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lunes, 11 de julio de 2011

Ultima hora: Más de cien muertos tras un naufragio en Rusia





Los cadáveres de unas 110 personas, entre ellas 30 niños, permanecen en el interior de una embarcación turística que se hundió en el río Volga en Rusia, según citó el lunes la agencia de noticias Interfax a los servicios de rescate.



El número de cuerpos rescatados era de ocho el lunes por la mañana, mientras varias decenas de buzos registraban el interior del "Bulgaria", construido hace medio siglo con dos plantas y que según los supervivientes volcó de lado y se hundió en pocos minutos el domingo durante una tormenta.



Unas 80 personas fueron rescatadas, la mayoría por un barco que pasaba por la zona después de más de una hora en el agua, informó la portavoz del Ministerio de Emergencias, Irina Andrianova.



Andrianova dijo a Reuters que creía que había 185 personas a bordo del barco, pero la oficina regional del ministerio en Tatarstán dijo posteriormente que la cifra era de 199, entre ellos 18 pasajeros sin registrar, y que los supervivientes eran 79, 56 pasajeros y 23 integrantes del personal.



A las 04:00 GMT habían sido rescatados los cadáveres de cinco mujeres, dos hombres y un niño, dijo un portavoz de la oficina regional.



El barco había llegado el sábado a una localidad río abajo y volvía el domingo a la capital regional, Kazan - capital de Tatarstán, a unos 830 kilómetros al este de Moscú-, cuando zozobró a unos tres kilómetros de la costa en aguas con 20 metros de profundidad, dijo la rama regional del ministerio.



"Casi ningún niño lo logró, dijo una mujer a la televisión estatal Rossiya-24, que contó cómo perdió a su hija cuando intentaban escapar. "Había muchos niños en el barco, muchos".



El presidente Dmitry Medvedev ordenó a los investigadores que determinen la causa del desastre y encuentren al responsable. Medios rusos señalaron como causa probable la antigüedad del barco construido en 1955 en la entonces Checoslovaquia, y su estado.



Los cruceros por el Volga, que cruza el corazón de Rusia cientos de kilómetros al este de Moscú y desemboca en el mar Caspio, son muy populares tanto entre rusos como entre extranjeros.



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martes, 21 de junio de 2011

Al menos 44 muertos en un accidente de avión en Rusia(21/26/2011)

                                                    



Al menos 44 personas murieron cuando un avión Tupolev-134 ruso se estrelló y se incendió mientras aterrizaba en medio de una densa niebla en el norte de Rusia, informó el martes una portavoz del Ministerio de Emergencia.



El avión, que llevaba 43 pasajeros y nueve tripulantes, se estrelló a un kilómetro de la pista del aeropuerto en las afueras de la ciudad de Petrozavodsk, en el norte del país, alrededor de las 23.40 hora local del lunes (1940 GMT).







"La información preliminar señala que hay 44 muertos", dijo la portavoz por teléfono. "Hay ocho heridos", agregó.



La portavoz dijo que el avión llevaba nueve tripulantes, mientras que responsables habían señalado más temprano que eran cinco.



Fotografías en el sitio de Internet www.lifenews.ru mostraron a bomberos luchando para controlar el incendio entre los restos del avión, que se estrelló a unos 700 kilómetros al norte de Moscú.



El sitio de noticias, que publicó una lista completa de los pasajeros, dijo que un niño de 10 años de nombre Anton había sobrevivido al accidente, pero no dio más detalles de su estado.



El accidente se produjo poco antes del inicio del Paris Air Show, en el que se esperaba la presencia del primer ministro ruso, Vladimir Putin.



El avión, operado por la compañía privada RusAir, había partido del aeropuerto Domodedovo de Moscú.



RusAir, que se especializa en vuelos chárter, declinó hacer comentarios de inmediato.



La mayoría de los pasajeros eran rusos, informó la agencia de noticias Interfax.



El Tupolev-134 es un avión soviético y su primer vuelo fue en 1967. No estaba claro el año de fabricación de la nave que protagonizó el accidente.



Ya se recuperaron las cajas negras del avión.



El presidente Dmitry Medvedev, quien cambió su Tupolev por un jet ejecutivo de fabricación francesa, criticó en abril los defectos de los aviones de fabricación rusa y la cantidad de accidentes aéreos en el país.



Uno de los desastres de más alto perfil con un Tupolev fue el ocurrido en abril del 2010, cuando el Tu-154 oficial del presidente polaco Lech Kaczynski se estrelló en el norte de Rusia, matando a 96 personas, entre ellas el mandatario, su esposa y un gran número de altos cargos de ese país.



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miércoles, 20 de abril de 2011

Impresionante:Un internauta presencia en China el crimen de una joven en Canadá





El asesinato de una estudiante el pasado viernes en Toronto fue presenciado, al menos parcialmente, por un amigo en China cuando mantenían una vídeo conferencia por internet, informó hoy la Policía canadiense.



La joven china Qian Liu, de 23 años, dialogaba por internet con un amigo en el país asiático cuando su conversación fue interrumpida por un individuo que entró en su apartamento, agregó la fuente oficial.



Tras una Breve conversación con la estudiante, el desconocido y Liu empezaron a forcejear, y posteriormente el atacante apagó el portátil de la víctima y se lo llevó.



Cuando los agentes llegaron al apartamento, diez horas después del incidente y a petición de la familia de Liu que reside en China, se encontraron con el cuerpo sin vida y semidesnudo de la estudiante.



El periódico "The Globe and Mail" informó de que Liu pudo haber fallecido por una inyección letal La policía informó hoy de que todavía no sabe la causa de la muerte, aunque el cuerpo no presentaba señales claras de traumatismo o de violación.



Sin embargo, el periódico "The Globe and Mail" informó en su edición digital de que Liu pudo haber fallecido por una inyección letal.



El testigo desde China dijo a la Policía que el atacante era un hombre de raza caucásica de entre 20 y 30 años de edad.



La Policía de Toronto anunció que ha identificado a una persona a la que solicitó que se presentase de forma voluntaria a declarar en comisaría.



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jueves, 13 de mayo de 2010

Una de las infinitas razones de porque dejar de FUMAR¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡


El tabaco puede hacer perder hasta 14 años de vida a los fumadores, según ha afirmado el doctor José Miguel Rodríguez González-Moro, neumólogo del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y presidente de la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica

En España se estima que cada día mueren más de 140 personas (cerca de 60.000 al año) y no sólo entre personas mayores, como se considera, sino también entre los jóvenes, uno de cada tres fallecidos tiene entre 35 y 65 años.

Además, se sabe que el 30 por ciento de la población española mayor de 15 años y el 26 por ciento de los jóvenes entre 16 y 24 años fuma. "Estas cifras convierten al tabaco en la principal causa de enfermedad y muerte prevenible en los países desarrollados. De hecho es, junto con la hipertensión, el desencadenante de una de cada cinco muertes evitables", añade.

El experto ha participado en un encuentro llevado a cabo con motivo de la celebración del Master Series de Tenis de Madrid, donde las sociedades de pacientes de enfermedades respiratorias y cardiovasculares han puesto un 'stand' dirigido a la información y promoción de la salud respiratoria.

Esta iniciativa de la Confederación Española de Pacientes Cardiovasculares (CONESPACAR) y la Federación Nacional de Asociaciones de Enfermedades Respiratorias (FENAER) cuenta con el apoyo logístico de Pfizer y la colaboración y participación activa de Neumólogos de NEUMOMADRID.

"Esta iniciativa es de gran valor si consideramos que a fecha de hoy enfermedades respiratorias como asma, EPOC, cáncer de pulmón o apnea del sueño afectan a una elevadísima proporción de la población y son causa no sólo de muerte sino de gran deterioro de calidad de vida", advierte la doctora Pilar de Lucas, directora de Relaciones Institucionales de NEUMOMADRID,

También ha añadido que "prevenir estas enfermedades resulta relativamente mediante sencillo medidas de promoción de la salud tales como el abandono del tabaquismo, el control de la obesidad y la mejora de la calidad medioambiental de nuestras ciudades".

Durante estas jornadas los neumólogos realizaron exploraciones diagnósticas sencillas, fiables y no invasivas, como es la espirometría (para medir la capacidad pulmonar) y la cooximetría (mide la cantidad de monóxido de carbono en los pulmones) y el test de Fagerström (para saber la dependencia a la nicotina), al tiempo que se facilitará consejo médico sobre salud pulmonar. También se ha instalado un stand informativo en el que se entregarán folletos y en el que se llevarán a cabo estas pruebas.

lunes, 10 de mayo de 2010

¿Todavia no crees en los FANTASMAS?


Algunos investigadores del tema, más de acuerdo con la época, han manifestado que los fantasmas son producto del subconsciente y que sólo los ven con la imaginación ciertas personas. Pero, si esto fuera cierto, ¿qué explicación podría darse a tantos casos increíbles?.

¿Regresan Las Almas De Los Difuntos?

¿Cómo explicar la presencia de un espíritu, que viene a informar acerca de algo que el testigo desconocía, es decir, que no estaba contenido en su subconsciente? Los antiguos tenían en gran respeto a estas apariciones y es por esta razón que han llegado hasta nosotros tantos testimonios valiosos.

Uno de los episodios con espíritus más antiguo es el que vivió el poeta griego Simónides (556-467 a.C.). Iba a emprender un viaje por mar. Daba la víspera un paseo por la playa cuando encontró un cadáver abandonado en la playa. Abrió un hoyo y le dio sepultura. Aquella misma noche se presentó ante él el alma del difunto y le aconsejó no embarcar. El poeta siguió el consejo y salvó la vida, puesto que el barco naufragó y murió hasta el último pasajero.

Otro caso extraño es el de Cicerón cuatro siglos más tarde. Decía que dos viajeros procedentes de Arcadia llegaron a Megara para pasar la noche. Uno encontró alojamiento en casa de un amigo, mientras el otro se acomodaba en una posada.

El primero acababa de cenar cuando le pareció ver la figura de su compañero pidiendo ayuda. Decía que el posadero iba a asesinarlo. Una hora más tarde regresó la figura, pero esta vez para decir que era ya muerto y que el posadero se había quedado con su bolsa. Su cuerpo estaba oculto en una carreta, bajo una capa de estiercol. Debía aclarar la verdad, porque el posadero tenía la intención de llevar el cuerpo lejos de la ciudad para enterrarlo. El hombre escéptico fue a ver, finalmente, al posadero. Lo encontró en la carreta, dispuesto a irse. Le gritó que quería ver el cuerpo que había escondido en la carreta. El posadero huyó al verse descubierto.

Otra historia de aparecidos que hizo las delicias de los romanos que vivieron en el siglo I de nuestra era sería dada a conocer por Plinio el Joven (32-113). El filósofo Atenágoras compró una casa que, según se decía, estaba embrujada. Le pareció que la vendían a muy buen precio y se fue a vivir en ella. No tardó en conocer a su habitante nocturno. Mientras trabajaba una noche a la luz de una vela escuchó ruido de cadenas que se aproximaban al cuarto donde se encontraba. Abandonó el filósofo la tarea para ver quién lo interrumpía y descubrió a un anciano en harapos, con expresión de loco, quien le hizo un gesto para que lo siguiese. Tuvo que insistir el aparecido varias veces antes de que Atenágoras lo acompañase hasta un patio interior, donde se desvaneció en el aire.

La mañana siguiente contrató el filósofo a un hombre para que abriese un hoyo en aquel lugar. Apareció un esqueleto cubierto de cadenas. Las autoridades llegaron a la casa y, después de opinar que se trataba del anterior dueño de la casa, quien había desaparecido años antes, se llevaron los huesos para darles sepultura. El fantasma dejó de visitar al filósofo. Este pudo terminar su libro.

Historias Sucedidas No Hace Tanto Tiempo

Atenágoras no tenía por qué saber dónde se encontraban los restos del desconocido, pero en otra visita del más allá sucedida casi trece siglos más tarde, hay dudas de que la historia pudo ser inventada por los hijos de Dante Alighieri, el gran poeta florentino muerto en 1321.

Jacopo y Piero se habían dado cuenta de que faltaban los últimos cantos de la Divina Comedia, los relativos al Paraíso. Pensaron redactar ellos mismos el final de la obra, para publicarla cuanto antes. No tuvieron que recurrir a medidas tan extremas. Tal vez lo escuchó su ilustre progenitor desde el otro mundo, o bien inventaron ambos una hermosa historia, pero el caso es que ocho meses después de muerto, apareció el fantasma del poeta. Iba envuelto en un ropaje blanco y señaló a Jacopo el lugar exacto donde había dejado sus manuscritos, en un escondrijo secreto. Jacopo corrió en busca de Piero Guardini, discípulo de su padre, y hallaron entre los dos lo que tanto habían anhelado. La obra de Dante pudo ser publicada finalmente.

Pocos años más tarde sucedería el episodio de Petrarca (1304-1374), el gran poeta renacentista famoso por sus amores con Laura. Una noche despertó Petrarca y vio desde la ventana a su amigo el obispo de Lombes, paseando por el jardín. Dijo monseñor que venía de Gascuña y que se dirigía a Roma. El poeta dijo que lo acompañaría en su viaje, pero el obispo negó con una sonrisa. Todavía no le llegaba la hora. No tardaría Petrarca en saber que el obispo falleció la misma noche que lo visitó su espíritu.

La misma Catalina de Médicis que tantos problemas tuvo con su brujo personal, el italiano Ruggieri, se acostó la noche del 23 de diciembre de 1574 rodeada por varios cortesanos, según era costumbre en la corte de Francia. Contemplaban a la reina un rato, mientras caía en brazos de Morfeo y se retiraban en seguida de la alcoba. Estaban aquella noche en torno a Catalina el rey de Navarra, el arzobispo de Lyon y los señores de Retz, Sauve y Lignerolles. De pronto, la reina declaró que acababa de aparecer ante ella la figura del cardenal de Lorena, tendiéndole una mano. Catalina envió un emisario a casa del cardenal. Pocos minutos más tarde se enteraban, quienes no habían abandonado la alcoba, que el santo varón acababa de entregar a Dios su espíritu.

Monseñor Luis de Sales se encontraba el 28 de diciembre de 1622 en el castillo de Thuille, rodeado por sus familiares, cuando sonó con fuerza la campanilla de la puerta. El sirviente que fue a abrir no encontró a nadie, y apenas había cerrado cuando se repitió el estridente sonido. Monseñor, al enterarse de lo sucedido, ordenó descolgar la campanilla, se hincó y comenzó a rezar por el alma de un amigo difunto. Este amigo difunto resultó ser su propio hermano, quien falleció en la ciudad de Ginebra a la misma hora de los campanillazos.

En 1759 falleció en Francia el matemático Pierre Louis de Maupertuis, miembro de la Academia. Siendo las tres de la tarde, el difunto fue visto por varias personas, en el edificio de la Academia. Estaba sentado, realizando unos cálculos. Cuando uno de los testigos le dirigió la palabra, se desvaneció en el aire.

También el gran naturista sueco Linneo (1707-1778) tuvo ocasión de vivir una experiencia memorable. La noche del 12 de julio de 1765 escuchó unos ruidos cuando se encontraba trabajando en el museo por él creado. Reconoció los pasos de su viejo amigo Karl Clerk. Se levantó y fue en su busca, pero no encontró a nadie. Días más tarde se enteraría de que Clerk había fallecido a la misma hora en que oyó sus pasos vacilantes.

Ejemplos Muy Curiosos Sucedidos El Siglo Pasado

Un caso muy extraño, en el que hubo de por medio un sueño clarividente, tuvo lugar días antes del 7 de septiembre de 1812, cuando el ejército ruso se enfrentó al francés en Borodino. La condesa Tuchkova soñó una noche que se encontraba en una ciudad desconocida y que veía a su padre. Este le decía que el conde su esposo acababa de morir en la batalla de Borondino.

La condesa contó el sueño a su esposo quien, a pesar de ser general en el ejército, jamás había oído hablar de ninguna población llamada Borondino. Sin embargo, existía ese lugar, situado a once kilómetros de Moscú, donde se libraría poco después una batalla en la que los rusos llevaron la peor parte. La condesa, que esperaba el resultado de la lucha en una ciudad que desconocía, se encontró con su padre, quien le informó sobre la muerte del conde.

El 17 de marzo de 1863, la baronesa de Boireve ofrecía una cena en su departamento del primer piso de la rue Pasquier número 26. Estaban el general Fleury, ayudante de Napoleón III, monsieur Devienne, primer presidente del tribunal de justicia, monsieur Delevaux, presidente del tribunal del Sena, y otros personajes importantes. Durante la cena se habló de la expedición a México, iniciada el año anterior. La baronesa preguntó al general si tenía noticias de su hijo, el teniente de cazadores Honorato de Boisleve, quien formaba parte del grupo. Al terminar la cena, la baronesa se levantó para dirigirse a la sala donde se serviría el café. Los comensales oyeron un grito. La señora se había desmayado. Al volver en sí contó una historia extraordinaria.

Había visto a su hijo de uniforme, pero sin armas y sin quepis. Su rostro poseía una palidez espectral y en el ojo izquierdo ensangrentado se abría un espantoso orificio. Era tan terrible la impresión que la dama creyó morir. La tranquilizaron diciendo que se trataba de una alucinación causada por los nervios. A la mañana siguiente se había recobrado ya. Pero unas semanas más tarde se le informó oficialmente que el 17 de marzo, siendo las 2:50 de la tarde, Honorato de Boisleve recibió una bala en la cabeza durante el asalto a Puebla y murió al instante. La diferencia de horario se explicaba por la de los meridianos, puesto que en América sale el sol unas siete horas antes que en Europa.

Una noche de 1880, Lord Dufferin despertó sobresaltado en una casa de Irlanda a donde había sido invitado. Se asomó a la ventana y vio en el jardín a un hombre que se tambaleaba bajo el peso de un ataúd. Lord Dufferin le preguntó airadamente qué hacía a hora tan tardía. El hombre le levantó la cabeza y mostró una expresión horrorosa. Diez años más tarde, Dufferin se encontraba en París. En el momento de entrar en el ascensor del Grand Hotel retrocedió al reconocer en el ascensor al hombre que lo asustó aquella noche en Irlanda. Se negó a subir. Fue a la gerencia a indagar sobre la identidad de aquel misterioso individuo. Nadie lo conocía. Y mientras hablaba con el empleado, un espantoso ruido estremeció el edificio. Acababa de desplomarse el elevador desde el quinto piso, matando a todos sus ocupantes.

Otros santos que también abandonaron la tierra en algún momento y permanecieron suspendidos a corta distancia del suelo, sin realizar grandes prodigios fueron Francisco de Paula, Francisco Javier, Tomás de Villanueva, Ignacio de Loyola y Luis Beltrán. Casi todos ellos vivieron en los países más católicos, como eran Italia y España, pero también conserva la historia casos sucedidos al otro lado del Atlántico.

Al venerable Antonio Margil, franciscano que vivió en Guatemala y en la Nueva España en el siglo XVIII, se le atribuye una singular aventura que sería presenciada por el padre Jerónimo García.

Se había presentado éste en la capilla para llamar a la primera misa del día cando sintió una corriente de aire. Levantó la mirada y vio al padre Margil, los brazos abiertos, dando vueltas por la bóveda como un pájaro buscando la salida del lugar donde lo encerraron.

En cuanto al caso muy especial de Teresa de Ávila, ella misma se ocuparía de reseñarlo en las memorias de su vida. Y su Acta Sanctorum se encargaría de confirmar sus numerosos vuelos, algunos de los actuales serían presenciados por el padre Bruno. La santa había sabido mantener en secreto sus habilidades. Sus compañeras del convento fueron discretas y jamás dijeron nada de lo que vieron, pero llegó el día en que todo se descubrió.

Durante una misa celebrada por el obispo Álvaro de Mendoza, las religiosas escuchaban detrás de un orificio abierto en un muro de la iglesia. El obispo descendió lentamente del altar, seguido por sus acólitos, para entregar la hostia a las monjas. En el momento de hincarse Teresa, iluminó su rostro una expresión de beatífica dicha.

Siguió un grito de pánico al sentir que se elevaba sin poder evitarlo. Y mientras el obispo le tendía la hostia, la religiosa ascendió hasta perderse de vista. En el momento de perder contacto con la tierra, intentó resistirse, pero aceptó finalmente lo que muchos consideraban un milagro.

Otros Casos Igualmente Interesantes

El famoso novelista francés Alejandro Dumas contaba que su padre el general Dumas murió el 26 de febrero de 1806 en la población de Villers-Cotteret cuando el tenía cuatro años. Aquella noche, él y su prima fueron despertados por unos fuertes golpes. La joven se levantó asustada. El niño la imitó y, tomando una vela, fueron los dos al piso de abajo. Al preguntar Alejandro a su prima que podía causar aquellos ruidos, contestó ella que era su padre, que informaba así que acababa de morir y venía a despedirse de ellos.

Algo por el estilo le sucedería después a Walter Scott, el gran novelista escocés autor de Ivanhoe. Vivía en una casona de Abbotsford, que había sido decorada y amueblada por su gran amigo George Bullock. El 30 de abril, Scott escribió a Daniel Terry, amigo de ambos, para decirle que lo había despertado la noche anterior un ruido violento, pero que no pudo hallar al culpable. Días después contestaría Terry: Bullock murió en el preciso momento de producirse los ruidos sobrenaturales.

Giuseppe Cavagnaro era estudiante en 1899 en la ciudad de Génova. Una mañana repasaba una lección de griego cuando se abrió una puerta y entró una joven n camisón, de largos cabellos castaños. Dedicó una sonrisa a Giuseppe y penetró en una habitación contigua, donde se encontraba el padre del estudiante. Como éste preguntase más tarde por la desconocida, el padre no supo que contestar. Buscaron los dos por toda la casa. Nadie había visto a la joven. Consultaron el caso con los vecinos y vinieron a enterarse de que el año anterior había muerto en la habitación del estudiante una muchacha idéntica a la descrita por el estudiante, en circunstancias dramáticas.

El pintor belga Jean Laudy visitaba a unos amigos en la población minera de Charleroi. El pintor preguntó a quién pertenecía la mano que se agitaba a los lejos, como diciendo adiós. Sus amigos nada vieron. Debía ser una ilusión óptica. Pero días más tarde, Laudy recibía una carta desde Charleroi. En el mismo lugar donde vio agitarse una mano como despidiéndose se había suicidado un joven dos días antes.

El pintor Toulouse-Lautrec vivió durante su niñez en el castillo de Boussagues, en el sur de Francia, que pertenecía a partir de 1890 a la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia. El pintor murió el 9 de septiembre de 1901, a la edad de treinta y siete años. Su madre recibiría más tarde una carta firmada por cierta sor Delfina. decía que solía visitar el castillo un hombre vestido de blanco, de corta estatura y larga barba negra, quien se dirigía a ella para pedir un vaso de coñac. Al no ser atendida su petición, se alejaba furioso, deteniendo a su paso el péndulo del reloj.

Otra aparición famosa sería la de Arthur Conan Doyle, cuyo espíritu airado se presentaba en la casa donde antes vivió para protestar por la instalación de un elevador. También sería recordado el fantasma visto en el campo de batalla delga durante la Primera Guerra Mundial. Era un extraño guerrero envuelto en una luz, montado en un caballo blanco, que levantó su larga lanza en dirección a los soldados alemanes. El extraordinario espectáculo sería contemplado por miles de combatientes de ambos bandos. Los ingleses dirían que era San Jorge en persona, que llegó el 28 de agosto de 1914 en su ayuda, en el campo de batalla de Mons.

También en la Primera Guerra Mundial ha llegado la historia de cierto Ostrovsky, que huyó con su familia de Rusia, durante la Revolución de Octubre, y llegó a un hotel de París. La primera noche, escuchó unos pasos y vio a un oficial francés tomar asiento en un sillón, sacar un arma y dispararse un tiro en la cabeza. El joven Ostrovsky corrió en busca de ayuda. Encontró a un empleado que no pareció impresionarle con la noticia. Acompañó al ruso al cuarto. Nadie había en el sillón. Explicó que un capitán francés se había suicidado en el mismo cuarto la semana anterior y que aparecía de vez en cuando.

Pero de todos los casos conocidos de visiones fantasmales, tal vez el más curioso haya sido el sucedido en 1901 en Versalles.

Era Una Calurosa De Verano

En ciertas ocasiones todavía es posible ver reflejado en uno de sus espejos la figura agresiva de Goerges Clemenceau, artífice de la victoria aliada sobre los alemanes y encargado en 1919 de negociar el llamado Tratado de Versalles. Pero ver los fieros bigotes de aquel político a quien apodaron el Tigre no se compara con lo que tuvieron ocasión de contemplar 18 años antes, en el mismo palacio, dos maestras inglesas: Carol A. E. Moberley y Emily F. Jourdain.

Habían llegado a Versalles y recorrieron sus jardines por todas partes. Finalmente, se sintieron fatigadas y buscaron un guía que les indicase la salida. Pero no sólo no encontraron a nadie, sino que sintieron una extraña quietud en el aire. Se encontraron de pronto con dos hombres vestidos a la moda de fines de siglo XVIII. Las dos inglesas supusieron que iban a una fiesta de disfraces. Les preguntaron por la salida. No recibieron ninguna respuesta. Siguieron su camino y pasaron cerca de una casa, a cuya puerta vieron a una jovencita y una anciana, ataviadas también a la moda de un siglo antes.

Fueron desfilando otras personas igualmente con ropas como las usadas en los tiempos de Luis XV... Finalmente llegaron a la puerta de salida y se encontraron fuera de los antiguos dominios reales. Tomaron el primer tren y llegaron a Inglaterra. Cada una de las misses escribió entonces cuanto vio y se lo dio a leer a su compañera. Coincidían los relatos. No había sufrido una de ellas alucinaciones, sino que habían contemplado el mismo fenómeno.

Regresaron tres años más tarde a Versalles, para examinarlo todo con calma. No encontraron a nadie disfrazado, ni tampoco algunos edificios que vieron la primera vez. Se dedicaron entonces a estudiar la historia de Versalles, juntaron material informativo y escribieron aquella tarde de agosto de 1901. Si creían que iban a burlarse los lectores de sus impresiones, traducidas en forma de libro, se equivocaban, porque comenzaron a recibir cartas y confidencias de personas que vivieron aventuras semejantes a la suya.

Por ejemplo, el señor John Crooke, su esposa Kate y su hijo Stephen les dirían que en 1907, cuando vivían en la calle de Maurepas, frente a los jardines de Versalles, vieron una vez que el parque y el palacio perdían el aspecto de todos los días y adquiría un aspecto fantástico, como si los contemplasen a través de un cristal deformado. Incluso tuvieron ocasión de ver personas ataviadas a la moda de fines del siglo XVIII.

En 1982, dos jovencitas inglesas. Claire Burroughs y Anna Lambert, visitaban el templo del amor, situado a corta distancia de Petit Trianon, cuando vieron a un anciano vestido con un antiguo uniforme militar. Fueron las dos a verlo de cerca, pero el personaje se desvaneció de pronto en el aire, misteriosamente.

En 1949, una tal Miss Bassett, que visitaba también el Petit Trianon, observó la presencia de unos personajes vestidos a la usanza de hacía siglo y medio, que desaparecieron de pronto. Lo mismo sucedió el 21 de mayo de 1955 con el matrimonio inglés que presenció el paso de varios seres fantasmales por el jardín.

En las inmediaciones de Versalles se encuentra un extenso bosque que en los tiempos anteriores a la llegada de las legiones romanas tenía fama ya de estar embrujado. Allí realizaban sus prácticas hechiceras los sacerdotes druidas.

¿Dominan en la región de Versalles condiciones muy especiales consecuencia de yacimientos subterráneos de materiales magnéticos, por ejemplo, que logran influir en la cuarta dimensión y proyectar desde el pasado visiones ya desaparecidas? Lo más extraordinario del caso de los fantasmas de Versalles es que sólo han sido vistos por súbditos de Gran Bretaña. ¿No es esto muy extraño?.

domingo, 14 de marzo de 2010

¿ENTENDEMOS LA MUERTE?
















"Aprende a morir y aprenderás a vivir. Nadie aprenderá a vivir si no ha aprendido a morir", así rezaba un viejo manual occidental sobre la muerte y el proceso de morir.
Actualmente, en nuestra sociedad se ha producido un considerable avance en lo referente a la atención al paciente moribundo, desarrollo que se ha realizado por un lado en lo que hace a la terapia del dolor y más específicamente a la farmacología en sí.
Pero también, el movimiento de los cuidados paliativos desarrollado a mediados del siglo pasado por C. Saunders en Inglaterra y que da cuenta de la necesidad de brindar una atención compasiva tendiente no sólo a disminuir el sufrimiento físico del paciente sino también a optimizar su calidad de vida, a través del control de los síntomas físicos, emocionales, mentales, sociales.

Pero como supiera decir el sabio maestro budista, Padmasambhava: "Quienes creen que disponen de mucho tiempo, sólo se preparan en el momento de la muerte. Entonces los desgarra el arrepentimiento. Pero, ¿no es ya demasiado tarde?".
En este sentido creo que la pregunta que todos y cada uno de nosotros nos debemos hacer aquí y ahora a nosotros mismos y con total sinceridad es: ¿Qué sé sobre la muerte?".
En primer lugar debemos ser conscientes de que la muerte es un absoluto misterio, pues nadie ha regresado del "más allá" para referirnoslo. Todo lo que contamos es con lo que se denomina "experiencias cercanas a la muerte".
Pero debemos ser con nosotros mismos tan íntegros como lo fue el célebre filósofo griego Sócrates, cuando afirma: "El temor a la muerte, señores, no es otra cosa que considerarse sabio sin serlo, ya que es creer saber sobre aquello que no se sabe.

Quizá la muerte sea la mayor bendición del ser humano, nadie lo sabe, y sin embargo todo el mundo le teme como si supiera con absoluta certeza que es el peor de los males".
Aunque si contamos con dos certezas irrefutables. Sabemos que es absolutamente cierto que habremos de morir y también que es absolutamente incierto cuándo y cómo. Angustiosas interrogantes existenciales ambas si las hay.
En "El conocimiento silencioso" de Carlos Castaneda, don Juan, el gran brujo yaqui dice: "Sin una visión clara de la muerte, no hay orden, no hay sobriedad, no hay belleza. Los brujos se esfuerzan sin medida por tener su muerte en cuenta, con el fin de saber, al nivel más profundo, que no tienen ninguna otra certeza sino la de morir.

Ese conocimiento da a los brujos el valor de tener paciencia sin dejar de actuar; les da, asimismo, el valor de acceder, el valor de aceptar todo sin caer en la estupidez y, sobre todo, les otorga el valor para no tener compasión ni entregarse a la importancia personal".

En otro momento expresa: "Los brujos dicen que la muerte es nuestro único adversario que vale la pena. La muerte es quien nos reta y nosotros nacemos para aceptar ese reto, seamos hombres comunes y corrientes o brujos. La diferencia es que los brujos lo saben y los hombres comunes y corrientes no".
Este concepto de la muerte como el gran adversario que nos infunde de valor y paciencia para actuar sin entregarnos a la importancia personal o ego-centrismo nos hace ver a la muerte como un maestro que nos saca de nuestro in-consciente escondite y nos abre a la verdad de la vida y del universo.
Reflexionemos sobre ello. A poco que pensemos, hemos de llegar a darnos cuenta de que en realidad ignoramos quienes somos, es decir, cuándo nos preguntan sobre nuestra identidad respondemos con una diversa variedad de elementos que hemos coleccionado con el fin de definirnos a nosotros mismos (por ejemplo, soy uruguayo, psicólogo, hombre, etc.). Pero cuando todas esas cosas se nos quitan, ¿tenemos idea de quienes somos en realidad sin y detrás de todos esos agregados?.
Además, nos identificamos con nuestro cuerpo y con nuestra muerte, pero que sucederá cuando ya no estén presentes, ¿son estos dos elementos sostenes seguros y confiables de nuestro ser y de nuestra identidad?
Para no hacer frente a estas interrogantes, buscamos y exigimos vivir según un plan pre-establecido, por ejemplo, estudiar, trabajar, formar una familia, etc., etc., de manera de vivir de forma acelerada, ocupando el tiempo con responsabilidades y con cosas materiales.

En una palabra, si deseamos dejar de una vez por todas que la vida nos viva a nosotros y en cambio vivir nosotros la vida (valga la perogrullada), debemos empezar por aceptar la muerte como una gran maestra que continuamente nos susurra al oído: "Carpe diem", es decir, vive la vida en el aquí y ahora, sin dejar situaciones inconclusas, pues no sabemos que llegará primero, si la muerte o el próximo día.
¿Es esta una visión pesimista de la vida, que nos sume en la angustia y el terror continuos? Muy por el contrario. Nos permite una vida plena y fluida, pues al no saber en que momento ha de llegarnos el momento último, evitamos por un lado el dejar asuntos pendientes y minimizamos nuestra personal importancia, y por otro lado, buscamos mantener una comunicación plena y sincera con quienes y con lo que nos rodea, expresando en forma continua un profundo respeto y amor por todo y todos.

Al ser conscientes de que nada es permanente, de que como dijera Lavoisier, nada se pierde sino que todo se transforma, despertamos al hecho de que nada es independiente sino que todo es inter-dependiente con todo y todos. Somos in-dividuos pero también estamos en común-unión y por consiguiente, nuestra más insignificante motivación, acción y/o palabra tiene consecuencias reales en todos los niveles del universo y en todos sus tiempos.

Ergo, hemos de vivir en el aquí y ahora, en el momento presente pues el pasado ha dejado de existir como tal y ahora es parte del presente, y el futuro es algo incierto aunque fecundo y lleno de posibilidades, pero cuya plenitud depende del momento actual; el futuro nace junto con el momento presente y muere con él.
Y así hemos de aprender a ser lo que don Juan llamaba un "hombre de conocimiento", un guerrero espiritual que vive su vida desde y con "impecabilidad".

¿Qué significa lo anteriormente expuesto?, pues nada que menos que comprender que las crisis, el sufrimiento y las dificultades son puntos de inflexión en nuestras aletargadas existencias; son verdaderas oportunidades para transformarnos de y en forma íntegra, dándonos cuenta de la impermanencia de todo y aprendiendo así a aceptar los cambios. Como refiriera Heráclito de Efeso, no nos lavamos las manos dos veces en el mismo río.

Así en la medida en que seamos conscientes del continuo fluir de la existencia en una espiral mutacional dinámica y permanente, aprendemos en consecuencia que el apego y la posesividad de personas, ideas y/o cosas es algo falso y que nos hace daño.

 Por consiguiente, al aceptar la no permanencia, disminuye nuestro apego y el consiguiente dolor por las eventuales pérdidas, reales o no y ganamos en compasión, alegría, amor, bondad y sabiduría al confiar plenamente en nosotros mismos; implica en definitiva un pararnos sobre nuestros propios pies, siendo responsables de y por nosotros mismos.

Ahora, si todo cambia y muere, pero nada se pierde, sino que todo se transforma, entonces, ¿qué es la vida y qué es la muerte?. ¿Qué hay detrás de la vida y qué tras la muerte, si es que algo hay? A lo que podríamos agregar: ¿de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos?; ¿qué sentido tiene nuestra existencia?, y en definitiva, ¿quién soy?.

Esto daría (y dará) cuenta de otro momento reflexivo, pero ahora preguntémosnos, ¿qué es lo que en verdad ha de contar en el momento de nuestra muerte?.

Pues hay dos elementos básicos y fundamentales, uno es cómo hemos vivido nuestra vida (y como la vivimos), y el otro es cuál ha de ser el estado de nuestra mente en el momento de la muerte.

Como dice Sogyal Rimpoché: "El último pensamiento y emoción que tenemos justo antes de morir ejerce un poderosísimo efecto determinante sobre nuestro futuro inmediato. Este último pensamiento o emoción puede amplificarse desproporcionadamente e inundar toda nuestra conciencia en el momento de la muerte. En este momento nuestra mente se encuentra completamente expuesta y vulnerable a cualquier pensamiento que entonces nos ocupe".

Tengamos en cuenta que nuestra reacción ante una enfermedad terminal o directamente ante la muerte dependerá de nuestra personalidad, de los valores que sustentemos y de nuestro conocimiento espiritual (conocimiento y no simple creencia).

Como afirmábamos, vivir una "vida impecable" como decía don Juan, daría cuenta asimismo del logro de la capacidad de lo que podríamos denominar como "morir con arte" o "ars moris", que consistiría en afrontar el momento último de nuestra existencia sin desear ni pensar en nada, sin mantener apego a ser o cosa alguna.
Y esto se lograría tan sólo a través de la práctica de un camino espiritual, que no necesariamente religioso.

La consecución de una visión espiritual implica ni más ni menos que mirar hacia dentro nuestro, disolviendo aquellos aspectos fragmentarios y en perpetuo conflicto en nuestra conciencia, relajando la tensión del ego y volviendo a reposar en la naturaleza de la mente. Se podría decir que consiste en una metodología, una praxis tendiente a lograr una plena conexión con nuestra esencia más íntima.

En conclusión y coincidiendo plenamente con C. Longaker, afirmamos que las cuatro tareas básicas para experimentar con plenitud la vida y la muerte son:

1) darnos cuenta de que el sufrimiento existe y que se puede transformar en una experiencia de plenitud;

2) mantener una comunicación con nosotros mismos y con los demás, donde nos expresemos con todo nuestro ser y fundamentalmente con nuestro corazón, lo más compasivos y libres de apego que podamos;

3) prepararnos espiritualmente para la muerte, lo que implica el ser capaces de vivir en el momento presente, sin dejar situaciones inconclusas que sólo han de constituir un lastre que incrementará nuestro dolor y sufrimiento y el de quienes nos rodean;

4) encontrar significado a nuestra existencia, sintiéndonos seres plenos a pesar de nuestras imperfecciones, aceptando nuestros errores y expiando los que podamos haber cometido.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Un médico arroja nuevas luces sobre el gato que augura la muerte

Cuando médicos y responsables se dieron cuenta de que un gato que vive en una residencia de ancianos de Estados Unidos podía sentir cuándo alguien iba a morir, el felino -Oscar- fue visto como un ángel de la muerte con cuatro patas o una parca peluda. Seguir leyendo el arículo


El médico David Dosa, que difundió la noticia sobre la capacidad de Oscar en una publicación en el New England Journal of Medicine en 2007, dijo que nunca pretendió que se viera al gato como tenebroso o que su llegada a una cama fuese vista de forma negativa.

Dosa dijo que espera que su nuevo libro, "Making Rounds With Oscar: The Extraordinary Gift of an Ordinary Cat", ofrezca una visión más favorable del felino y que sirva como libro de ayuda para quienes tienen a un ser querido padeciendo una enfermedad terminal.

"Después del artículo en el New England Journal te quedas con la sensación de que si Oscar está en tu cama estás muerto, pero realmente no vieron lo que ocurrió con estos familiares", dijo Dosa, profesor asistente de Medicina en la Brown University.

"Quería escribir un libro que fuese más allá de las particularidades de Oscar, contar por qué es importante para los familiares y especialistas que han estado con él al final de sus vidas", agregó.

Dosa dijo que la historia de Oscar es fascinante en muchos niveles.

Oscar fue adoptado cuando era pequeño en un refugio para ser entrenado como gato para terapias en la Residencia de Ancianos Steere y Centro de Rehabilitación en Providence, Rhode Island, que atiende a personas con demencia severa y en las etapas finales de diversas enfermedades.

Cuando Oscar tenía cerca de seis meses, el personal notó que se ponía a dormir con los pacientes que estaban cerca de la muerte.

Hasta el momento ha vaticinado con exactitud unas 50 muertes.

Dosa recuerda una ocasión en la que el personal estaba convencido de la inminente muerte de un paciente pero Oscar se negaba a sentarse con esa persona, eligiendo en cambio la cama de otro interno en el pabellón. Oscar acertó, la persona con la que se sentó murió primero, sorprendiendo a enfermeras y médicos.

El médico dijo que no hay evidencia para explicar las capacidades de Oscar, pero cree que posiblemente el gato responde a una feromona u olor que los humanos simplemente no reconocen.

Dosa dijo que su principal interés no es divagar sobre las capacidades del gato, sino utilizar a Oscar para contar una historia sobre enfermedades terminales, que son su principal área de trabajo.

"Hay mucho que contar sobre lo que Oscar hace, pero hay mucho que decir a nivel humano sobre aquello por lo que pasan los familiares al final de una vida cuando lidian junto a un ser querido en una residencia de ancianos o con demencia avanzada", declaró.

sábado, 9 de enero de 2010

La Imagen De La Muerte

Lo trasladamos el año pasado, y fue de lo más complicado -explicó Mr. Carlin, mientras subían la escalera-. Además, tuvimos que hacerlo a mano. No había otra forma. -Lo aseguramos de accidentes en «Lloyd's» antes incluso de sacarlo de su caja, en el salón. Fue la única compañía que quiso asegurarlo por la cantidad que habíamos previsto.



Spangler no dijo nada. El hombre era un imbécil. Johnson Spangler hacía tiempo que había aprendido que la única forma de tratar con un imbécil era ignorarle.



-Lo aseguramos por un cuarto de millón de dólares -terminó Mr. Carlin cuando llegaban al rellano del segundo piso-. Y nos costó un buen pico. -Era un hombrecito, no del todo gordo, con gafas sin montura y una calva morena que brillaba como una pelota de voleo barnizada. Una armadura, que guardaba la oscuridad de caoba del corredor del segundo piso, les contempló impasible.



Era un corredor largo, y Spangler miró las paredes, y lo que estaba colgado en ellas, con un frío ojo profesional. Samuel Glaggert había comprado cantidades ingentes, pero no había comprado bien. Como muchos de los grandes industriales, que se habían hecho solos, en el pasado 1800, había resultado ser poco más que un amo de casa de empeños disfrazado de coleccionista, un experto en pinturas mostruosas, novelas y colecciones de poesías, sin valor encuadernadas en cuero valioso, y atroces esculturas, todo ello considerado como Arte, por él.



En aquel piso las paredes estaban cubiertas, festoneadas sería una mejor descripción, de tapices marroquíes de imitación, innumerables (y sin duda anónimas) madonnas sosteniendo innumerables niños nimbados, mientras innumerables ángeles revoloteaban de un lado a otro en el fondo, grotescos candelabros repletos de volutas, y una lámpara monstruosa, asquerosamente ornamentada y rematada por una ninfa sonriente y salaz.



Naturalmente, el viejo pirata había conseguido algunas piezas interesantes; la ley de los promedios lo requiere así. Y si el Museo Particular en Memoria de Samuel Claggert (visitas acompañadas cada hora... 1 dólar la entrada para los adultos, 50 centavos, los niños..., nauseabundo) contenía un 98 por ciento de flagrante basura, el 2 por ciento restante, cosas como el rifle Coombs colgado sobre la chimenea de la cocina, la curiosa y pequeña cámara oscura en el salón, y por supuesto el...



-El espejo Delver fue retirado del piso bajo, después de un desgraciado... incidente -terminó bruscamente Mr. Carlin, motivado aparentemente, por un horrendo retrato de nadie en particular, colgado en la base del !ramo de escaleras siguiente-. Hubo otros..., palabras agresivas, declaraciones desatinadas..., pero ese fue un intento deliberado para destruir realmente el espejo. La mujer, una tal Miss Sandra Bates, llegó con una piedra en el bolsillo. Afortunadamente tenia mala puntería y solamente estropeó una esquina del marco. El espejo no sufrió daños. Esa muchacha Bates tenía un hermano...



-No necesito que me recite el recorrido de a dólar -le cortó Spangler tranquilamente-. Conozco bien la historia del espejo Delver.



-Fascinante, ¿no le parece? -Carlin le dirigió una extraña mirada de soslayo-. Tenemos a la duquesa inglesa, de 1709..., y el comerciante de alfombras, de Pensilvania, en 1746..., por no hablar de...



-Conozco bien la historia -repitió Spangler sin inmutarse-. Lo que a mí me interesa es el trabajo. Y luego, naturalmente, la cuestión de autenticidad...



-¡Autenticidad! -exclamó Carlin con una seca risita que sonó como si se hubieran sacudido huesos en la alacena, debajo de la escalera-. Todo ha sido examinado por expertos, Mr. Spangler.



-Claro, también lo fue el Stradivarius de Lemlier.



-Cierto -suspiró Mr. Carlin-. Pero ningún Stradivarius tuvo jamás la..., jamás causó tantas perturbaciones como el espejo Delver.



-En efecto -dijo Spangler con su dulce voz despectiva.



Comprendía, ahora, que no habría forma de acallar a Carlin; tenia una mente perfectamente acorde con su edad.



En efecto.



En silencio, subieron al tercero y cuarto piso. Al acercarse a la parte alta de la vieja estructura, notaron un calor agobiante en las oscuras galerías superiores. Con el calor, se notó un olor que Spangler conocía bien porque había pasado toda su vida de adulto envuelto en él..., un olor a moscas muertas en oscuros rincones, humedad, y carcoma detrás -del yeso. El olor a vejez.



Era un olor común, únicamente, a museos y mausoleos. Imaginó que este mismo olor podía salir de la tumba de una joven virginal que llevara cuarenta años muerta.



Allá arriba, las reliquias estaban amontonadas de cualquier modo, con la profusión típica de las almonedas; Mr. Carlin condujo a Spangler por un laberinto de estatuas, retratos dentro de sus marcos partidos, pajareras, doradas y pomposas, las piezas desmontadas de una antigua bicicleta tándem. Le guió hasta el fondo, a una pared a la que se había adosado una escalera, debajo de una escotilla en el techo. De la escotilla pendía un viejo candado polvoriento.



A la izquierda, una imitación de Adonis les contemplaba despiadado con sus ojos sin pupilas. Uno de sus brazos se tendía y de la muñeca colgaba un letrero donde se leía: ABSOLUTAMENTE PROHIBIDA LA ENTRADA.



Carlin sacó un llavero del bolsillo de su chaqueta, eligió una llave, y subió la escalera de mano. Se detuvo en el tercer barrote con la calva brillando levemente en la sombra:



-No me gusta el espejo -dijo-. Nunca me gustó. Me da miedo mirarlo. Temo mirar algún día y ver... lo que los demás vieron.



-No vieron otra que su imagen -aclaró Spangler.



Mr. Carlin empezó a hablar, calló, movió la cabeza, y tanteó en el techo, torciendo el cuello para meter la llave en la cerradura.



-Habría que cambiarlo -masculló-. Es... ¡Maldición!



El candado se abrió de pronto y se soltó de las anillas. Mr. Carlin hizo un gesto brusco para recuperarlo y casi cayó de la escalera. Spangler lo cazó al vuelo, oportunamente, y miró hacia arriba. Carlin se agarraba tembloroso al último barrote de la escalera, con la cara descolorida en la oscura penumbra.



-Está usted nervioso, ¿verdad? -preguntó Spangler asombrado.



Carlin no contestó. Parecía paralizado.



-Baje, por favor -dijo Spangler-. Baja, antes de que se caiga.



Carlin bajó despacio, agarrándose a cada barrote como un hombre suspendido sobre un abismo sin fondo. Cuando sus pies tocaron el suelo empezó a temblar, como si el suelo contuviera alguna corriente que le había conectado, como si fuera una luz eléctrica.



-Un cuarto de millón -repitió-. Un cuarto de millón de dólares de seguro para sacar... esa cosa del piso bajo y subirla aquí. Esa maldita cosa. Tuvieron que montar un gancho especial, y su cable, para subirla al almacén del desván. Y yo tenia la esperanza, casi recé, de que las manos de alguien estarían resbaladizas..., que el cable no sería lo bastante resistente..., que la cosa caería y se romperla en mil, en un millón, de pedazos...



-Hechos -dijo Spangler-. Hechos, Carlin. Déjese de novelas, de historias truculentas, o películas de horror, baratas y truculentas. Hechos. Primero: John Delver era un artesano inglés de ascendencia normanda que fabricaba espejos en lo que llamamos el período isabelino de la historia de Inglaterra. Vivió y murió normalmente. Nada de palabras mágicas en el suelo que tuviera que limpiar el ama de llaves, nada de documentos con olor a azufre, o con unas manchas de sangre junto a la firma. Segundo: Sus espejos son joyas de coleccionista debido principalmente a su trabajo perfecto y a que empleó un tipo de cristal de efecto levemente distorsionante y de aumento para el que mirara..., algo que los distinguía de los demás. Tercero: Por lo que sabemos sólo existen cinco espejos Delver..., dos de ellos en América. No tienen precio. Cuarto: Este Delver, y el que fue destruido durante el bombardeo de Londres, se han ganado cierta dudosa reputación debida sobre todo a falsedades, exageraciones y coincidencias...



-Quinto -añadió Mr. Carlin-: Es usted una mala bestia, ¿verdad? Spangler contempló con cierto asco al ciego Adonis.



-Yo acompañaba al grupo del que formaba parte el hermano de Sandra Bates, cuando echó una mirada a su precioso espejo Delver, Spangler. Contaba unos dieciséis años .y formaba parte de un grupo de estudiantes de escuela superior. Yo estaba contándoles la historia del espejo y había llegado a la parte que usted apreciaría..., insistiendo en la hermosa factura, la perfección del cristal..., cuando el muchacho levantó la mano.



-«Pero qué me dice de esa mancha negra que hay en el ángulo superior izquierdo?» -preguntó-..Esto parece una tara.»



Y uno de sus amigos le preguntó a qué se refería, así que el muchacho Bates empezó a explicarle, pero calló de pronto. Miró el espejo fijamente, acercándose lo más que pudo al cordón de terciopelo rojo que lo protegía..., luego miró hacia atrás, como si lo que había visto fuera el reflejo de alguien..., de ,alguien vestido de negro..., de pie detrás de él.



-Parecía un hombre -dijo-. Pero no le pude ver la cara. Ya no está». -Y no dijo más.



-Siga -insistió Spangler-. Está muriéndose de ganas de decirme que era el Segador..., creo que esto es lo que se dice, ¿verdad? ¿Que algunas personas ven la imagen de la 'muerte en el espejo? Venga, hombre, suéltelo de una vez. ¡Al Wational Enguirer le encantaría la historia! Cuénteme las horrorosas consecuencias y desafíeme a que pueda explicarlo. ¿Qué pasó, le atropelló un coche? ¿Se tiró de una ventana? ¿O qué?



Carlin rió con una risita triste.



-Debería saberlo mejor, Spangler. ¿No me ha dicho por dos veces que usted es..., ah..., que está perfectamente enterado de la historia del espejo Delver? No hubo consecuencias horribles. No las ha habido nunca. Por esa razón el espejo Delver no figura en las ediciones domingueras como el diamante Koh-i-noor o la maldición de la tumba del faraón Tut. Es manso comparado a esos dos. Cree que soy un imbécil, ¿verdad?



-Si -le contestó Spangler-. ¿Podemos subir, ahora?



-Claro que sí -dijo Carlin apasionadamente. Subió por la escalera de mano y empujó la escotilla. Se oyó un cliqueticliqueti-bum al levantar el contrapeso en la oscuridad y Mr. Carlin se perdió en las sombras. Spangler le siguió. El Adonis ciego se les quedó mirando sin conocerlos.



El desván era explosivamente caliente, iluminado sólo por una ventana llena de telarañas, en un ángulo, filtrando la luz exterior con un resplandor lechoso y sucio. El espejo estaba apoyado en una esquina, de cara a la luz, recogiendo la mayor parte y reflejándola como una mancha blanquecina en la pared opuesta. Había sido atornillado para mayor seguridad a un armazón de madera.



Mr. Carlin no lo miró. Se esforzó por no mirar.



-Ni siquiera lo ha cubierto con un trapo -protestó Spangler visiblemente indignado por primera vez.



-Yo lo veo como un ojo -dijo Carlin. Su voz seguía agotada, perfectamente vacía-. Si se le deja abierto, siempre abierto, a lo mejor se queda ciego.



Spangler no le prestó la menor atención. Se quitó la americana, la dobló cuidadosamente con los botones hacia dentro, y con infinita ternura limpió el polvo de la superficie convexa del espejo. Luego, dio un paso atrás y lo contempló.



Era genuino. No cabía la menor duda, nunca había habido la más mínima duda. Era un ejemplo perfecto del genio de Delver. La habitación llena de trastos, detrás de él, su imagen reflejada, la silueta medio vuelta de Carlin..., todo estaba claro, bien definido casi tridimensional. La leve impresión de aumento del cristal daba a todas las cosas un efecto ligeramente curvo que añadía una distorsión casi cuatridimensional. Era...



Se le fue la idea y sintió otro ramalazo de ira:



-Carlin.



Carlin no dijo nada.



-¡Carlin, maldito imbécil, pensé que me había dicho que la muchacha no había dañado el espejo!



No obtuvo respuesta. Spangler se le quedó mirando fríamente, por el espejo.



-Hay un trozo de esparadrapo en la parte de arriba, en el ángulo izquierdo. ¿Llegó a partirlo?



¡Por el amor de Dios, hombre, diga algo!



-Está viendo al Segador -contestó Carlin. Su voz era abrumadora, sin pasión-. No hay esparadrapo en el espejo. ¡Pase la mano por encima... Santo Dios!



Spangler se envolvió cuidadosamente la mano con la parte alta de la manga de su chaqueta, la alargó, y la apoyó blandamente sobre el espejo.-¿Lo ve? No hay nada sobrenatural. Se ha ido. Mi mano lo cubre.



-¿Lo cubre? ¿Nota el esparadrapo? ¿Por qué no lo arranca?



Spangler apartó cuidadosamente su mano y miró el espejo. Todo en él parecía algo más distorsionado; las esquinas del desván parecían curiosamente inclinadas como si fueran a resbalar hacia una ignota eternidad. No había la menor mancha oscura en el espejo. Estaba impecable. Sintió despertar en su interior un terror malsano, y se despreció por haberlo sentido.



-Parecía él, ¿no cree? -preguntó Mr. Carlin. Su rostro estaba muy pálido y sus ojos miraban directamente al suelo.



En su cuello latía un músculo, espasmódicamente-. Admítalo, Spangler. Parecía una figura embozada, de pie detrás de usted, ¿verdad?



-Parecía una cinta adhesiva cubriendo una pequeña rotura -dijo Spangler con firmeza-. Ni más, ni menos...



-El joven Bates era muy fuerte -evocó Carlin. Sus palabras parecían caer en la atmósfera, calurosa y quieta, como piedras en un charco de agua oscura-. Era como un jugador de fútbol. Llevaba una camiseta con una gran letra y pantalones verde oscuro. Nos encontrábamos a mitad de camino de la exposición de arriba cuando...



-El calor me está mareando -dijo Spangler con dificultad. Había sacado un pañuelo y se secaba el cuello. Sus ojos recorrieron la superficie convexa del espejo, a sacudidas.



-... Cuando dijo que necesitaba beber agua... Un poco de agua, ¡por el amor de Dios!



Carlin se volvió a mirar a Spangler, como loco, y prosiguió:



-¿Cómo iba a saberlo yo? ¿Cómo podía saberlo?



-¿Hay un lavabo por aquí? Creo que voy a...



-Su camiseta..., vi fugazmente su camiseta mientras iba bajando la escalera... Después...



-... vomitar.



Carlin sacudió la cabeza, como para despejarse, y volvió a mirar al suelo.



-Naturalmente. En el segundo piso, la tercera puerta a su izquierda, en dirección a la escalera



-levantó la cabeza, suplicante-. ¿Cómo iba a saberlo?



Pero Spangler ya estaba bajando la escalera de mano. Se movió bajo su peso y por un momento Carlin pensó..., deseó... que se cayera. No lo hizo. Por el recuadro abierto en el suelo, Carlin le vio bajar, tapándose la boca con la mano.



-¿Spangler...?



Pero ya se había ido.



Carlin escuchó sus pasos, el eco de sus pasos, y luego nada. Cuando ya se hubieron apagado, se estremeció violentamente. Trató de llevar sus pies hacia la escotilla, pero los tenía helados. Sólo aquella última mirada, fugaz, a la camiseta del muchacho...



¡Dios...!



Era como si unas manos enormes, invisibles, tiraran de su cabeza, obligándole a levantarla.



Aunque no quería mirar, Carlin fijó la vista en la brillante profundidad del espejo Delver.



No había nada.



La habitación se reflejaba con toda fidelidad, sus polvorientos confines transformados en brillante infinitud. Unas líneas de un poema de Tennyson, casi olvidado, se le ocurrieron de pronto y recitó en voz alta:



«Estoy medio mareada por las sombras, dijo la Dama de Shalott...»



Y seguía sin poder apartar la mirada, y la quietud palpitante le retenía. Junto a una esquina del espejo, una cabeza de búfalo, comida por las polillas le miró con sus ojos de obsidiana, planos.



El muchacho había querido beber agua y la fuente estaba en el vestíbulo del primer piso. Había bajado y...



Y nunca más había vuelto.



Jamás.



A ninguna parte.



Lo mismo que la duquesa que se había detenido a admirarse en su espejo, antes de una soirée, y decidió volver al gabinete en busca de sus perlas. Como el vendedor de alfombras que había ido a pasear en coche y había dejado tras él sólo un coche vacío y dos caballos mudos.



Y el espejo Delver había estado en Nueva York desde 1897 hasta 1920, estaba allí cuando el juez Crater...



Carlin miró como si estuviera hipnotizado a lo más profundo del espejo. Abajo, el Adonis ciego vigilaba.



Estuvo esperando a Spangler, casi como la familia Bates debió haber estado esperando a su hijo, como el marido de la duquesa esperaría que su esposa volviera del gabinete. Miro al espejo y esperó.



Y esperó.


Y esperó.