejos de allí.

Kusche extrajo varias conclusiones:

La proporción entre buques y aviones que se reportaron como perdidos, y los que atraviesan sin problemas el Triángulo de las Bermudas no fue significativamente mayor que en cualquier otra área del océano.

En una zona donde son frecuentes las tormentas tropicales repentinas, la desaparición total de algunos barcos no debería considerarse rara, desproporcionada, improbable, ni misteriosa.

Las estadísticas de los casos fueron exageradas debido a una pobre investigación. Por ejemplo, algunos botes informados como perdidos y que finalmente regresaron a su puerto con retraso, permanecieron registrados como «perdidos».

En los informes de Berlitz, en las circunstancias de las desapariciones confirmadas se miente o exagera. Por ejemplo, cuando Berlitz informaba que un barco había desaparecido en un día de sol, los informes del tiempo de esa fecha indican una tormenta tropical.

«La Leyenda del Triángulo de las Bermudas es un misterio fabricado... perpetuado por escritores que intencional o ignorantemente hicieron uso de conceptos erróneos, razonamiento defectuoso y sensacionalismo»

Críticas escépticas

Los críticos alegan que Berlitz y otros han exagerado los aspectos «misteriosos» de algunos casos (Berlitz mismo no abogaba por ninguna explicación paranormal), y arguyen que en el Triángulo de las Bermudas no hay más «desapariciones» que en ninguna otra área comparable del océano. Es de notar que la empresa de seguros Lloyd’s de Londres ha determinado que el triángulo no es más peligroso que ninguna otra zona del océano, y no cobra ninguna tasa inusual de aseguramiento por pasar a través de esa área. También la Guardia Costera confirma esto.

Los escépticos comentan que una evidencia más convincente de actividad paranormal sería la desapareción de un tren entre dos paradas, y que el hecho de que eso nunca suceda sugiere que la explicación paranormal no es necesaria para la desaparición de barcos y aviones en el océano, mucho menos predecible.
Respuestas racionales

A pesar de las creencias populares, los Guardacostas de los Estados Unidos y otras fuentes citan estadísticas que indican que el número de incidentes que involucran aviones y buques perdidos no es mayor que en otra parte del mundo igual de transitada. Mientras que se ha demostrado que muchos de los supuestos misterios no eran tales al analizarlos con detalle, teniendo inexactitudes que circulan durante décadas, algunos pocos todavía no tienen una explicación.

El resto de los casos puede ser explicado en términos banales.
Hidratos de metano

Distribución mundial de sedimentos hidratos de gas, en 1996.

Una explicación de algunas de las desapariciones apunta a la presencia de vastas zonas de hidratos de metano sobre las placas continentales En 1981, el United States Geological Survey informó la aparición de estos hidratos en el área de Blake Ridge

Las erupciones periódicas de metano podrían producir regiones de agua espumosa que podría no dar sustentación suficiente a los barcos. Si se formara un área de este tipo alrededor de un buque, éste se hundiría muy rápidamente sin aviso. Los experimentos en el laboratorio han probado que las burbujas pueden realmente hundir a un barco a escala, debido a que se disminuye la densidad del agua.

Algunos escritores han sugerido que este hidrato de metano liberado repentinamente en la forma de burbujas gigantes de gas, con diámetros comparables al tamaño de un barco, podrían hundirlo.
Sería posible que se creara una burbuja de gas metano desde el fondo del océano, tal como se describe, dicha burbuja gigante rompería debido a la gran presión del agua, y se convertiría en una miríada de burbujas menores antes de alcanzar la superficie. Al emerger, estas burbujas formarían una gran turbulencia, peligrando la flotabilidad. Aunque las burbujas formadas en un tanque de laboratorio puedan ser grandes comparadas con un barco a escala, el efecto no se puede comparar en la naturaleza debido a la relación entre las fuerzas de tensión superficial y gravedad.

Explicaciones de caídas de aviones

El gas metano también podría hacer caer aviones. El aire menos denso haría que los aviones perdieran sustentación.

Además, en el altímetro del avión (que mide la altitud) mide la densidad del aire. Como el metano es menos denso, el altímetro indicaría que el avión está subiendo. El piloto que viajara de noche o entre nubes (donde no puede ver el suelo), supondría que el avión está subiendo, y reaccionaría descendiendo, haciendo que el avión se estrellara.

Además, el metano en el motor arruinaría la mezcla de combustible y aire. Los motores del avión queman hidrocarburos (gasolina, aerofuel, aeronafta) mezclados con el oxígeno que provee el aire. Cuando los niveles de oxígeno ambiental descienden bruscamente, la combustión podría detenerse por completo, haciendo que el motor se apagara. Todos estos efectos del gas metano se han demostrado experimentalmente.

El impresionante fenomeno de la Combustión Humana Espontánea


Una de las anomalías que mayor entusiasmo provocan en los devotos de lo paranormal es la llamada Combustión Humana Espontánea (frecuentemente citada por sus siglas en ingles: SHC, Spontaneous Human Combustion).

Implica que un cuerpo humano, por lo usual vivo, comienza a arder de un modo súbito, sin una fuente de ignición externa conocida; al parecer, el fuego es producido por calor generado internamente, a través de algún mecanismo oscuro e indeterminado (existen varias teorías al respecto, todas igualmente insatisfactorias). Desde el siglo XVII hasta la actualidad se han documentado varias decenas de casos de este insólito evento.

En su versión más divulgada, el fenómeno nos es presentado de la siguiente manera: de forma inesperada, la víctima estalla en llamas; el fuego aparece bruscamente y sin causa discernible, es muy intenso y extremadamente localizado; en un lapso de tiempo muy corto, de minutos o aún de segundos, el cuerpo queda casi completamente destruido y reducido a un pequeño montón de cenizas grisáceas.

La víctima no tiene la más mínima posibilidad de pedir ayuda o de realizar maniobras salvadoras. Por contraste, los objetos ubicados en su proximidad quedan relativamente indemnes, incluyendo algunos tan extremadamente combustibles como una pila de periódicos o una caja de cerillas; en numerosas ocasiones, las ropas de la víctima resultan relativamente poco dañadas. Como detalle macabro adicional, algunos segmentos del cuerpo resultan casi intocados por las llamas, generalmente las piernas y los pies, en ocasiones los brazos.


Cuando no es destruido, el cráneo queda encogido hasta un tamaño inverosímil. Una capa de hollín grasiento suele quedar depositada en las paredes y en el techo de la habitación. En otras ocasiones, pequeños fragmentos del cuerpo quedan esparcidos por las paredes: es la "Explosión Humana Espontánea", aún más espectacular pero mucho menos documentada en la literatura.

Por supuesto, todo esto resulta realmente impresionante; de inmediato se agolpan en la mente imágenes de fuerzas ignotas y terroríficas, de dimensiones alteradas, de vorágines psíquicas, de poltergeists, y otras por el mismo estilo.

 Más terrenalmente, el fenómeno resulta particularmente insólito porque un cuerpo humano es, en condiciones normales, bastante difícil de quemar, si la idea es reducirlo a un montón de cenizas. Alrededor de tres cuartas partes del peso de un cuerpo humano son simplemente agua, lo que lo hace un pésimo substrato para la combustión.

En un horno crematorio, se requieren temperaturas entre 760 y 1100 °C durante dos a tres horas para destruir un cadáver (el tiempo varía de acuerdo al peso y la talla del mismo), dejando un remanente de 1800 a 3600 gramos de residuos sólidos. Y ni siquiera en estas condiciones los huesos son reducidos a polvo: quedan en forma de fragmentos de tamaños diversos, que deben ser sometidos posteriormente a un procesamiento mecánico.

Por lo visto, nos encontramos ante un fenómeno inexplicable desde el punto de vista de la llamada "ciencia oficial". ¿O quizás no? Pero, antes de sacar conclusiones, tengamos en cuenta dos puntos de cierta importancia:

1. La descripción que he dado del fenómeno es más o menos "standard" entre los divulgadores de lo paranormal; sigue los hechos a grandes rasgos, pero se caracteriza por un par de curiosas omisiones (omisiones, por otra parte, intencionadas; de ellas hablaremos más tarde), y contiene asimismo algunas falsedades bastante gruesas.

2. La víctima siempre está sola, y en consecuencia no hay testigos. De hecho, no existe ningún caso verificado en que alguien haya observado una de esas supuestas "combustiones humanas espontáneas". ¿Ni un testigo? Pues sí, ningún testigo, en toda la ya larga historia del fenómeno...

A veces, basta un ligero esfuerzo para convertir lo simplemente extraño en inexplicable. En los párrafos siguientes intentaré dilucidar que hay de mito y que hay de realidad dentro de este aparente misterio.

Algo de historia y unos pocos casos La historia no comenzó precisamente ayer. Como se mencionó al principio, existen varias decenas de casos documentados, nada menos que desde el siglo XVII. Pero hay que tener cuidado respecto a lo que significa "documentado": en ocasiones se trata de información de segunda, tercera o cuarta mano, a veces conocemos solo un nombre, a veces solo una fecha, muchas veces ni eso. Y en todo caso, "documentado" no significa, de ninguna manera "verificado".

El primer caso con fecha conocida data, según parece, de 1673, cuando un ciudadano de París, anónimo y según parece alcohólico, "fue reducido a una pila de cenizas y unos pocos huesos de los dedos, pero la cama de paja en la que murió quedó intacta" (Garth Haslam: Spontaneous Human Combustion; Brief Reports in Chronological Order). Al respecto, no conocemos otras circunstancias. Otros autores citan un caso de 1662, sin proporcionar más detalles.

Un caso famoso ocurrió alrededor de 1731 (curiosamente, se desconoce la fecha exacta): el de la condesa Cornelia di Bandi de Cesena, de 62 años de edad. Los restos de esta noble dama fueron encontrados por su doncella en el piso de su dormitorio (se presume que al ir a despertarla en la mañana). El cuerpo de la condesa había quedado reducido a una pila de cenizas "que dejaban en la mano una humedad grasienta y maloliente", pero las piernas y los brazos se encontraban relativamente intactos; parte del cráneo y la quijada se encontraban entre las piernas.

Las paredes de la habitación estaban cubierta de hollín, y el suelo de un liquido pegajoso; de la parte inferior de la ventana goteaba un extraño líquido amarillo y grasiento; la cama no había sufrido daños. En el piso se encontró una lámpara de aceite vacía, cubierta de cenizas. Según parece, la fuente original de esta descripción es un artículo de 1746; posteriormente, este caso sería citado nada menos que por Charles Dickens. Es de hacer notar que en este incidente se encuentran prácticamente todos los hallazgos no míticos que posteriormente se repetirán una y otra vez en los casos modernos, y que caracterizan a la llamada "combustión humana espontánea".

La primera investigación sistemática del fenómeno se le debe al francés Jonas Dupont, quien en 1763 publicó un libro titulado De Incendis Corporis Humani Spontaneis. Según se cree, Dupont se inspiró en un caso ocurrido en febrero de 1725 en Rheims, el de una mujer llamada Nicole Miller, encontrada quemada en el piso de su cocina.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX los casos menudean. Algunos de ellos resultan verdaderamente espeluznantes, como el de la Sra. Peacock, ocurrido en algún momento antes de 1809. El cuerpo de la desdichada mujer fue descubierto cuando a las dos de la madrugada sus restos carbonizados comenzaron a caer en la habitación de su vecino del piso de abajo, a través de un hoyo quemado en el suelo de madera. El gran novelista victoriano Charles Dickens no desdeñó el tema, y en su novela Bleak House, publicada en 1853, hizo morir a uno de sus personajes de esta manera tan dramática, empleando como recurso literario los detalles del caso de la condesa di Bandi.

A las objeciones de un crítico respecto a que la combustión humana espontánea era imposible, Dickens respondió en el prefacio de la segunda edición de su novela invocando los alrededor de treinta casos registrados hasta entonces. Por lo que se ve, las polémicas al respecto no constituyen ninguna novedad.

Posteriormente, el interés por la Combustión Humana Espontánea languideció, hasta que vino a reanimarlo el célebre caso de Mary Reeser, ocurrido el 2 de julio de 1951 en St. Petersburg, Florida, el cual es considerado como un "clásico" de la Combustión Humana Espontánea. La Sra. Mary Reeser, una obesa viuda de 67 años de edad, fue encontrada reducida a cenizas en su apartamento; el cuerpo había quedado casi totalmente destruido, a excepción de su pie izquierdo.

También se habían quemado el sillón donde se encontraba sentada, y una mesa y una lampara adyacentes; el resto del departamento sufrió muy pocos daños. Un detalle: la última vez que fue vista con vida - por su hijo, la noche anterior - la Sra. Reeser acababa de tomar dos cápsulas de Seconal, y fumaba un cigarrillo.

Los restos de Mary Reeser, encontrados en su departamento el 2 de julio de 1951. Este caso es considerado como un verdadero clásico de la SHC, y se le llamó "el misterio de la mujer-ceniza". Al ocurrir la tragedia, la Sra. Reeser, de 67 años, se encontraba bajo los efectos de los barbitúricos que había ingerido previamente. El reporte policial concluye que "una vez que el cuerpo empezó a arder, la casi completa destrucción ocurrió por la combustión de sus propios tejidos grasos".

Después vendrían otros casos no menos famosos: el de John Irving Bentley, un cirujano de 92 años de edad, en 1966; en 1980 el de Henry Thomas, de 73 años; en 1986 el de George Mott, un bombero retirado de 58 años que sufría de una severa enfermedad pulmonar, por citar solo algunos.

Algún investigador acucioso de los fenómenos paranormales ha intentado establecer un censo de los casos de supuesta Combustión Humana Espontánea ocurridos en los últimos años. Así, se ha llegado a determinar que en la década de los 50 ocurrieron once casos, en la de los 60 siete, en la de los 70 trece y en la de los 80 nada menos que veintidós.

Estas cifras sin duda lucen alarmantes, pero hay que mirarlas con desconfianza, por la franca tendencia de los divulgadores de estos fenómenos a mezclar casos "comprobados", con otros que no lo son tanto, con meros rumores y con cuentos que van de boca en boca. Garth Haslam, en su ya mencionada compilación Spontaneous Human Combustion; Brief Reports in Chronological Order, describe 53 casos desde el siglo XVII hasta 1982, de los cuales clasifica a veinte dentro de la categoría de "datos desconocidos o inseguros".

De aquellos que presentan "datos conocidos", quince ocurrieron a partir de 1951, y de estos, varios resultan muy sospechosos, como el de cinco hombres encontrados quemados dentro de un automóvil en una carretera rural de Kentucky en 1960, o el de una mujer anónima que supuestamente fue vista estallar en llamas "mientras caminaba", en Chicago en octubre de 1982, y que al final resultó ya estar muerta antes de quemarse, aparte de que se encontraron trazas de hidrocarburos acelerantes en sus ropas, o el de otra mujer desconocida encontrada quemada hasta morir "en algún lugar de Londres" (???) en 1964... ¿Cuantos de estos casos corresponden simplemente a crímenes y accidentes ordinarios? No hay forma de saberlo, precisamente por la falta de datos consistentes; pero se transmutan alegremente en SHC y pasan de inmediato a engrodar las estadísticas del misterio.

Por lo visto, las fuerzas más allá de nuestra comprensión necesitan de cuando en cuando una pequeña ayuda humana para que resulten convincentes. Exactamente igual que ocurre con el ya semiolvidado "misterio" del Triángulo de las Bermudas.

Los hallazgos clásicos La siguiente es la descripción de un caso bastante típico de supuesta "combustión humana espontánea", tomada y traducida de Tiempos Fortianos:

Un caso de aparente combustión humana espontánea ha ocurrido en el condado de Kerry, en la República de Irlanda. El 24 de marzo, John O'Connor, de 76 años de edad, fue encontrado muerto en la sala de su casa en Gortaleen, cerca de Tralee, por la enfermera comunitaria que lo visitaba regularmente. Ella notificó a las autoridades locales, quienes encontraron los restos carbonizados en una silla colocada a cierta distancia de la chimenea. El cuerpo había sido severamente dañado por un fuego intenso y localizado; solo su cabeza, la parte superior del torso y sus pies permanecieron sin quemarse. Había pocos daños en la habitación y los muebles.

El párroco de la localidad, Patrick McCarthey, quien asistió a la escena, dijo que le había parecido "como si alguien hubiera puesto petróleo en una lámpara". Tanto un teléfono como un aparato de alerta comunitaria se encontraban al alcance del occiso, lo que sugiere o que el fuego lo envolvió con gran rapidez, o que O'Connor estaba ya muerto cuando este se inició. Él había sido visto por última vez en la tarde del 23 de marzo.

Los reportes iniciales sugirieron que las autoridades locales mantenían la mente abierta a todas las posibilidades. Sin embargo, el superintendente Tom Conway, de la Estación de Tralee, que cubre el área de Castlemaine, fue rápido acerca de encontrar una causa. "El Sr. O'Connor era un fumador empedernido, y sabemos que en el pasado ya había sufrido desvanecimientos. También sabemos que él se había quemado a sí mismo malamente en el pasado. Hasta donde nos concierne, él perdió el conocimiento en la silla y se prendió fuego con un cigarrillo" - dijo a Tiempos Fortianos. Una pesquisa se encuentra en marcha.

Las similitudes con los casos descritos arriba de la condesa Cornelia di Bandi y de Mary Reeser saltan a la vista, incluidos un par de detalles que los divulgadores de lo paranormal optan por ignorar: en primer lugar, la presencia de una fuente externa de ignición bastante obvia; en segundo lugar, que la víctima a estado sola durante un período de tiempo más o menos prolongado.

También encontramos una suposición muy valiosa: la de que el anciano ya estaba muerto cuando el fuego se inició. Nótese que al redactor del reportaje no parece agradarle mucho que el superintendente sea tan rápido en encontrar la causa lógica del accidente; por lo visto, hubiera preferido que mantuviera "abierta la mente a todas las posibilidades" (¿Cuáles serán esas? ). Esto también resulta bastante típico del tema.

Por lo pronto, vayamos trazando un perfil de estos casos, excluyendo, por supuesto, los rasgos puramente mitológicos o legendarios de los mismos:

1. El evento siempre ocurre dentro de recintos cerrados, usualmente en el dormitorio de la víctima.

2. La víctima siempre está sola, y ha permanecido así por un período que usualmente abarca varias horas; en muchas ocasiones, el cuerpo se descubre "a la mañana siguiente". Nunca hay testigos, nadie se da cuenta de lo que está ocurriendo.

3. Las quemaduras generalmente son más severas que las que suele causar un fuego "normal". En un incendio convencional, el cuerpo casi siempre resulta carbonizado, pero queda más o menos completo. Además, las quemaduras por supuesta "Combustión Humana Espontánea" no se distribuyen uniformemente en el cuerpo: el torso y los muslos por lo general son los más afectados, quedando en muchas ocasiones destruidos casi por completo y reducidos a cenizas (incluyendo los huesos), pero las extremidades resultan relativamente indemnes (un pie, un brazo, a veces el cráneo).

4. La combustión es muy localizada: se quema el cuerpo y los objetos situados en su proximidad inmediata. Esto incluye las vestimentas de la víctima, que por lo general resultan completamente destruidas (en contra de lo que suele afirmar la mitología de la SHC), su asiento, las ropas de cama, una mesa ubicada junto a ella, el piso de la habitación donde yace, si este es combustible. Pero fuera de este círculo de destrucción, los objetos quedan relativamente indemnes.

5. El piso alrededor del cuerpo está casi siempre cubierto por una capa de sustancia grasienta, amarilla y maloliente; restos de dicha sustancia, o de "un hollín grasiento", pueden encontrarse también en el techo y en las paredes.

6. Los objetos que se encuentran por encima más o menos un metro del suelo muestran signos de daño por calor (por ejemplo, las tapas plásticas de los interruptores eléctricos, que se funden); los objetos por debajo de esa línea, no muestran daños.

7. Las víctimas en sí muestran algunas características interesantes: se ha estimado que el 80 % son mujeres; muchas son obesas o con sobrepeso, una gran proporción de ellas son alcohólicas o han estado bebiendo antes del accidente, es frecuente que sean de edad avanzada, otras presentan enfermedades crónicas. En general, puede decirse que siempre presentan alguna seria desventaja física que los coloca en gran riesgo de morir (de la supuesta combustión o de cualquier otra cosa).

8. Siempre existe una fuente externa de ignición en la habitación y cerca de la víctima. Muchas de las víctimas son fumadoras, y fumadoras de hábitos desordenados (como el anciano John Bentley, cuyo guardarropa estaba lleno de quemaduras de las cenizas de su pipa).

Otro clásico de la "Combustión Humana Espontánea".

Existia anciano médico de 92 años era un fumador tan empedernido como descuidado; muy probablemente sus ropas se incendiaron e intentó llegar al baño en un vano intento por obtener agua para apagarlas. Cuando cayo al suelo el linóleo que lo cubría actuó como fuente adicional de combustible, al igual que la madera debajo de este. La pierna quedo relativamente intacta probablemente por no estar envuelta en la bata de casa que llevaba la víctima.


La mitología de la SHC dice que la víctima estalla en llamas bruscamente y que es consumida en un lapso de tiempo muy corto (¿minutos? ¿segundos?). Pero, ¿cómo se puede afirmar esto si nunca hay testigos? Sin duda, los divulgadores consideran que el hecho de que la víctima no tenga la oportunidad de solicitar ayuda es una prueba de esto, pero no lo es.

 Si la víctima se encuentra alcoholizada, o inconsciente por cualquier otra causa (Mary Reeser había ingerido dos cápsulas de secobarbital), o incluso muerta en el momento en que se inicia el fuego, es improbable que pueda pedir auxilio de modo efectivo. A la inversa, si es capaz de solicitar ayuda, y esta llega a tiempo, y se descubre que ha estado fumando en la cama (por ejemplo), nadie pensará en Combustión Humana Espontánea (bueno, casi nadie, pues no faltará quien enarbole la bandera de la "supervivencia a la SHC", como veremos más adelante).

Recuérdese también que la víctima por lo general ha permanecido sola durante horas, por lo que el fuego puede haber estado actuando por un lapso de tiempo considerable. De hecho, es mucho más compatible con la completa destrucción de las partes óseas una incineración que actúa a temperaturas relativamente bajas durante horas que uno que se presenta en forma de "bola de fuego" que fulmina a la víctima. Y definitivamente, si hay una fuente de ignición externa, conocida y comprobable, no puede tratarse de una "combustión espontánea".

 Quizás deberíamos comenzar a hablar de la "Combustión Humana Provocada". Sonaría mucho menos sensacional, pero sería más ajustado a la realidad. Lo malo es que con una denominación así no se venden libros, ni se obtienen buenos encabezados periodísticos, ni se hace carrera en el mundo de los fenómenos paranormales.

En buena parte, la leyenda de la Combustión Humana Espontánea está construida en base exageraciones y omisiones de este tipo. Se omite la mención de las discapacidades de la víctima, del tiempo que ha permanecido sola y la presencia de una fuente de ignición; se exagera la velocidad con que el fuego la ha consumido, y se inventan algunos detalles adicionales y fantasiosos, como el tan manido de que "yacía dentro de sus ropas intactas". Si alguien piensa en realidad que las ropas de la víctima no se queman con ella, solo tiene que echarle un vistazo a las fotografías de esta página para convencerse de lo contrario

Otras combustiones y más hechos "inexplicables" Hasta el momento nos hemos referido únicamente a la "forma clásica" de la Combustión Humana Espontánea; sin embargo, parece ser que existen otras modalidades no menos inquietantes, extrañas y espectaculares. Garth Haslam, en su excelente y exhaustiva revisión del tema (véase el enlace correspondiente al final de la página), ensaya la siguiente sistematización del fenómeno:

Tipos de Combustión Humana Espontánea

Tipo 1: Casos fatales Subtipo 1: Quemaduras clásicas Subtipo 2: Combustión con testigos Subtipo 3: Quemaduras selectivas Tipo 2: Casos no fatales Subtipo 1: Llamas misteriosas Subtipo 2: Quemaduras misteriosas Subtipo 3: Humo misterioso

Haslam reconoce que tres cuartas partes de todos los casos corresponden a los casos fatales, y de estos, la mayoría entran en el Subtipo 1 de la primera clase, "Quemaduras clásicas", a las que también denomina "Quemaduras de dormitorio". Caracteriza las "quemaduras clásicas" por algunos hallazgos que ya nos resultan bastante familiares, como que el cuerpo de la víctima y sus ropas se encuentran reducidos a cenizas, que pequeñas porciones del cuerpo permanecen sin quemarse, la ausencia de extensión del fuego a los objetos que no están en la inmediata proximidad de la víctima, y el depósito de una sustancia grasosa en las paredes y el techo.

Resaltemos aquí un aspecto: Haslam no incurre aquí en las tradicionales supercherías, tan comunes, de afirmar que el cuerpo es destruido en "minutos o segundos" o que "las ropas estaban intactas", lo que resulta bastante alentador.

Más adelante, Haslam nos informa que en la mayoría de los casos existe evidencia de que la víctima pudo estar incapacitada o muerta antes de ser quemada, y de que "cuando los hechos completos de los casos son revisados, en la mayoría se encuentra una fuente de ignición que tradicionalmente ha sido ignorada por los repetidores de leyendas" (aunque eso ya lo sabíamos).

Haslam advierte que los casos fatales de esta primera clase "tienden a ser más fácilmente explicables, haciendo de ellos el foco de atención de los escépticos". Y considera, muy acertadamente que los del Subtipo 2 (combustión frente a testigos), por otra parte bastante menos comunes, "son evidentemente de más interés en la argumentación para la combustión humana espontánea".

Esto resulta bastante claro; si una persona se incinerara espontánea y bruscamente, y sin que medie causa discernible, frente a un grupo de observadores, constituiría un poderoso argumento a favor de la Combustión Humana Espontánea. Solo que, como reconoce el mismo Haslam muy honestamente, "desafortunadamente, muchos de los casos conocidos de este tipo están pobremente documentados y básicamente inconfirmados". Sería interesante saber porque piensa que ocurre esto, pero no nos lo informa en ninguna parte. No debería ser difícil verificar adecuadamente un caso que ocurre frente a testigos... a menos que tales casos sean simplemente inexistentes.

Haslam también describe un pequeño Subtipo de quemaduras fatales, a los que califica de "quemaduras selectivas"; esto significa que mientras la víctima se ha quemado hasta morir, existen objetos estrechamente asociados al cuerpo, y que por fuerza debieron quemarse también, que han resultado prácticamente indemnes. En esto se incluyen "las ropas de la víctima, la silla donde fue encontrada, etcétera". Demás está decir que "estos casos son evidentemente prometedores si se confirman; pero, otra vez, ellos tienden a estar pobremente documentados".

Pero aunque estén tan pobremente documentados, esta clase de quemaduras "selectivas" son indisociables de lo que la imaginería paranormal considera "combustión humana espontánea"; siempre suele escucharse que "el cuerpo carbonizado fue encontrado yaciendo dentro de sus ropas indemnes", "el asiento no fue tocado por las llamas", "la ropa de cama estaba intacta" y cosas por el estilo. Con frecuencia se asimilan abusivamente hallazgos de esta clase a los casos de "quemaduras clásicas", en donde simple y llanamente no tiene cabida, quizás para hacerlos más misteriosos.

Por otra parte, quizás exista una solución de sentido común si alguna vez se encuentra un cuerpo calcinado yaciendo sobre un sillón o una cama sin signos de daño por fuego. Simplemente, el cuerpo ardió en otra parte y luego alguien lo colocó en ese lugar. Pero primero habría que encontrar algún caso que no tienda a estar "pobremente documentado". Lo que por lo visto resulta bastante difícil.

Siempre de acuerdo a Haslam, una cuarta parte de los casos de Combustión Humana Espontánea involucran "casos no fatales". Sin duda, este podría ser también un filón prometedor. Incluyen las "llamas misteriosas", las "quemaduras misteriosas" y el "humo misterioso". No nos informa si estos casos han sido debidamente documentados o no, pero sí nos advierte de que "infortunadamente, las víctimas de estos eventos generalmente no tienen mejor idea de lo que ha ocurrido que los investigadores". Curiosamente, en su recopilación de casos, Haslam solo describe uno de este tipo, el de Jenna Winchester, fechado en octubre de 1980; pero como la única fuente que cita es un libro de Colin Wilson (escritor ingles dedicado a los temas ocultistas, con una credibilidad paralela a la un de un Charles Berlitz, por ejemplo) no da la impresión de que sea precisamente un caso bien "documentado", ni mucho menos.

Haslam, muy sabiamente, omite mencionar un caso famoso de "supervivencia" a la combustión humana espontánea: el de Jack Angel. Y sin embargo, este es constantemente citado por los devotos de lo paranormal. Veamos una breve descripción de este turbador caso, tomada de la página "Lo Inexplicable 1999":

En 1974, en Georgia, Estados Unidos, Angel se fue a dormir y despertó cuatro días mas tarde con unas quemaduras tan horribles que fue necesario amputarle el antebrazo derecho. Por otra parte, el pijama y las sabanas de la cama estaban intactos y no sintió ningún dolor hasta varias horas después de haber recuperado la conciencia. Angel no pudo recordar como se hizo las lesiones, incluso bajo regresión hipnótica.

Espeluznante ¿verdad? De repente, uno comienza a pensar que echarse a dormir puede resultar ser una actividad sumamente riesgosa. Pero busquemos más detalles. Concretamente, el caso ocurrió en Savannah, Georgia, a mediados de noviembre de 1974, y la víctima se encontraba en una casa rodante. En esta no había señales de fuego, y "su doctor" le dijo a Angel que "él no se había quemado externamente, sino más bien internamente".

Por lo visto, las tinieblas se hacen cada vez más impenetrables. Pero he aquí que de pronto nos enteramos, a través de la pluma de Joe Nickell, uno de los investigadores que más ha hecho por dilucidar este misterios, que en 1975, ese mismo Jack Angel intentó una acción civil contra el fabricante de la casa rodante, por supuesta negligencia. ¿Por no diseñarla a prueba de combustiones humanas espontáneas? Pues no, nada de eso; por negligencia "en el diseño del calentador y en la válvula del agua caliente, y por no proveer una adecuada advertencia de posibles daños". Por lo visto, el señor Angel había estado inspeccionando el calentador de agua, y repentinamente "la válvula de presión se liberó, y como resultado el agua hirviente a tremenda presión fue rociada sobre el demandante".

 Es claro que si alguien se escalda con agua hirviente, no tienen porque aparecer "señales de fuego" en ninguna parte, y que es muy natural que su pijama no este quemado. Según parece, nos encontramos ya a años luz de distancia de las regresiones hipnóticas. Lo que no impide que este caso siga siendo mencionado una y otra vez, con monótona insistencia y ad nauseam.

En resumen, ¿qué nos queda de todo esto? La clasificación que propone Garth Haslam es, quien lo duda, interesante e ilustrativa, pero presenta el grave problema de que muchas de sus categorías lucen sospechosamente vacías por carencia de casos adecuadamente comprobados que incluir en ellas. ¿Dónde están los casos verificados de "combustión frente testigos"? ¿Y los de los "humos" y "llamas" misteriosas? Por lo visto, en ninguna parte, al menos si hablamos de hechos irrebatibles.

Sacando fuera los rumores que van de boca en boca, del tipo leyenda urbana, y los casos que solo son mencionados por autores tan poco confiables como Charles Berlitz, Vicent Gadis, Colin Wilson y Larry Arnold, solo se encuentran adecuadamente comprobados los casos de lo que él llama "Quemaduras Clásicas". De lo que resulta que una clasificación tan exhaustiva y compleja difícilmente puede considerarse necesaria. Sin duda, antes de proceder a la clasificación de un fenómeno, es muy conveniente tener un fenómeno que clasificar. Lo que por lo visto, no es el caso.

Un caso "documentado" de Combustión Humana Espontánea.

En 1964, una mujer desconocida se quemo misteriosamente hasta morir "en algún lugar " de Londres. La única evidencia de este misterio es la fotografía adjunta. No sabemos nada de la mujer, ni de las circunstancias de su muerte, ni siquiera donde ocurrió con exactitud. La conclusión de que se trata de una SHC solo puede ser calificada de gratuita.

Varias hipótesis difícilmente necesarias ¿Es el cuerpo humano combustible? ¿Puede encenderse el mismo? Estas son dos preguntas claves con relación a la supuesta Combustión Humana Espontánea, y en torno a ellas ha crecido una frondosa selva de pseudorrespuestas y mistificaciones.

Nadie negará que existe un fenómeno que exige una explicación: como un cuerpo humano puede quemarse según el patrón que se ha descrito más arriba, y que se ha repetido en múltiples oportunidades. Como ya se señaló, en condiciones habituales el cuerpo humano en conjunto es un pésimo combustible. Pero hay que hacer énfasis en que hablamos de "condiciones habituales"; en condiciones especiales esto puede ser muy distinto. Y si bien es cierto que el cuerpo en conjunto es mal substrato para la combustión, existe una parte de él de la que no se puede decir lo mismo: el tejido adiposo, compuesto esencialmente de grasa, y con menos de un 10 % de agua.

Según Garth Haslam, el misterio de la Combustión Humana Espontánea estriba en "la aparente carencia de causas externas de la combustión; en los verdaderos casos de SHC, la única fuente de ignición que la lógica puede dictar es el cuerpo mismo". Pero ya hemos visto que la lógica puede dictar otras muchas fuentes de ignición antes de apelar a un recurso tan extremo e innecesario, con lo que los "verdaderos casos de SHC" quedan reducidos a nada (salvo, por supuesto, aquellos casos que están "pobremente documentados" y "básicamente inconfirmados").

La mente humana ha sido fértil para encontrarle explicaciones inverosímiles a un fenómeno que por lo visto es inexistente, o que siendo caritativos no ha sido nunca comprobado. Las primeras explicaciones eran, como suelen serlo siempre, de carácter eminentemente religioso. De pensaba que el afectado había sufrido alguna clase de castigo divino, lo que resultaba bastante convincente en el siglo XVII. Posteriormente se pensó que la causa de la "Combustión Humana Espontánea" era la excesiva ingesta de bebidas alcohólicas, una hipótesis totalmente implausible pero que retuvo su popularidad durante bastante tiempo. Es indudable que el alcohol si juega un papel, pero no por algún imaginario incremento de la combustibilidad del cuerpo: simplemente, incapacita e insensibiliza a la víctima.

Ya en el siglo XX, las "hipótesis" han menudeado; lo curioso es que la mayoría de ellas son aún más extrañas y menos verosímiles que el supuesto fenómeno que pretenden explicar. Entre ellas tenemos los "fantasmas de fuego" (fenómenos poltergeist incendiarios), la "gente eléctrica" (individuos capaces de generar electricidad estática, y que producirían chispazos que eventualmente incendiarían materiales combustibles), cortocircuitos de los campos eléctricos del organismo (por lo visto, esta es una variante de la anterior), la actividad energética geomagnética, alguna combinación química explosiva en el tubo digestivo, los llamados "rayos de bola" (¡nada menos que dentro de habitaciones cerradas!). También han sido implicados la ansiedad y el stress (???), en combinación con procesos metabólicos anormales. Larry E. Arnold, quien escribió un libro sobre el tema, demostró incluso ser más imaginativo: postula nada menos que una nueva partícula subatómica, el pyrotrón (???).

Es bastante interesante la teoría de que ciertos tipos de dieta puede producir una "combinación explosiva de químicos en el tubo digestivo". Ésta fue propuesta por Jenny Randles, y explica, entre otras cosas, porque no existen casos de combustión espontánea en animales ni en sociedades no descendientes de europeos. Realmente resulta notable que no se conozcan casos de "Combustión Bovina Espontánea", ni de "Combustión Canina Espontánea", ni tampoco de "Combustión Caprina Espontánea" (al parecer, los caprinos solo son atacados por el famoso "Chupacabras", y las vacas sufren mutilaciones por los alienígenas, pero no suelen explotar en llamas por sí solos; por lo visto, cada especie tiene sus problemas paranormales idiosincrásicos).

 En lo que respecta a las "sociedades no descendientes de europeos", es de hacer notar que la dieta de los habitantes de las clases media y alta de muchas grandes ciudades Latinoamérica no es tan diferente a la de los europeos y estadounidenses, pero a pesar de eso se oponen enérgicamente a ir inflamándose por el mundo. Algún factor genético, quizás...

Como estas explicaciones tan "científicas" no terminan de convencer, hay quien ha postulado la existencia de una "Combustibilidad Preternatural", especie de condición misteriosa que hace que ciertas personas sean capaces de estallar en llamas si se encuentran en las condiciones adecuadas (o más bien, inadecuadas, diría yo) y se exponen a una chispa.

Esta explicación no es tan torpe como a primera vista pudiera parecer, pues hábilmente desplaza el foco del problema de la fuente de ignición a la combustibilidad del cuerpo. Así, de golpe, la combustión humana deja de ser espontánea, pues existe una fuente externa de calor, pero sigue siendo igual de indescifrable. Que los escépticos sigan ondeando sus cigarrillos encendidos, sus pipas, sus hornillos y sus lámparas de aceite: tanto da, pues ya el problema no es ese.

Demás está decir que nadie ha sido capaz de probar que tal "combustibilidad preternatural" exista, ni dar alguna explicación de los extraños mecanismos que pudieran producirla, ni describir bajo que condiciones debería actuar. Por lo demás, el término "preternatural" implica que "se halla fuera del ser y estado natural de una cosa". ¿Qué puede significar en este contexto? ¿Otra vez la ira divina? ¿Puentes entre dimensiones? ¿Las carrozas de los dioses? ¿Alguna fuerza ignota más allá de nuestra comprensión?

Respecto a todas estas teorías, quizás venga a cuento citar aquí una sensata opinión de Jorge Luis Borges, que aparece en uno de los ensayos de Otras Inquisiciones:

Otro demérito de los falsos problemas es el promover soluciones que son falsas también. A Plinio (Historia Natural, libro octavo) no le basta observar que los dragones atacan en verano a los elefantes: aventura la hipótesis de que lo hacen para beberles toda la sangre que, como nadie ignora, es muy fría.

Otros datos Antes de seguir adelante, quizás sea conveniente dejar en claro algunos puntos que suelen prestarse a confusión cuando se habla de este tema.

El cuerpo humano posee, por supuesto, sus propios mecanismos metabólicos para generar calor, utilizando como substratos lípidos y carbohidratos básicamente. Esta es una auténtica combustión, en la que dichos substratos son oxidados, quedando como residuos anhídrido carbónico y agua. ¿Es factible que estos procesos metabólicos lleguen a generar calor suficiente como para producir que un cuerpo estalle en llamas espontáneamente?

Aquí cabe una sola respuesta: un no absoluto y tajante. Los procesos metabólicos de transformación de energía dependen de sistemas enzimáticos muy complejos, ubicados en las mitocondrias. Una enzima es esencialmente una proteína que actúa como catalizador de una reacción química. Sin la presencia de estos catalizadores, muchas de las reacciones químicas del organismo simplemente no se producen, o se producen a un ritmo muy bajo. Pero las enzimas solo funcionan dentro de unas condiciones muy definidas, que no pueden variar más allá de ciertos límites. En estas condiciones se incluyen rangos relativamente estrechos de pH y de temperatura.

¿Qué temperatura puede alcanzar el organismo humano en condiciones "normales" y sobre la base de sus propios mecanismos metabólicos? La temperatura corporal normal oscila aproximadamente entre 35,8 y 37,2°C. Por encima de los 42,2°C se produce daño cerebral irreversible y 45,6° se considera incompatible con la vida. Se han llegado a registrar temperaturas de 44 a 45°C en casos de golpe de calor, pero estas no son causadas por mecanismos metabólicos y fisiológicos intrínsecos, sino que dependen principalmente de factores ambientales exógenos, como la temperatura del medio y el nivel de humedad del aire.

Existen estados patológicos que pueden cursar con importantes incrementos endógenos de la temperatura corporal. Entre estos encontramos la hipertermia maligna. Se trata de un grupo de trastornos hereditarios que se caracterizan por un rápido incremento de la temperatura hasta cifras entre 39 y 42°C, después de la inhalación de ciertos anestésicos, y que puede ser muy difícil de tratar. Esta enfermedad ha dado pie a cierto folklore hospitalario que habla de pacientes que se han "carbonizado" sobre la mesa de operaciones, cosa que de hecho no ha ocurrido nunca, ni puede ocurrir a esas temperaturas. No; la hipertermia maligna no es, de ninguna forma, una "Combustión Humana Espontánea".

Es importante recordar que la homeostasis orgánica se mantiene dentro de unos límites relativamente estrechos. Por encima de cierto nivel de temperatura, alrededor de 42°C, los sistemas enzimáticos dejan de funcionar. Y la producción de calor depende de esos sistemas enzimáticos, por lo que no es de esperarse mayores aumentos de temperatura, salvo circunstancias realmente excepcionales (como el ya mencionado golpe de calor). Ninguna fiebre, por intensa o prolongada que sea, es capaz de incendiar a un paciente. Cuando la temperatura sube lo suficiente, los sistemas que originan el incremento simplemente ya no son operativos.

El mito rebatido Garth Haslam señala que la existencia de la Combustión Humana Espontánea se basa en tres supuestos principales: que las llamas atrapan a la víctima y la destruyen con gran rapidez, la ausencia de una fuente de ignición externa, y que el cuerpo es muy resistente a la combustión, por lo que el fuego debe, forzosamente, alcanzar temperaturas extremadamente altas para consumirlo; dichas temperaturas son claramente inalcanzables en condiciones habituales.

Cuando se revisan los hechos, queda claro que los dos primeros supuestos son claramente erróneos. Como ya se señaló, en todos los casos bien documentados - subrayo lo de bien documentados - siempre existe una fuente externa obvia de ignición, aunque los divulgadores de lo paranormal olvidan decírnoslo con pasmosa frecuencia.

 En muchos ocasiones las víctimas son fumadoras, en otras es encontrada cerca del hogar de la chimenea o de un hornillo; también ocurre que la víctima haya colocado entre las sabanas de su cama un ladrillo calentado. En aquellos casos procedentes de los siglos XVII y XVIII, la única fuente de luz disponible para la época era el fuego, ya fuera en forma de la llama de una vela o de una lámpara de aceite, como la que se encontró junto a los restos de la condesa Cornelia di Bandi.

La suposición de que el fuego se presenta de un modo tal que la víctima cae fulminada en el acto se basa en el hecho de que esta no tiene la menor oportunidad de solicitar ayuda o de efectuar alguna maniobra salvadora efectiva.

Bien, esto resulta bastante misterioso, que duda cabe, pero solo hasta que se examinan los casos y se observa una curiosa constante: de un modo u otro, la víctima siempre presenta algún factor que la coloca en severa minusvalía o las incapacita frente a cualquier situación de emergencia; en muchas oportunidades, la víctima pudo haber inconsciente o incluso ya muerta, antes de iniciarse el fuego. En ocasiones ese factor es la edad (la mayoría son ancianos; el famoso John Bentley tenía nada menos que 92 años; John O'Connor, 76); en otras, el hábito alcohólico.

 Muchas de las víctimas había, efectivamente, estando bebiendo antes de que ocurriera el evento. También pueden coexistir otras circunstancias: Mary Reeser acababa de ingerir dos cápsulas de secobarbital la última vez que fue vista con vida; George Mott tenía una enfermedad pulmonar tan severa que lo obligaba a tener un equipo de oxígeno en su habitación.

Es curioso que el fenómeno nunca se presente en adultos sanos; semejante selectividad nunca ha sido explicada satisfactoriamente por los creyentes en la SHC. También resulta extraño que jamás ocurra el fenómeno cuando hay alguien más presente en la habitación: nunca nadie ha sido testigo de una Combustión Humana Espontánea bien verificada. En todos los casos, la víctima se encontraba sola y no fue vista durante muchas horas antes de ser encontrada incinerada. Y el fuego pudo actuar durante todas esas horas.

Nos queda el tercer supuesto: como el cuerpo humano es extremadamente resistente a la combustión, algún factor paranormal debe intervenir para que esta se produzca. Aquí es donde los creyentes levantan la enseña de la Combustibilidad Preternatural.

Cierto, un cuerpo humano suele ser muy difícil de quemar, hecho del que pueden dar fe los expertos de los crematorios. Estos son constantemente citados por los defensores de la SHC, con declaraciones tales como que ellos "no pueden duplicar la completa destrucción de los huesos en un corto período de tiempo". Pero aquí hay que notar que se asume a priori que la combustión fue muy rápida, cosa de la cual no existe evidencia. Como ya vimos, el cuerpo puede haber estado ardiendo nada menos que durante horas antes de ser descubierto. Y si bien es cierto que para lograr una destrucción completa en un corto lapso se requieren temperaturas muy elevadas, esto es falso cuando se habla de combustiones prolongadas: mientras más larga es la combustión, menores son las temperaturas requeridas para obtener resultados similares.

Veamos como esto es posible.

La teoría de la mecha La lenta combustión del cuerpo por llamas a baja temperatura usando las ropas como mecha fue denominada "efecto vela" por D.J.Gee en 1965, y ha venido ganando adherentes progresivamente. En la literatura figura indistintamente como "candle effect" o "wick effect". La fuente de ignición original inicia el fuego en las ropas de la víctima; se quema la piel, y la grasa subcutánea comienza a derretirse. Esta grasa derretida se embebe en las ropas, las cuales actúan como una mecha; de esta manera, el mismo cuerpo proporciona el combustible necesario para mantener un fuego constante durante horas. La grasa humana fundida arde a una temperatura de 215°C, pero si se coloca una mecha puede arder a apenas 24°C.

Pero aún hay más.

Joe Nickell y John Fisher, el primero detective privado y el segundo analista forense, estudiaron los trece casos más significativos de SHC, encontrando que en aquellos casos en los cuales la destrucción del cuerpo fue relativamente menor, la única fuente significativa de combustible fueron las ropas del individuo, pero cuando la destrucción fue masiva, siempre existían fuentes externas adicionales de combustible, como la cubierta de una silla, el piso de madera, o la cobertura de éste (por ejemplo, el linóleo). Estos materiales debajo del cuerpo también contribuyen a retener la grasa que fluye del cuerpo, que a continuación es volatilizada y quemada, ocasionando mayor destrucción, que a su vez libera mas grasa, lo que permite que la combustión prosiga. La fuente de combustible adicional también permite que se alcancen temperaturas mucho más elevadas que las que serían de esperarse en condiciones "normales".

En 1998, el Dr. John de Haan, del Instituto Criminalístico de California, realizó un experimento utilizando un cerdo muerto para demostrar como un fuego relativamente pequeño puede consumir un cuerpo completamente, con la ayuda de la grasa corporal. Se eligió como "víctima" al cerdo, pues este tiene un contenido de grasa que se aproxima a la del cuerpo humano.

El cerdo fue envuelto en una frazada en la que se vertió una pequeña cantidad de gasolina y luego se le aplicó fuego. Luego de cinco horas de quemarse continuamente, el cuerpo del animal quedo completamente destruido, incluyendo los huesos. El tipo de daño fue exactamente igual al que ocasiona la supuesta "Combustión Humana Espontánea".

Dos fases del experimento del Dr. de Haan; el cuerpo del cerdo continúa ardiendo 5 horas

El efecto vela explica satisfactoriamente muchas de las peculiaridades asociadas a la nunca demostrada SHC. En una habitación cerrada, con pobre ventilación, el suministro de oxígeno es escaso, se consume rápidamente y mantiene una combustión lenta y humeante. Este humo grasiento asciende y se deposita en el techo y la parte superior de las paredes, lo que ocasiona los conocidos depósitos de material graso. La grasa fundida que cae al suelo pero que no llega a quemarse forma los conocidos depósitos de sustancia amarillenta y maloliente.

 El daño suele limitarse al área de la fuente de material combustible porque la cantidad de oxígeno en la habitación es insuficiente para iniciar otras combustiones; por otra parte, el fuego se extiende con más facilidad hacia arriba que lateralmente: la base de una llama es la parte de esta que tiene la temperatura más baja. La presencia de daños por calor en objetos por encima de cierto nivel es debida a que el aire caliente y el humo siempre ascienden.

Significativamente, casi siempre existen muebles, camas o alfombras involucradas. Estos materiales no solo proveen de una fuente continua de combustible, sino que promueven una combustión lenta y una capa aislante alrededor del fuego una vez iniciado.

Las mujeres y los obesos se caracterizan por poseer una gran cantidad de grasa subcutánea; por ende, le proporcionan al fuego una mayor cantidad de combustible, lo que garantiza una destrucción mayor. Además, una gran proporción de la grasa corporal se acumula de preferencia en el torso y los muslos, que son aquellas en las que justamente se concentran los mayores daños (y las que, paradójicamente, parecerían ser las más difíciles de quemar).

 Las áreas del cuerpo que no están cubiertas por ropas no se destruyen por completo o resultan menos dañadas pues en ellas el efecto vela no funciona (ya que no existe la "mecha"). Esa es la razón por la cual muchas veces quedan restos identificables de la cabeza, o una pierna fantasmagórica pero más o menos indemne.

Si en cualquiera de los casos citados el fuego se hubiera extendido por la habitación o al resto del edificio, nadie se hubiera asombrado por ello; simplemente se hubiera pensado, con toda lógica, que el cigarrillo de la víctima había incendiado la ropa de cama (por ejemplo), y que esta, por su edad o por haber ingerido alcohol o somníferos, no había podido escapar a tiempo o pedir ayuda. Por otra parte, un fuego de grandes proporciones llamaría muy rápidamente la atención y haría posible una pronta intervención de los bomberos, con lo que muy probablemente se encontraría un cuerpo extremadamente quemado, pero no destruido. Y eventos así ocurren con mucha frecuencia. De todas las muertes que ocurren cada año por incendios, en unas pocas (muy pocas), se dan las circunstancias adecuadas para que se presenta el extraño patrón característico que erróneamente se ha identificado como SHC. Pero ese patrón es explicable por los hallazgos encontrados dentro de los mismos casos. Lo demás es pura mitología.

Conclusión ¿Trágico? Sin la menor duda. Pero no inexplicable, ni sobrenatural o paranormal.

La conjunción de una serie de circunstancias desafortunadas ha dado lugar a esos desusados casos que tan liberalmente han sido interpretados como "Combustión Humana Espontánea". Pero antes de precipitarnos a imaginar un fenómeno del que nunca nadie ha sido testigo, y que viola las leyes conocidas de la física, la química y la biología, es conveniente asegurarse de que no exista una explicación lógica y natural.

En la exposición que antecede, se ha hecho hincapié en aquellos casos que pueden llamarse clásicos, y que están adecuadamente documentados. En muchos otros, la explicación puede ser aún más prosaica, incluyendo la acción de una mano criminal.

Precipitarse a imaginar fenómenos abstrusos con "explicaciones" sobrenaturales ante cualquier evento que a primera vista resulta extraño, equivale a retroceder a la etapa del pensamiento humano en que no se podía hacer nada mejor que sospechar de la actuación de los dioses y de los demonios. Pero me parece que algo debe de haber avanzado la humanidad desde entonces.

El mito de la Combustión Humana Espontánea demuestra el sencillo mecanismo por el que se crean muchas de las fábulas paranormales: suprimir algunas informaciones, falsear, exagerar o interpretar sesgadamente otras. Y todo con la finalidad de crear la impresión de una realidad - ficticia - que ponga en entredicho los basamentos de la siempre obtusa y dogmática ciencia "oficial", empeñada, y cuando no, en negar todo lo que no puede comprender o se sale de su esquema. Definitivamente, la verdad está afuera, pero muchos no se molestan en buscarla; sin duda, es mucho más cómodo (y remunerativo) inventarse milagros y fuerzas ignotas.

Los primeros casos de combustión espontánea
La extraña muerte de la señora Reeser es uno de los ejemplos mejor documentados de combustión humana espontánea (SHC, según sus siglas en inglés), de la que entre 1600 y 1900 se notificaron 97 casos en Europa occidental y EE.UU.

 En el libro Spontaneous Human Combustion, de Jenny Randles y Peter Hough, se recogen al menos 25 casos comprobados de este fenómeno durante el siglo XX. El primero en recopilar estos extraños sucesos fue el francés Jonas Dupont, quien en 1763 publicó De Incendiis Corporis Humani Spontaneis. Dupont se inspiró en un caso de la época, la extraña muerte de Nicole Millet, una anciana alcohólica a la que su marido, Jean Millet, propietario de una taberna en Reims (Francia) encontró calcinada.

Sólo las piernas, parte de la cabeza, algunas vértebras dorsales y otros huesos largos pudieron ser identificados. El resto de madame Millet había quedado reducido a una masa negruzca y grasienta. Como Jean mantenía una relación amorosa con una joven camarera, la policía le acusó de asesinato. Fue sentenciado a muerte, pero en el último momento el joven cirujano Nicholas Le Cat convenció al jurado de su inocencia al aportar numerosos informes sobre SHC.

Otro caso muy famoso fue el de la condesa Cornelia de Bandi, ocurrido en Cesena (Italia). La mañana del 14 de marzo de 1731 una doncella encontró junto a su cama un montón de cenizas que envolvían las piernas de la anciana con los calcetines intactos, su cráneo y tres dedos ennegrecidos. Ninguno de los muebles de la habitación había sufrido el más mínimo daño.¿FUEGO INTERNO?Aunque los estudios realizados a mediados del siglo XVIII determinaron que los tejidos animales impregnados de alcohol no pueden reducirse a cenizas ni siquiera aplicándoles una llama extrema, la SHC siguió siendo aceptada y apoyada por nuevas teorías. F. J. A. Strubel, un médico alemán que en 1848 dedicó su tesis doctoral al estudio de este fenómeno, sugirió que corrientes eléctricas generadas dentro del cuerpo podían transformar el agua en gases de hidrógeno y oxígeno, altamente inflamables.

 Otros especularon con la posibilidad de que un “fuego interno” fuera desencadenado por la electricidad estática creada al colisionar entre sí los componentes de la sangre. Pero el 13 de junio de 1847 un hecho cambió la visión del fenómeno. Ese día la condesa de Görlitz fue encontrada calcinada en su dormitorio en Alemania. En un principio el suceso se catalogó como un caso más de SHC, hasta que las investigaciones policiales averiguaron que había sido asesinada y posteriormente quemada por su ayuda de cámara, Johan Stauff. La publicidad del caso y el ridículo hecho por los forenses hizo que los médicos pensaran que tal vez todos los casos de SHC podrían tener una explicación tan racional como la de éste. Para mediados del siglo XX la clase médica consideraba la SHC como una superstición .