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martes, 18 de mayo de 2010

Leyendas: Monstruos Acuaticos


Junto a las observaciones clásicas de monstruos marinos existen también las «clásicas» falsificaciones, pero no por ello debemos descartar la existencia de criaturas desconocidas. A aclarar este tema han contribuido las técnicas de investigación del zoólogo belga Bernard Heuvelmans.

A pesar de los numerosos científicos siguen mostrándose escépticos ante la existencia de monstruos subacuáticos, los informes sobre observaciones, algunos muy detallados, desde todos los rincones de la Tierra, continúan dando testimonio de gigantescas criaturas.

Uno de los monstruos más activos de los últimos años es el que recibe el nombre de Morgawr (en dialecto córnico, «gigante de los mares»), que ha sido visto con frecuencia durante 1975 y 1976 junto a Falmouth Bay, en la costa de Cornualles (Gran Bretaña). El 5 de marzo de 1976 fueron publicadas en el Falmouth Packet dos fotografías de la bestia que, aunque llegaron a la redacción en forma anónima, resultan bastante convincentes.

La publicidad dada a las observaciones más famosas han acarreado consecuencias de dos clases: la acumulación de informes similares, muchos de los cuales presentan todas las garantías de autenticidad, y la subsiguiente avalancha de embustes. El celo de los investigadores se ha dirigido a desenmascarar estos últimos, que han servido para ridiculizar a aquellos informes que les han dado fe.

Un informe falaz que contiene, quizá deliberadamente, una clave de su auténtica naturaleza, fue publicado en 1848 en el Globe, apenas una semana después de que The Times sacara a la luz el testimonio de Peter M'Quhae, capitán del Daedalus sobre una serpiente marina.

La patraña fue publicada en forma de una carta con matasellos de Glasgow del 19 de octubre, pretendidamente remitida por James Henderson, capitán del Mary Ann. Henderson escribía que el 20 de septiembre Mark Trelawny, capitán del bergantín Daphne, había divisado «una enorme serpiente, o culebra, con cabeza de dragón», y que casi de inmediato había ordenado cargar un cañón con metralla y hacer fuego contra la bestia. El monstruo, de unos 30 m de longitud, tras echar espuma por la boca y azotar la superficie de las aguas, se alejó a una velocidad de 16 nudos.

El Times reprodujo la historia y un agudo lector escribió para preguntar cómo se las había arreglado el Daphne para recorrer en sólo diez días la distancia que mediaba entre el lugar del encuentro con la bestia y Lisboa, ciudad en la que el capitán Trelawny había relatado el suceso a Henderson. La distancia recorrida era de 8.000 km y hubiera requerido una velocidad media de 20 nudos. El lector comentaba con sarcasmo: «Probablemente la serpiente llevó a remolque al bergantín.» Investigaciones posteriores demostraron que la carta era un embuste.

Los científicos escépticos exigen restos físicos que puedan someter a examen. Periódicamente el mar arroja en remotas playas grandes y extrañas osamentas, pero, debido a las urgencias inmediatas de la investigación científica y a la lejanía de las localizaciones, estos restos son habitualmente ignorados o identificados «desde lejos» como despojos de criaturas marinas conocidas. Muchas veces se los ha considerado como pertenecientes a la especie del marrajo gigante.

Un cuerpo de 17 m de longitud fue arrojado por el mar en 1808 en una playa de la isla de Stronsay, en el archipiélago de las Orcadas, pero antes de que pudiera llevarse a cabo un riguroso examen científico, las tormentas destrozaron el putrefacto cadáver. El dibujo que se realizó a partir de las descripciones de los testigos representa a un animal extraordinario, de largo cuello y ondulante cola, y provisto de tres pares de patas, conformación hasta ahora desconocida para un vertebrado.

Finalmente, los restos fueron identificados como pertenecientes a un tiburón por el cirujano británico Everard Home, que había realizado un estudio sobre la anatomía de los tiburones y pudo obtener algunas muestras de los huesos de la bestia. Cuando el mar deposita un cadáver de tiburón en una playa, la rápida descomposición de ciertas partes de la anatomía del animal, principalmente la mandíbula inferior, los lóbulos inferiores de la cola y las aletas, da a los restos el aspecto de una criatura fantástica, con cuello largo y delgado, y cola.

En 1925, el cadáver de un ser no identificado fue depositado por el mar en las rocas de Santa Cruz, en la costa californiana. Los restos parecían corresponder a un animal de nueve metros de longitud, largo cuello y enorme cabeza con boca en forma de pico de pato, pero posteriormente fueron identificados como pertenecientes a una especie muy rara de ballena que habita en las aguas del Pacífico norte.

La gran masa globular en descomposición que en julio de 1960 fue arrojada por el mar en una remota playa del oeste de Tasmania, mereció escasa atención oficial hasta que, en marzo de 1962, los científicos de Hobart localizaron desde el aire el lugar exacto en que se encontraba y enviaron un grupo a investigar. Finalmente, y con ayuda de helicópteros, se transportaron muestras de los restos para su análisis, y el informe oficial afirmó que se trataba de «una gran masa de materia grasa en descomposición, perteneciente seguramente a una ballena». Sin embargo, los biólogos que habían seguido el caso de cerca consideraron muy improbable esta versión.

El 25 de abril de 1977, el barco de pesca japonés Zuiyo Maru atrapó en sus redes un gran cadáver, parcialmente descompuesto, a unos 45 km al este de Christchurch (Nueva Zelanda). El capitán, Akira Tanaka, tras fotografiarlo, lo devolvió al mar temeroso de que pudiera contaminar sus capturas. El incidente intrigó a la prensa mundial y un equipo de televisión voló desde Japón para hacer un reportaje. Aunque los tripulantes del barco estaban convencidos de que habían visto un monstruo desconocido, las fotografías parecían mostrar un tiburón en estado de descomposición.

¿Por qué la serpiente marina sigue siendo un animal relativamente desconocido? Una de las razones podría ser que, aunque más del 60 % de la superficie terrestre está cubierta por el agua, sólo una pequeña parte es atravesada por la navegación comercial, que sigue rutas estrechas y prefijadas.

Los casos citados, y centenares más que pueden encontrarse en los diversos trabajos que se han publicado sobre el tema, llevan a la conclusión de que no existe un único tipo de monstruo marino. En 1965, el zoólogo belga Bernard Heuvelmans completó el más detallado y exhaustivo trabajo que se ha publicado sobre el particular: En la estela de las serpientes marinas, libro de valor inapreciable para todos los investigadores. En su obra, el doctor Heuvelmans describe y analiza más de quinientos informes que van desde 1639 hasta 1964. De toda esta masa documental, saca diversas conclusiones de las que vamos a intentar ofrecer un breve compendio.

De las 587 observaciones que recogió, Heuvelmans considera que 56 de ellas son falsas. En otro grupo reúne las referentes a criaturas marinas conocidas que habían sido tomadas por monstruos marinos desconocidos, encontrando 52 casos. Otros 121 informes fueron descartados porque las descripciones eran demasiado vagas o ambiguas.

Quedan así 358 observaciones, con diversas características respecto al modo de aparición y comportamiento, que pueden dividirse en nueve tipos que van desde la serpiente de «cuello largo», que es la que aparece con mayor frecuencia, tiene un cuerpo en forma de cigarro y cuatro pies palmípedos, y nada con gran rapidez, hasta los poco frecuentes saurios marinos, que parecen cocodrilos de 15 a 18 m de longitud y que sólo han sido vistos en las aguas de los trópicos. El doctor Heuvelmans se refiere jocosamente a los otros tipos como caballos de mar, multijorobadas, supernutrias, multialetas, superanguilas, padres-de-todas-las-tortugas y barrigas amarillas. Descubrió también un grupo que denominó «periscopios ambiguos» y que puede ser asimilado a los monstruos de cuello largo o a las superanguilas.

Heuvelmans sostiene que la serpiente de cuello largo y las de las cuatro primeras categorías pertenecen a la clase de los mamíferos. La superanguila es probablemente un pez cuyo hábitat normal reside en las profundidades del océano, y que cuando es visto en la superficie está por lo general cerca de la muerte. Los saurios marinos podrían ser muy bien supervivientes del período jurásico que se desenvuelven perfectamente bajo la superficie de las aguas, y que de este modo han podido sobrevivir hasta nuestros días. El grupo de los barrigas amarillas resulta algo más difícil de clasificar a causa de la falta de descripciones detalladas, pero posiblemente sean peces, o quizá tiburones.

Otra de las observaciones del doctor Heuvelmans pone de manifiesto que las apariciones más frecuentes durante el presente siglo han sido las del monstruo del cuello largo, que debe de estar en plena expansión. Por el contrario, la supernutria no ha sido vista desde 1848, y Heuvelmans sugiere que estas dos especies pueden estar o haber estado compitiendo por el mismo nicho ecológico, y que la supernutria ha resultado perdedora, e incluso puede haberse extinguido.

El mundo submarino no ha sido aún totalmente explorado y, a pesar de los escépticos, parece que hay abundantes pruebas de que existen gigantescas criaturas desconocidas. Los científicos creen que dentro de poco podrán tener un conocimiento mucho más amplio de la vida en las profundidades de los océanos. Además, cada año se descubren nuevas especies, de modo que quizá no se haga esperar la respuesta al misterio de los monstruos marinos.

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Quienes habitan en las profundidades marinas?


Un pequeño video donde muestro lo que hay en lo mas profundo del oceano,donde hay tipos de peces muy raros,pero no solo las profundidades ocultan animales,tambien en la superficie hay muchos mas tipos de peces,tiburones,calamares,etc....y tambien donde no es el mar .

Impresionante video de Peces Abisales(VEANLO¡¡¡¡)


Video donde aparecen peces abisales en su vida diaria.El video proviene de la web escalofrio.com.Los asombrosos videos fueron tomados por cámaras a más de 1000 m de profundidad.

Fotografias a Criaturas Abisales


Las increibles especies de animales que viven en el fondo marino. Las especies abisales del fondo del mar están siendo fotografiadas e investigadas.

Increible: Descubiertas en el fondo del mar ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡


El retorno de los tres navíos implicados en un estudio australiano de los mares antárticos marca la culminación de una campaña estudio de los fondos marinos antárticos.

El proyecto se denomina Collaborative East Antarctic Marine Census (CEAMARC) y en él participan investigadores australianos, franceses y japoneses con sus tres respectivos navíos.



En esta campaña han logrado recolectar numerosas especies de organismos, muchos de ellos desconocidos, algunos de los cuales son increíblemente fascinantes, como unos tunicados transparentes (ver foto) que parecen salidos de la mente de un escritor de ciencia ficción.

También han conseguido filmar vídeos de fondos marinos anteriormente sin explorar en los que sale una rica, compleja y colorida gama de vida marina que ha estado hasta ahora sin perturbar.

El gigantismo parece ser común en estas aguas y los investigadores han recolectado gusanos y crustáceos gigantes, o arañas marinas del tamaño de un plato.

La campaña servirá además para vigilar el impacto medioambiental de diversos factores como por ejemplo la acidificación de las aguas por el dióxido de carbono originado por las actividades humanas y su efecto sobre la formación de los esqueletos de carbonato cálcico de diversos organismos. O también para ver si hay cambios en la biodiversidad en esas regiones.

El estudio de los organismos recolectados permitirá saber cómo las diversas especies se adaptan a las condiciones ambientales únicas de esa zona. Muchos de estos especímenes se enviarán a universidades y museos de todo el mundo para su identificación y análisis.

lunes, 10 de mayo de 2010

Las Aves Gigantes: Monstruos Aéreos


Los mitos de la antigüedad nos hablan de aves gigantescas que atacaban a los seres humanos. Los ornitólogos rechazan la idea de que semejantes criaturas puedan existir... pero más de una persona ha experimentado la fuerza de sus garras

Monstruos Con Alas:

En Tippah County (Missouri, Estados Unidos), un maestro de escuela refirió en 1878 la siguiente y trágica historia: "Hace unos días ocurrió en mi escuela un triste suceso. Durante algún tiempo, las águilas se mostraban muy inquietantes en los alrededores, ya que habían capturado cerdos, ovejas, etc.

Nadie creía que intentasen apoderarse de un chiquillo, pero el jueves, durante el recreo, los niños se encontraban a cierta distancia de la casa, jugando a las canicas, cuando su pasatiempo se vio interrumpido por una enorme águila que descendió, capturó al pequeño Jemmie Kenney, de ocho años, y se alejó volando con él entre sus garras.

El niño gritó y, cuando yo salí de la escuela, el águila volaba a tal altura que sólo pude oír los alaridos del niño. Se dio la alarma, y, a fuerza de gritos y disparos al aire, el águila se vio obligada a dejar caer su víctima, pero sus garras se habían hundido tan profundamente en él, y la caída fue desde tal altura, que el pequeño murió..."

Éste no es el único caso de un chiquillo arrebatado por un águila. En 1838, en las montañas de Suiza, una niña de cinco años llamada Marie Delex fue capturada por un ave cuando se encontraba jugando con sus amigas. No fue transportada al nido del ave, ya que un grupo que salió en su búsqueda encontró allí dos aguiluchos y montones de huesos de cabra y de oveja, pero ningún rastro de la pequeña. Pasaron dos meses antes de que un pastor encontrara sobre una roca su cadáver mutilado.

La noruega Svanhild Hantvigsen narra que cuando tenía tres años, en 1932, fue capturada por un águila y llevada hasta su nido. Fue rescatada por varias personas que habían presenciado el hecho, y tuvo la suerte de escapar del trance sin un rasguño, aunque sus ropas estaban hechas jirones.

Este tipo de ataques resultan alarmantes e insólitos, pero no misteriosos. Algunas veces, sin embargo, surgen noticias de otra clase, acerca de monstruosas criaturas aladas que no parecen ajustarse a la descripción de ningún ave de las descritas por la ornitología. A veces, parecen más bien gigantescas criaturas voladoras de las que se extinguieron hace millones de años; en ocasiones, parecen medio humanas.

La mayor ave conocida por la ciencia es el albatros viajero, que habita exclusivamente en los océanos del Sur y que posee la mayor envergadura de alas: 3,3 metros. Le sigue muy de cerca en tamaño el cóndor andino, con una envergadura de 3 metros. Las alas del cóndor californiano miden de punta a punta 2,7 metros, pero se cree que en la actualidad no sobreviven más que unos 40 ejemplares de esta especie.

Sin embargo, incluso un cóndor parecería diminuto al lado del teratórnido, un ave que se extinguió hace unos 10.000 años. Se cree que fue el ave de mayor tamaño que jamás haya habitado la Tierra, con una longitud de 3,3 m, una envergadura de 7,5 m, y un peso de unos 75 kilos. Se han encontrado fósiles en Argentina, México y el sur de los Estados Unidos, y se calcula que algunos de ellos revelan una antigüedad de 5 a 8 millones de años.

En la mitología se habla también de aves enormes. Los indios illinois pintaron un pájaro monstruoso, el Piasa o "ave devoradora de hombres", en una roca que domina un río cerca de Alton, en el estado de Illinois. Solían disparar flechas o balazos contra esta imagen cuando pasaban junto a ella en sus canoas. La pintura fue vista por exploradores misioneros en el siglo XVII antes de que la superficie de la roca fuese destruida por la erosión. En 1970 se pintó de nuevo una imagen del Piasa, imitando la tradicional.

Según los Illinois, el Piasa es un ave escamosa, con larga cola, cuernos y ojos de color rojo. Puede ser vista una vez al año, al amanecer del primer día de otoño, cuando sale del río para buscar una cueva donde pasar el invierno.

Otras tribus amerindias hablan todavía hoy de otra enorme criatura: el ave del trueno. Según James "Cielo Rojo", indio ojibwa de la región de Thunder Bay, en Ontario (Canadá): «Vimos hace varios veranos un ave del trueno. Era un ave enorme, mucho mayor que los aviones que podemos contemplar hoy. No batía sus alas, ni una sola vez. Era blanca por debajo y negra por encima.»

Los informes modernos sobre aves gigantescas en los Estados Unidos comenzaron a finales del siglo XIX En el año 1882, en Dent's Run, Pennsylvania, un tal Fred Murray divisó una bandada de aves que, según dijo él, parecían buitres gigantescos, con una envergadura de más de 5 metros.

En febrero de 1895, la desaparición de la niña de diez años Landy Junkins en Webster Country (West Virginia) fue atribuida a una de estas enormes aves. La madre de Landy envió a la niña a la casa de unos vecinos, pero nunca llegó a ella. Un grupo de búsqueda encontró sus huellas en la nieve; abandonaban el camino y se adentraban unos pocos metros en un campo. Allí, numerosas huellas se mezclaban entre sí, como si la pequeña hubiera dado vueltas sobre si misma, tal vez tratando de escapar. Nunca más se supo de ella.

Un incidente acaecido unos días después sugirió lo que pudo haberle ocurrido a la niña. Un cazador de osos, llamado Peter Swadley, fue atacado por un ave de gran tamaño, que descendió sobre él y le hundió las garras en la espalda. Swadley escapó de la muerte gracias a su perro, que atacó al ave. Esta se revolvió entonces contra el perro, abriéndole el vientre de un zarpazo, y después remontó el vuelo llevándose al infortunado animal. Un ayudante del sheriff y su hijo vieron también el "águila" gigantesca que capturó un gamo en el bosque donde ellos estaban cazando ciervos. Según dijeron, el animal tenía una envergadura de 4,5 a 5,5 metros, y un cuerpo tan voluminoso como el de un hombre.

Según se cree, el mismo monstruo fue también el causante de extrañas desapariciones de ovejas en un corral vallado. Por tanto, parece ser que se trataba de un águila capaz de levantar el vuelo con un gamo, un perro de caza, una oveja y una niña de diez años, y que además intentó apoderarse de un adulto...

Hacia 1940, en Pennsylvania, un escritor e historiador local, llamado Robert Lyman, se encontraba en la Selva Negra, cerca de Coudersport, cuando vio en medio de un camino un pajarraco de color pardo. De pie media cerca de un metro, y tenía el cuello y las patas muy cortos. Cuando alzó el vuelo, Lyman vio, tomando como punto de referencia el camino, que sus estrechas alas, una vez desplegadas, alcanzaban una amplitud de 6 a 7,5 metros.

En 1947, cerca de Ramore (Ontario, Canadá), unos granjeros pasaron un mal rato con una gigantesca ave negra que atacó su ganado. Tenía un pico curvo, grandes garras y unos ojos amarillos "del tamaño de dólares de plata". Unos meses más tarde, en Illinois fueron avistadas repetidas veces aves de un tamaño increíble. "¡Ahí afuera hay un ave tan grande como un B.29!", chilló James Trares, un niño de doce años, al entrar corriendo en su casa en busca de su madre. Esto ocurrió en enero de 1948, y James fue el primero en notificar la existencia de este monstruo. El niño vivía en Glendale (Illinois), y el ave que vio volando tenía un color gris verdoso.

Un ex coronel del ejército, Walter Siegmund, vio algo similar el 4 de abril. Calculó que volaba a unos 1.200 metros de altitud, y a partir de su experiencia militar quedó convencido de que "sólo podía tratarse de un ave de un tamaño enorme".

Hubo otras visiones, entre ellas alguna en Saint Louis (Missouri). Varios testigos creyeron primero estar viendo un avión, debido a su gran tamaño, hasta que el ser empezó a batir sus alas y a realizar maniobras propias de un ave. Entre los testigos se contaban policías e instructores de vuelo. La última visión tuvo lugar, al parecer, el 30 de abril de 1948.

Charles Dunn apenas pudo dar crédito a sus ojos cuando contempló un ave cuyo tamaño "era el de una avioneta Piper Cub", que volaba a unos 900 metros de altitud y batía sus alas. Poco más se supo de aves monstruosas durante casi dos décadas, aunque en 1957 fue avistado un extraño pajarraco con una envergadura de 7,5 a 9 metros volando a unos 150 metros de altitud sobre Renovo (Pennsylvania). en 1966 se produjeron noticias procedentes de Utah, West Virginia, Ohio y Kentucky, aunque sólo algunas de ellas pudieron ser consideradas como visiones de especies apenas conocidas.

Más tarde, en 1975, tras unas misteriosas muertes de animales en Puerto Rico, fueron avistadas aves de gran tamaño y de aspecto similar al de cóndores o buitres de color blanquecino. El 26 de marzo, el obrero Juan Muñiz Feliciano fue atacado por una "terrible criatura grisácea con multitud de plumas, un cuello largo y grueso, y mayor que un ganso".

A finales de julio de 1977, fueron vistas cerca de Delava (Illinois) dos aves de gran tamaño que trataban de llevarse un cerdo que pesaba cerca de 30 kilos. Ambas recordaban los cóndores californianos y tenían una envergadura de 2,5 metros, pero un ecólogo de la universidad de Illinois comentó que los cóndores se hallan al borde de la extinción, y que no pueden levantar semejantes pesos; además se alimentan de animales muertos.

¿Qué era, pues, lo que trató de llevarse al niño Marlon Lowe, de diez años de edad, en el jardín de su casa en Lawndale (Illinois) el 25 de julio del mismo año? También ese pajarraco iba acompañado por otro, y lo que pudo haber sido terrible tragedia tuvo lugar tan sólo unos días antes del frustrado robo del cerdo, y a una distancia de 16 kilómetros del lugar. Marlon estaba jugando al escondite, cuando a las 8:10 de la tarde una de las aves se apoderó de él y lo levantó del suelo. Afortunadamente, su madre se encontraba cerca. Vio los pies de Marlon colgando en el aire y gritó, ante lo cual el ave dejó caer al niño antes de haber alcanzado una gran altura.

La señora Lowe se encontraba a sólo tres metros de distancia de las aves, y más tarde comentó: "Siempre recordaré que aquella cosa enorme inclinaba su cuello adornado con anillas blancas, y que parecía tratar de picotear a Marlon mientras volaba alejándose." Describió a las aves como "muy negras", excepto las anillas blancas alrededor de sus cuellos, cuya longitud era de unos 45 centímetros. Los picos eran curvos y median unos 15 centímetros de longitud, y la envergadura de las alas no era inferior a los 2,5 metros. Calculó que, de haberse posado en el suelo, habrían medido alrededor de 130 centímetros de altura. Seis personas los vieron alejarse hacia Kickapoo Creek, donde hay espesos matorrales y una gran cobertura de árboles.

De no haber sido por los gritos de la señora Lowe, que asustaron al ave, es muy probable que Marlon hubiese corrido el mismo destino de Marie Delex, Jemmie Kenney y Landy Junkíns. En realidad, los Lowe padecieron otras consecuencias. Fueron molestados por vecinos que dejaban pájaros muertos ante el portón delantero, y por escritos y llamadas telefónicas a cual más desagradable. En la escuela, Marlon, apodado "el niño del pájaro", tuvo que pelear más de una vez para hacer frente a las burlas de sus condiscípulos. Su cabello rojizo se volvió gris, y durante un año el pobre chiquillo se negó a salir al exterior después de que hubiera oscurecido.

Los Hombres Bestias: ¿Acaso son Extraterrestres?


Al parecer, algunos hombres-bestia no pueden ser atravesados por las balas, mientras se dice que otros pueden desaparecer a voluntad. ¿Quiénes son estas extrañas y aterradoras criaturas?. El enigma de los piesgrandes es de difícil resolución.

No se trata simplemente de discernir si la criatura existe o no, y si es humana o irracional. Los informes más recientes contribuyen a complicar el problema.

Al parecer, la altura media de los piesgrandes está comprendida entre 1,80 y 2,10 m, aunque han sido vistos especímenes mucho más pequeños, que podrían ser crías o individuos jóvenes. Otras veces, sin embargo, se reciben informes acerca de ejemplares mucho más altos.

 En agosto de 1977, un sargento de la USAF y dos amigos suyos vieron un ejemplar de 4,50 m mientras acampaban en el Belt Creek Canyon, en Montana. Dispararon contra la bestia, pero al ver que ésta comenzaba a correr hacia ellos, pusieron pies en polvorosa y escaparon en sus coches. Sin embargo, este tipo de informes sobre visiones fugaces no deben tomarse al pie de la letra, pues las tensiones hacen que las apreciaciones -del tamaño, por ejemplo- resulten a menudo erróneas.

Al parecer, algunos piesgrandes despiden un olor nauseabundo. Con ocasión de una serie de apariciones que tuvieron lugar en los alrededores de Little Eagle, en Dakota del Sur, en el otoño de 1977, un testigo declaró: "Era como el hedor de una persona muerta desde hacia tiempo. Permaneció en el aire durante unos 10 o 15 minutos." Sin embargo, no todos los pies grandes huelen mal. Se ha sugerido que pueden despedir hedor a voluntad, quizá para asegurarse de que la gente permanezca a distancia. Otra característica curiosa es que algunas de estas criaturas tienen ojos excepcionalmente grandes y brillantes, por lo común de color rojo, y a veces amarillos o verdes.

También las huellas son desconcertantes. Por lo general presentan cinco dedos y se asemejan a grandes pies humanos. Otras veces, sin embargo, muestran dos, tres, cuatro o seis dedos. Quizás esta anomalía se derive del trabajo de investigadores muy celosos que han in tentado interpretar huellas poco definidas.

Un número significativo de informes, muchos de ellos realizados por expertos cazadores, reflejan un extraño fenómeno: aparentemente, algunos piesgrandes no resultan afectados por los proyectiles. En principio, las explicaciones posibles son tres: o los rifles utilizados no eran lo suficientemente potentes o los testigos no apuntaron bien debido a la excitación (a pesar de que algunos disparos fueron efectuados a muy corta distancia), o bien los piesgrandes no son criaturas de carne y hueso.

Aunque la teoría de que los piesgrandes no son criaturas de carne y hueso parece increíble, hay, sin embargo, testimonio de evidencias aún más extraordinarias que la apoyan: la afirmación de que algunos piesgrandes son capaces en apariencia de desaparecer o volatilizarse. Una mujer de Pennsylvania que se encontró frente a uno en el umbral de su casa una noche de febrero de 1974, disparó contra él desde una distancia de 1,80 m, quedándose muy sorprendida al verlo desaparecer envuelto en un resplandor de luz. Otros testigos oculares han apreciado indicios de insustancialidad en los piesgrandes que han visto.

En el caso de Pennsylvania, el yerno de la testigo, que acudió en su ayuda al oír el disparo, vio otros piesgrandes en los linderos de los bosques próximos. También observó una brillante luz, roja e intermitente, como flotando sobre el bosque. En otros muchos casos se ha detectado la presencia de Ovnis y piesgrandes en la misma zona y en el mismo momento. ¿Simple coincidencia? ¿O forman parte del mismo fenómeno?

Otro extraño caso en que también intervino un Ovni ocurrió en una granja cerca de Greensburg, en Pennsylvania, la tarde del 25 de octubre de 1973. Al ver aterrizar en el campo una gran bola luminosa de color rojo, el hijo del granjero, Stephen, de 22 años, se acercó para investigar acompañado de dos niños de 10 años, observando desde muy cerca el brillante objeto casi a ras de suelo. También pudieron ver junto a la bola dos grandes criaturas, con apariencia de simio, de brillantes ojos verdes y largo pelo negro. Cuando las criaturas se acercaron, Stephen disparó contra sus cabezas, pero siguieron avanzando hacia los chicos. Entonces disparó tres veces contra la mayor de ellas, que levantó su mano. A continuación el Ovni desapareció y los piesgrandes se adentraron lentamente en el bosque más próximo.

Cuando se solicitó la colaboración de unos investigadores, éstos, a pesar de que no vieron ni a los piesgrandes ni al Ovni, encontraron una zona pelada en el lugar en que había estado el objeto. Stephen entró en trance.

Los cazadores de piesgrandes, que consideran que la labor de su vida es convencer al mundo de la existencia de estas criaturas, tienen una gran tarea por delante, pues, a pesar de la gran cantidad de datos que se poseen, pocos científicos o antropólogos profesionales prestarán atención a su trabajo. Es indudable que si se consiguiese un cuerpo de piesgrandes el caso sería incontrovertible. En consecuencia, hay una especie de rivalidad (incluso hostilidad manifiesta) entre estos cazadores, que luchan por la primacía en capturar o matar uno de ellos. Hasta ahora ninguno ha tenido éxito. En 1917 el geólogo suizo François de Loys mató a un extraño ser de 1,50 m en la frontera entre Colombia y Venezuela, pero el zoólogo Bernard Heuvelmans cree que se trataba de un tipo desconocido de mono-araña.

De los muchos informes procedentes de la URSS, el más reciente hace referencia a un hombre-bestia capturado y posteriormente muerto en las montañas próximas a Buinaksk, en el Daguestán. Un miembro del ejército ruso, el coronel Karapetyan, vio a la criatura cuando todavía estaba viva, y posteriormente dio una descripción muy detallada.

En diciembre de 1968, una noticia proceden te de Minnesota informaba acerca de un cuerpo de piesgrandes hallado en un bloque de hielo. El doctor Heuvelmans y el biólogo Ivan T. Sanderson, que lograron examinarlo, se convencieron de que el hielo contenía el cuerpo congelado de un tipo de homínido desconocido. Sin embargo, y por varias y complejas razones, nunca pudo disponerse del cuerpo para someterlo a un examen adecuado.

Se cree que estas criaturas conocen perfectamente el terreno en que habitan, de modo que pueden moverse mucho más rápidamente que un hombre y permanecer ocultas a voluntad. Así pues, las probabilidades de que un cazador capture o mate una de ellas son muy remotas. La mayoría de las veces, lo único que puede hacer es entrevistar a los que la hayan visto, examinar las huellas y coleccionar recortes de periódicos. Este trabajo, desarrollado por aficionados entusiastas a lo largo del subcontinente norteamericano, ha cristalizado en una acumulación de datos y de teorías acerca de la naturaleza de los piesgrandes y de todos los hombres-bestia. Sin embargo, sin buenas fotografías, sin un cuerpo, sin un esqueleto, sin ni siquiera un solo hueso, lo único que los científicos pueden hacer es especular.

De lo único que estamos seguros es de que se han encontrado numerosas huellas, enormes y de apariencia humana, en zonas remotas -y no es probable que todas sean falsas-, y de que en América del Norte más de mil personas dicen haber visto grandes y peludos hombres-bestia. Las diversas teorías propuestas para explicar estos hechos son igualmente válidas para todos los hombres-bestia.

Por otro lado, existe también la opinión de que los informes sobre hombres-bestia son falsos en su totalidad, cosa que parece improbable. Otra opinión es que en condiciones de es casa visibilidad los observadores pueden con fundirlos con animales conocidos. Esta explicación podría ser válida para algunos casos, pero no para todos ellos. Otro punto de vista es que se trata simplemente de casos de alucinación. Ciertas personas tienen alucinaciones y creen ver cosas que de hecho no existen. ¿No podría tratarse de casos similares? Sin embargo, esta teoría no explica el porqué de las huellas, que sí son reales.

Un punto de vista más aceptable es el de que los hombres-bestia son un tipo de mono gigante o quizás una forma primitiva de un mono parecido al hombre, el Gigantopithecus. Esto es posible, e incluso probable, en ciertas partes del mundo. Otra posibilidad es que los hombres-bestia sean realmente hombres, sobrevivientes prehistóricos.

Se ha dicho también que los hombres-bestia son un tipo de fenómeno paranormal, que pueden convertirse en un ser cuando disponen de un cierto tipo de energía (eléctrica, nuclear, física, etc.). Otra posibilidad aún más remota es que los hombres-bestia provengan de los Ovnis por motivos todavía desconocidos. Contra esto se ha señalado que si tanto los Ovnis como los hombres-bestia son fenómenos paranormales, es probable que hayan sido creados de la misma manera, lo que podría explicar por qué a veces aparecen próximos en el tiempo y en el espacio. Finalmente, los hombres-bestia podrían ser hologramas, imágenes tridimensionales proyectadas desde el espacio por una inteligencia desconocida. Si esto es así, ¿quién lo hace y por qué?

Los investigadores no están de acuerdo en la interpretación de los datos, y quizá ninguna explicación pueda por sí sola justificar todas las observaciones relatadas. Lo más probable es que la expresión "hombres-bestia" englobe una amplia variedad de fenómenos que, por motivos desconocidos, se nos aparecen (o así lo creemos nosotros) bajo formas muy similares. En cualquier caso, el fenómeno de los hombres-bestia requiere una investigación mucho más profunda.

Bigfoots ¿Donde se Esconden?


Cientos de observaciones en todo el subcontinente norteamericano sugieren que el fabuloso pies grandes existe realmente. Pero, ¿cómo puede sobrevivir esta criatura primitiva en la sociedad más desarrollada del mundo?

Informes Fidedignos acerca de "hombres bestia" en el subcontinente americano se dieron a conocer ya en 1830. Aunque para la información anterior a 1900 tenemos que confiar en viejas crónicas periodísticas, investigadores decididos han encontrado algunas descripciones sugerentes de bestias muy similares a las observadas en la actualidad. En 1851, por ejemplo, un diario local publicó la historia de dos cazadores de Greene County (Arkansas) que vieron un rebaño perseguido por un "animal que tenía las inconfundibles características del ser humano".

Era de gigantesca estatura, su cuerpo estaba cubierto de pelo y su cabeza provista de largos rizos que tapaban casi por entero cuello y hombros. El "hombre salvaje", después de mirarlos fijamente durante un momento, se volvió huyendo a gran velocidad con saltos de tres a cuatro metros. Sus huellas medían unos 33 centímetros.

El cronista añadía que se pensaba que el animal era "un superviviente del sismo que asoló la región en 1811". En casi todos estos primeros informes se consideraba a los hombres-bestia como "hombres salvajes", suponiendo que eran humanos que se habían refugiado en los bosques y en cuyo cuerpo se había desarrollado un tupido manto de pelo. Pero la moderna teoría evolucionista considera esto improbable.

Esta observación, que tuvo lugar en Arkansas, demuestra que las apariciones de piesgrandes no se limitan a los estados del Noroeste (norte de California, Oregon, Washington) y la Columbia Británica, donde se han producido la mayoría de ellas. Aunque en dichas regiones, con vastas zonas de montañas boscosas, se ha originado más información que en otras, piesgrandes o sus huellas han sido vistos en casi todos los estados norteamericanos y en las provincias canadienses. En Florida, muy lejos de lo que se considera el territorio tradicional de los piesgrandes, se han producido numerosas observaciones de "monos pestilentes" en los últimos años.

Muchos informes se limitan a describir un hombre-bestia apenas entrevisto en lugares boscosos. Pero existen otros muy detallados que muestran ciertos rasgos característicos. Al parecer, los piesgrandes son tímidos y no gustan de la presencia de los humanos, aunque también tienen una vena de curiosidad y a veces se acercan por la noche a grupos que acampan en los bosques, contemplan sus pertenencias y, ocasionalmente, balancean su caravana o su coche. Esta conducta y antiguos informes sobre la destrucción de campamentos de buscadores de minerales ponen de manifiesto el deseo de ahuyentar a los intrusos.

También han sido vistos merodeando cerca de casas de campo y aldeas, atraídos probable mente por la facilidad para conseguir comida. Pero, pese a su aspecto terrible y a la conducta provocadora de sus descubridores (cuya reacción es, con frecuencia, disparar primero y preguntar después), los piesgrandes no son agresivos con los humanos, existiendo muy pocas noticias de que hayan causado daños.

A medida que avanza el siglo XX y crece el número de personas que conocen la existencia de los piesgrandes, las noticias sobre observaciones antiguas y recientes van en aumento, y desde los años sesenta se dispone ya de un vasto archivo de informes. Aunque es obvio que esto se debía en parte a la mayor publicidad, ¿significaba también que los piesgrandes eran vistos con mayor frecuencia? Como, a causa del avance de la civilización, su hábitat debe ir reduciéndose gradualmente, es lógico suponer que su número disminuye. Quizá sea esta presión sobre su entorno lo que los fuerza a visitar lugares habitados en busca de alimentos, lo que explicaría a su vez el aumento de las observaciones.

El Bigfoot Casebook (Registro de piesgrandes) contiene unas 1.000 observaciones de los últimos 150 años, y no es una colección completa. Según las estimaciones, sólo se comunica una de cada diez observaciones, o sea que pueden haber sido unas 10 000 durante dicho período. Existen también numerosas noticias sobre grandes huellas de aspecto humano que han aparecido por lo general en el barro, la nieve o la arena, y que se supone que son de un piesgrandes. Algunas veces, los investigadores que estudian los informes han hallado también pelo o heces que podrían pertenecer a un piesgrandes, pero los análisis que se han hecho de estas sustancias no suelen ser concluyentes.

Una selección de algunas informaciones correspondientes al presente siglo nos dará una imagen clara del piesgrandes y de su conducta. En 1969 Albert M. Fletcher escribió acerca de un encuentro que tuvo 50 años antes, cuando era leñador en Washington.

En otoño de 1917, cuando tenía 17 años, trabajaba como leñador en un campamento junto al río Cowlitz, en el estado de Washington. Una noche de luna iba caminando por una senda en dirección a un baile, cuando tuve la incómoda sensación de que algo me seguía de cerca. Miré varias veces por encima del hombro, pero no vi nada. Cuando llegué a una curva del camino, me escondí detrás de un árbol y esperé para ver de qué se trataba. Casi en seguida apareció una criatura muy grande y de aspecto humano, que debía medir unos dos metros o algo más.

Caminaba sobre las patas traseras, estaba cubierta de pelo oscuro, tenía barba y un pecho amplio, y, por lo que pude ver, no llevaba ningún tipo de ropa. Sin salir de mi asombro, grité alarmado y la criatura se volvió instantáneamente y se alejó corriendo por el bosque, siempre sobre las patas traseras. Cuando se lo conté a mis compañeros, algunos se rieron, pero otros aseguraron que habían visto lo mismo. Nadie tenía una explicación, ni un nombre, pero todos estaban de acuerdo en que era algo grande, con aspecto de mono, y también en que se parecía a un hombre muy fornido.

Secuestrado Por Un Hombre-Bestia

Otro informe, de 1924, relata algo que, de ser cierto, constituye el encuentro más espectacular con un piesgrandes entre los que se hallan registrados. Albert Ostman afirma haber sido secuestrado por un piesgrandes, que lo mantuvo cautivo varios días antes de que lograra escapar. El secuestro tuvo lugar cerca de Toba Inlet, en la Columbia Británica, en cuyas montañas acampaba en busca de minerales. Una noche un piesgrandes de unos 2,40 m lo cogió en su saco de dormir y lo llevó por el campo durante lo que al incómodo y asustado Ostman le parecieron tres horas.

Aún estaba oscuro cuando llegaron a su destino, pero al amanecer Ostman pudo comprobar que había cuatro piesgrandes, un macho y una hembra adultos y un macho y una hembra infantiles. Durante su cautividad, Ostman pudo estudiar la forma de vida de la familia y pensar en el modo de huir. Pero todos sus intentos fueron frustrados por "el viejo", como lo llamaba él. Ostman tenía su rifle, pero se resistía a hacer daño a las criaturas, pues lo trataban bien. Finalmente pudo escapar dando al "viejo" una gran cantidad de rapé, que lo dejó incapacitado. Mientras el piesgrandes corría a buscar agua, Ostman cogió sus cosas y salió huyendo a toda velocidad.

Los encuentros en los que el testigo puede observar largamente y de cerca a la criatura son los más interesantes. Un observador tranquilo puede aportar mucho a nuestro conocimiento sobre la materia. Uno de los mejores informes de este tipo fue elaborado por William Roe, que vio a un piesgrandes en la montaña Mica, en la Columbia Británica, en octubre de 1955.

Roe estaba oculto en un matorral, de modo que el piesgrandes -una hembra de 1,80 m de altura, 1 m de ancho y unos 135 kg. de peso- se acercó sin percatarse de que era observado. Cuando estaba a unos seis metros de distancia, se puso en cuclillas junto al matorral en que se escondía roe, quien más tarde escribió una cuidadosa descripción de la cabeza, la cara y el pelo del piesgrandes, y de la forma en que andaba. Por un momento se preguntó si no se habría metido sin darse cuenta en un set y estaba contemplando a un actor maquillado, pero pronto descartó esta idea. Su informe continúa así: Finalmente, esa cosa debió percibir mi olor, porque me miró directamente a través de un claro en el matorral. Una expresión de asombro pasó por su cara. Me pareció tan cómica que sonreí. Siempre en cuclillas, retrocedió tres o cuatro pasos, después se irguió por completo y marchó velozmente por donde había venido. Me miró un instante por encima del hombro, pero no con temor, sino como si no quisiera entrar en contacto con algo extraño.

Roe consideró la posibilidad de disparar a lo que hubiese resultado un ejemplar único y hasta levantó su rifle. Pero no pudo hacerlo. "Aunque en un principio lo había considerado un animal, en aquel momento sentí que se trataba de un ser humano, y supe que si disparaba nunca me lo perdonaría."

¿Humano o animal? Los testigos no están seguros, y los investigadores tampoco. "Si tuviéramos un cadáver para examinarlo", claman. Pero los que consideran que lo importante es matar un piesgrandes para probar su existencia de una vez para siempre, se encuentran con la oposición de quienes piensan que hay que dejar en paz a la criatura. ¿Qué derecho tiene el hombre a cometer un asesinato para satisfacer su curiosidad?

Algunos informes sugieren que alguien con la suficiente paciencia y calma podría incluso hacerse amigo de un piesgrandes. En el otoño de 1966, una pareja que vivía cerca de Lower Bank, en Nueva Jersey, encontró huellas de 43 cm de longitud cerca de su casa, y más tarde vieron una cara que asomaba por una ventana situada a más de dos metros de altura. Durante algún tiempo fueron dejando con regularidad restos de verduras, que el piesgrandes consumía, pero una noche en que se olvidaron el visitante demostró su irritación arrojando un cubo de basura contra la pared. Un tiro al aire no lo asustó, y el hombre disparó al cuerpo del piesgrandes, que huyó para no volver más.

Nueve metros de vacilante película en color de 16 mm conmovieron al mundillo de los buscadores de piesgrandes en 1967. Los interrogantes que planteaba la cinta aún no han sido desvelados a satisfacción de todos. Detrás de la cámara se hallaba Roger Patterson, que en octubre de ese año cabalgaba con Bob Gimlin por los remotos bosques de la región de Bluff Creek, en el norte de California, en busca de rastros de piesgrandes. Sus caballos retrocedieron atemorizados cuando se hallaron de improviso frente a un piesgrandes hembra, en cuclillas junto a un arroyo. Patterson desmontó de un salto, tomó su cámara y echó a correr tras la figura que se alejaba. Antes de perderse de vista entre los árboles, el piesgrandes se volvió para mirar a los hombres. El famoso fragmento de película ha sido analizado numerosas veces desde 1967, pero aunque nadie haya podido probar que sea una falsificación, los hombres de ciencia se muestran escépticos sobre el particular.

Esto puede deberse a cautela natural, o al curioso argumento de que "los piesgrandes no pueden existir; por lo tanto, no existen". Entretanto, la criatura continúa apareciendo con regularidad en América del Norte, alarmando, aunque sin hacer daño, a los testigos, que invariablemente son cogidos por sorpresa, e intrigando a todos aquellos que meditan acerca de su existencia.

Los increibles casos de Humanoides Alados


Una y otra vez, testigos fiables han visto aterradores humanoides alados, tanto en tierra como en pleno vuelo. Estas visiones misteriosas resultan sumamente intrigantes.

Las historias de aves enormes que han arrebatado niños son aterradoramente verosímiles, pero las visiones de criaturas semejantes a pterodáctilos exigen ya a la credibilidad un esfuerzo mucho mayor. Los casos que vamos a describir serían descartados por una gran mayoría como totalmente increíbles, ya que se trata de historias fantásticas de seres de aspecto humano provistos de alas. No obstante, han sido narrados por personas corrientes, sinceras.

El 18 de setiembre de 1877, en los Estados Unidos, fue visto un ser humano alado sobre Brooklyn, Nueva York. No se dispone más que de unos pocos detalles, pero una figura similar fue observada en setiembre de 1880, no muy lejos, exactamente en Coney Island.

Las visiones de humanoides alados parecen estar más ampliamente distribuidas alrededor del globo que las de aves gigantescas y supuestos pterodáctilos. El siguiente informe nos llega desde Vladivostok, en el extremo mas oriental de la URSS.

El 11 de julio de 1908, un hombre que caminaba por las montañas Sijoté-Alin vio lo que parecía ser una huella de pie humano en el camino. Su perro empezó a actuar de forma extraña, y oyó cómo algo rebullía entre las matas. Al cabo de varios minutos, el caminante, V. K. Arseniev, arrojó una piedra hacia la criatura invisible, e inmediatamente oyó el ruido de un batir de alas y vio que algo "grande y oscuro" volaba hacia el río. Por desgracia, no pudo obtener más detalles a causa de la niebla. Más tarde, cuando Arseniev explicó a sus vecinos lo que había ocurrido, éstos identificaron la criatura como "un hombre que podía volar por el aire", caso bien conocido entre los cazadores de la región.

Un matrimonio brasileño, los Real, tuvieron una visión más clara de estos seres alados. A principios de la década de 1950, caminaban una noche por un bosque cercano al mar, en la localidad de Pelotas, situada en el estado de Río Grande do Sul, cuando advirtieron la presencia de "dos aves" gigantescas en los árboles. Al acercarse más, las "aves" bajaron al suelo, y la sorprendida pareja comprobó que las criaturas medían 1,8 m de altura aproximadamente, y que tenían una apariencia humana. Estaban agazapadas en el suelo como si observaran a los caminantes.

Desde Houston (Texas, Estados Unidos) nos llega un extraño informe que describe una visión todavía más clara. La noche del 18 de junio de 1953 fue calurosa, y tres vecinos se sentaron en el porche delantero de una casa de apartamentos, al anochecer.

La señora Hilda Walker explicó más tarde: Estábamos charlando, cuando levanté la vista y a unos 7 u 8 metros de distancia vi una sombra enorme sobre el césped. Pensé al principio que se trataba del reflejo ampliado de una gran polilla iluminada por un farol cercano. Entonces la sombra pareció dar un salto hacia arriba en dirección a un árbol... pude verle claramente y advertir que tenía unas grandes alas dobladas junto a los hombros. A su alrededor había una luz tenue y grisácea.

La sombra fue vista también por Howard Phillips y Judy Meyers, quienes la describieron como una "figura de hombre con alas semejantes a las de un murciélago. Llevaba una ropa muy ceñida, de color gris o negro. Estuvo allí de pie unos 30 segundos, balanceándose en la rama del viejo árbol. De pronto, la luz empezó a desvanecerse poco a poco". Estuvieron de acuerdo también en que media unos 2 metros de altura y llevaba una capa negra, pantalones muy ajustados y botas de media caña.

Al desvanecerse la luz, pareció como si la figura también desapareciera con un fuerte ruido siseante.

¿Primera Visión De Un Hombre-Polilla?. El Mothman

No tan visible, pero con una forma humana bien definida, fue la figura que se plantó en medio de una carretera, frente a una mujer que acompañaba a su padre en West Virginia (Estados Unidos) en 1960 o 1961. Al acercarse, la mujer redujo la marcha de su coche. Los dos atemorizados testigos pudieron ver que la figura era mucho mayor que la de un hombre.

La conductora del coche explicó lo que sucedió a continuación: A su espalda se desplegaron unas alas que prácticamente llenaron toda la carretera. Casi parecía un pequeño avión. Entonces despegó rápidamente... desapareciendo de nuestra vista en pocos segundos. Los dos nos quedamos aterrorizados. Pisé el acelerador y me apresuré a alejarme de allí. Hablamos de lo sucedido y decidimos no contarle nada a nadie. ¿Quién iba a creernos?

Es verdad, ¿quién? Aunque ella no lo supiera, esta mujer fue probablemente la primera persona que vio a un ser alado al que más tarde se apodó el "hombre-polilla" (Mothman), y que a finales de 1966 realizó frecuentes apariciones en una zona de West Virginia llamada Point Pleasant. Los primeros que vieron al ser fueron dos matrimonios jóvenes, los señores Scarberry y Mallette.

El 15 de noviembre, ya entrada la noche, atravesaban en automóvil la "zona TNT", donde había una fábrica de explosivos utilizada en tiempo de guerra y ya abandonada. Al pasar ante una antigua central eléctrica, observaron en la oscuridad dos círculos de un color rojo brillante, que parecían ojos. Al moverse los círculos, las dos parejas pudieron ver una figura de forma humana, de una altura entre 1,8 y 2 metros, de color grisáceo y con grandes alas. Se desplazaba caminando sobre dos piernas.

Roger Scarberry, que iba al volante, describió un brusco viraje con el coche para alejarse de allí, cosa que hicieron a considerable velocidad. Sin embargo, pudieron ver a la criatura, o a otro ser similar, de pie junto a la carretera; al pasar ellos, la criatura desplegó sus alas de murciélago e inició su persecución. Aunque aceleraron hasta alcanzar los 160 km/h, el "ave" se mantuvo a su altura... sin batir las alas. La señora Mallette lo oyó chillar "como un gran ratón". Cuando explicaron su experiencia en la oficina del sheriff, éste pudo comprobar que estaban aterrorizados y les acompañó hasta la zona TNT, pero no vieron ningún hecho extraño.

Esta historia fue objeto de publicidad, y Point Pleasant se convirtió inmediatamente en foco de atención para los cazadores de monstruos. Hombres armados registraron la zona TNT, pero no encontraron a su presa. Sin embargo, el hombre-polilla seguía merodeando por allí, ya que el 16 de noviembre, al atardecer, se apareció a la señora Marcella Bennett, que se disponía a visitar a unos amigos que vivían en la zona. Estaba sentada en su coche estacionado cuando advirtió la presencia de una figura en la semioscuridad. "Le pareció como si hubiese estado tendido en el suelo.

Se levantó lentamente. Era una cosa enorme y gris. Mayor que un hombre. Con unos terribles ojos resplandecientes y rojos." Al igual que las dos parejas la noche anterior, la señora Bennett se sintió hipnotizada por los rojos ojos del hombre-polilla. Mientras ella lo miraba, un amigo la cogió, junto con su hija de corta edad, y las arrastró hacia su casa.

Durante los días siguientes, numerosas personas vieron al hombre-polilla.., o creyeron haberlo visto. Nunca sabremos cuántas de estas visiones fueron causadas por el "contagio" de las historias publicadas por la prensa. El escritor John Keel se trasladó a la zona de Point Pleasant para investigar por su cuenta y, entre las diversas informaciones que reunió, estableció que el hombre-polilla medía entre 1,5 y 2 metros de altura, que era de color gris o pardo, y con forma humana pero sin brazos ni cabeza. Tenía unos ojos rojos, brillantes y luminosos, allí donde se encuentran los hombros de una persona normal. Las alas se plegaban hacia atrás, y su envergadura era de unos 3 metros. La mayoría de estas visiones tuvieron lugar en noviembre y diciembre de 1966, y seguidamente el hombre-polilla desapareció.

El Hombre-Búho De Cornualles

A veces, como en esta información, las visiones han sido individuales, es decir, el misterioso ser alado ha desaparecido después como si jamás hubiera existido. Y otras veces, como ocurrió en West Virginia en 1966, se han producido visiones repetidas en una zona reducida, pero sin dejar ninguna pista real acerca de la naturaleza de la aparición. Tal vez la serie más extraña de informes sobre "cosas aladas" es la referente al "hombre-búho", visto en Cornualles (Inglaterra) en 1976 y 1978 alrededor de Mawnan.

Fue visto por primera vez el 17 de abril de 1976, planeando sobre la torre de la iglesia, por June Melling (de 12 años) y su hermana Vicky (9 años). June describió y dibujó un hombre pájaro provisto de plumas. Pasaron casi tres meses antes de la segunda visión, que tuvo lugar el 3 de julio. De nuevo los testigos fueron niños: Sally Chapman y Barbara Perry, ambas de 14 años. Habían acampado en el bosque y alrededor de las 10 de la noche se dieron cuenta de que no estaban solas. Oyeron un extraño siseo y después vieron una figura cerca de ellas, entre los pinos. Sally la describió: Era como un gran búho con orejas puntiagudas, tan grande como un hombre.

Los ojos eran rojos y brillantes. Al principio creí que alguien se había disfrazado para gastarnos una broma, con la intención de asustarnos. Me eché a reír, y mi amiga también, pero después se elevó en el aire y las dos chillamos. Cuando despegó, pudimos ver que sus pies eran como pinzas.

Barbara añadió: "es verdad. Era horrible, con una fea cara como la de un búho, con orejas muy grandes y ojos también muy grandes y rojos. Iba cubierto de plumas grises. Las garras eran negras. Se elevó repentinamente y desapareció entre las copas de los árboles."

Al día siguiente, 4 de julio, otra jovencita, Jane Greenwood, junto con su hermana, vio al hombre-búho. Jane describió lo que había visto en una carta dirigida al periódico local: Fue el domingo por la mañana, entre los árboles cerca de Mawnan Church, sobre la playa rocosa. Estaba de pie entre los árboles, como un hombre adulto, pero con las patas dobladas hacia atrás como las de un ave. Nos vio y rápidamente saltó y se elevó entre los árboles.

Mi hermana y yo lo vimos claramente antes de que se elevase. Tiene unos ojos oblicuos y rojos, y una boca muy grande. Las plumas son de un gris plateado, así como su cuerpo y sus patas. Sus pies son como grandes pinzas negras de cangrejo.

En aquel momento nos asustamos mucho. Era todo muy extraño, como en una película de terror. Después de alzarse la cosa, durante largo tiempo hubo ruidos y crujidos en el árbol

Más tarde, aquel mismo día, hablamos con varias personas en el campamento, quienes dijeron que habían visto el sábado el Monstruo de Morgawr, cuando nadaban provistas de escafandras y tubos de respiración en el río, más abajo de donde nosotras vimos al hombre pájaro. Lo vieron desde debajo del agua y dijeron que era enorme y que tenía forma de lagarto.

Al hablar del "Monstruo de Morgawr", se refiere a un monstruo marino al que también se vio regularmente en Falmouth Bay a lo largo de 1976. También fueron vistos en esta zona varios OVNIS, y en 1976 Falmouth Bay era el mejor lugar al que uno podía acudir en busca de experiencias extrañas.

Después de julio de 1976, parece ser que el hombre-búho no reapareció hasta junio de 1978. A principios de este mes, una joven de 16 años vio "un monstruo, como un diablo, volando a través de los árboles cerca de la vieja iglesia de Mawnan". El 2 de agosto, tres niñas francesas lo vieron también cerca de la iglesia. Las asustó algo "muy grande, como un gran pájaro peludo". Era blanco, con una "boca enorme y grandes ojos rojos".

¿Por qué ocurren a la vez tan extraños acontecimientos en ciertos puntos del globo? Si alguna forma de energía, conocida o desconocida, se halla en la génesis de estos extraños sucesos, parecería como si tendiera a concentrarse en zonas limitadas y en momentos específicos. El resultado es un rebrote en las visiones de monstruos y OVNIS, y un incremento en sucesos extraños de toda índole.

Indudablemente, alguien volverá a ver extrañas criaturas aladas, pero, tal como ocurre con los OVNIS y con los hombres-bestia, parece improbable que consigamos pistas físicas e indiscutibles, como tampoco, probablemente, podremos contar con ningún cadáver que estudiar. Estos fenómenos parecen querer evitar todos nuestros esfuerzos investigadores.

El impresionante caso del Hombre-Pez De Liérganes


Más allá de las románticas sirenas y de los míticos tritones, los relatos acerca de los hombres-pez sobrecogen por sus vividos detalles y por su apariencia de realidad.

Dentro del capitulo de las leyendas relativas a seres acuáticos, y aparte de los míticos tritones, nereidas y sirenas, se inscriben las de los hombres-pez u hombres marinos. Se trata de seres, en principio, totalmente humanos, pero que un buen día sintieron la llamada de las aguas y se lanzaron a vivir en el océano.

Hay noticias diversas y muy antiguas sobre estos seres legendarios. Plinio ya da conocimiento de dos de ellos, uno visto precisamente en las aguas atlánticas de la bahía de Cádiz. Eliano, Pausanias, Belonio Nauclero, Lilio Giraldo y Alejandro de Alejandro son algunos otros de los cronistas que reseñan apariciones de estos fantásticos hombres-pez. Pedro Mexía, en su Silva de Varia Lección, Juan de Mandevilla en el Libro de las maravillas del mundo, aparecido por primera vez en Valencia en 1515, y Antonio de Torquemada en su Jardín de flores curiosas, publicado en Salamanca en el año 1570, son los españoles anteriores al siglo XVIII que se hacen eco de las curiosas noticias de estos extraños personajes acuáticos.

El Padre Feijoo Y El Hombre-Pez

Pero el relato que presenta mayor número de detalles y que resulta de un singular interés por el carácter racionalista y desmitificador de quien escribe sobre él, es el del hombre-pez de Liérganes, que aparece reseñado por primera vez en el volumen VI del Teatro Crítico Universal (1726-1740) de fray Benito Jerónimo Feijoo. La historia, tal y como la cuenta el ilustrado fraile, es más o menos como sigue.

En el lugar de Liérganes, cercano a la villa de Santander, vivía a mediados del siglo XVII el matrimonio formado por Francisco de la Vega y María de Casar, que tenían cuatro hijos. La mujer, al enviudar, mandó al segundo de ellos, Francisco, a Bilbao, para que aprendiese el oficio de carpintero. Allí vivía el joven Francisco cuando, la víspera del día de San Juan del año 1674, se fue a nadar con unos amigos al río. El joven se desnudó, entró en el agua y se fue nadando río abajo, hasta perderse de vista. Según parece, el muchacho era un excelente nadador y sus compañeros no temieron por él hasta pasadas unas horas. Entonces, al ver que no regresaba, le dieron por ahogado.

Cinco años más tarde, en 1679, mientras unos pescadores faenaban en la bahía de Cádiz, se les apareció un ser acuático extraño, con apariencia humana. Cuando se acercaron a él para ver de qué se trataba, desapareció. La insólita aparición se repitió por varios días, hasta que finalmente pudieron atraparlo, cebándolo con pedazos de pan y cercándolo con las redes. Cuando lo subieron a cubierta comprobaron con asombro que el extraño ser era un hombre joven, corpulento, de tez pálida y cabello rojizo y ralo; las únicas particularidades eran una cinta de escamas que descendía de la garganta hasta el estómago, otra que cubría todo el espinazo, y unas uñas gastadas, como corroídas por el salitre.

Los pescadores llevaron al extraño sujeto al convento de San Francisco donde, después de conjurar a los espíritus malignos que pudiera contener, le interrogaron en varios idiomas sin obtener de él respuesta alguna. Al cabo de unos días, los esfuerzos de los frailes en hacerlo hablar se vieron recompensados con una palabra: "Liérganes". El suceso corrió de boca en boca, y nadie encontraba explicación alguna al vocablo hasta que un mozo montañés, que trabajaba en Cádiz, comentó que por sus tierras había un lugar que se llamaba así. Don Domingo de la Cantolla, secretario del Santo Oficio de la Inquisición, confirmó la existencia de Liérganes como un lugar cercano a Santander, perteneciente al arzobispado de Burgos, y del cual él era oriundo.

 De inmediato mandó noticia del hallazgo efectuado en Cádiz a sus parientes, solicitando que informaran de si allí había ocurrido algún suceso que pudiese tener conexión con el extraño sujeto que tenían en el convento. De Liérganes respondieron que allí no había ocurrido nada extraordinario fuera de la desaparición de Francisco de la Vega, hijo de la viuda María de Casar, mientras nadaba en el río de Bilbao; pero que esto había ocurrido cinco años atrás.

Esta respuesta excitó la curiosidad de Juan Rosendo, fraile del convento, quien, deseoso de comprobar si el joven sacado de la mar y Francisco de la Vega eran la misma persona, se encaminó con él hacia Liérganes. Cuando llegaron al monte que llaman de la Dehesa, a un cuarto de legua del pueblo, el religioso mandó al joven a que se adelantara hasta allí. Así lo hizo su silencioso acompañante, que se dirigió directamente hacia Liérganes, sin errar una sola vez al camino; ya en el caserío, se encaminó sin dudar hacia la casa de María de Casar. Ésta, en cuanto le vio, le reconoció como su hijo Francisco, al igual que dos de sus hermanos que se hallaban en casa.

El joven Francisco se quedó en casa de su madre, donde vivía tranquilo, sin mostrar el menor interés por nada ni por nadie. Siempre iba descalzo, y si no le daban ropa no se vestía y andaba desnudo con absoluta indiferencia. No hablaba; sólo de vez en cuando pronunciaba las palabras "tabaco", "pan" y "vino", pero sin relación directa con el deseo de fumar o comer. Cuando comía lo hacia con avidez, para luego pasarse cuatro o cinco días sin probar bocado. Era dócil y servicial; si se le mandaba algún recado lo cumplía con puntualidad, pero jamás mostraba entusiasmo por nada. Por todo ello se le creía loco hasta que un buen día, al cabo de nueve años, desapareció de nuevo en el mar sin que se supiera nunca más nada de él.


El "Pesce Cola" o "Peje Nicolao"

Hasta ahí el relato resumido, tal y como lo expone el padre Feijoo. En su obra, el fraile abunda en detalles y da los nombres de quienes le impulsaron a reseñar este suceso, ante el cual, en un principio, se mostró escéptico, y al que sólo dio crédito tras recabar información de personajes que merecían su confianza, como el marqués de Valbuena, de Santander, don Gaspar Melchor de la Riba Agüero, caballero de la orden de Santiago y natural de Gajano, pueblo cercano a Liérganes, y don Dionisio Rubalcava de Solares, que conoció y trató a Francisco de la Vega.

Resulta curioso ver cómo el proverbial rigor critico que demostraba el padre Feijoo ante supersticiones comunes en aquel tiempo se desvanece ante el caso del hombre-pez de Liérganes y ante la creencia, en general, en los hombres marinos. Este típico erudito de la Ilustración esgrime un sinfín de argumentos para explicar la posibilidad de existencia de hombres anfibios o marinos. Y al caso de Francisco de la Vega añade otro más, del que ya habían dado cuenta en sus escritos Joviano Potano, Alejandro de Alejandro y Pedro Mexía: el caso de "pesce Cola" o "peje Nicolao".

Nicolao fue un siciliano, natural de Catania, que vivió hacia la segunda mitad del siglo XV. Este hombre, si bien no habitó en el mar durante largos períodos de tiempo, como nuestro hombre-pez de Liérganes, según parece era capaz de salvar grandes distancias a nado, por lo que le empleaban como correo marítimo entre los puertos del continente y las islas. Aún en días de tormenta, cuando los marineros no se atrevían a salir a la mar, "pesce Cola" se zambullía en el agua y llegaba a su destino.

Nicolao era capaz de permanecer hasta una hora debajo del agua sin salir a respirar, lo que le permitía vivir con holgura de la pesca de ostras y coral. Se había dado el caso de que "pesce Cola" siguiese nadando a un barco hasta alta mar, lo abordase y después de comer en él, se brindase a llevar noticias de los marinos a sus familiares de tierra.

Los prodigios acuáticos de Nicolao llegaron a su fin cuando el rey Federico de Nápoles y Sicilia quiso comprobar la certeza de su leyenda. El monarca, para ver hasta dónde llegaba la intrepidez y resistencia del siciliano, lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis, situado en el lugar más angosto del estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciéndole a Nicolao que si la recuperaba era suya. "Pesce Cola" se lanzó al agua y permaneció bajo ella tres cuartos de hora, hasta que finalmente salió con la copa en la mano. Interrogado por el rey sobre lo que había visto en tan temido lugar, Nicolao contó tremendas visiones de monstruos marinos, moradores de profundas cavernas.

El rey, entusiasmado por el relato, quiso saber más detalles y le prometió igual recompensa si bajaba de nuevo. Nicolao se mostró remiso a cumplir los deseos del monarca, por lo que éste le estimuló con una bolsa de oro, además de otra copa que arrojó al agua. "Pesce Cola" consintió y se sumergió de nuevo para no aparecer mas.


Incredulidad De Marañón

La existencia de los hombres marinos la explica Feijoo a base de la adaptación al medio Arguye que sí a una natural inclinación hacia el mar y una especial predisposición para la natación, se añade la práctica continuada, tanto del ejercicio natatorio como de la retención de la respiración, se podría llegar a resultados sorprendentes, como los que lograron estos singulares sujetos. Aceptada la posibilidad de existencia de estos individuos, cabe la posibilidad de que hombres y mujeres con estas habilidades tuviesen, por causas diversas, que buscar refugio en la solitaria vida marina. A partir de aquí, la existencia de una raza de hombres marinos, herederos de las facultades de unos padres adaptados al medio acuático, es del todo admisible.

Establecida la existencia de una raza de hombres marinos, Feijoo explica la existencia de tritones y nereidas, mitad hombre o mujer y mitad pez, mediante el apareamiento de los hombres marinos y los peces.

Ya en nuestro siglo, el doctor Gregorio Marañón volvió a interesarse por la leyenda del hombre pez de Liérganes, y en su libro "Las ideas biológicas del padre Feijoo" dedica un capítulo entero a la leyenda y a los argumentos presuntamente científicos que utilizó el ilustrado para justificar la existencia de los hombres marinos.

A partir de toda la serie de datos recogidos, Marañón formula la hipótesis de que Francisco de la Vega padeciese cretinismo, enfermedad caracterizada por una detención del desarrollo físico y mental y acompañada de deformaciones. Esta es la causa de que un buen día el joven Francisco, "idiota y casi mudo", abandonase su lugar habitual de residencia y vagase por tierra o quizá por mar, "pero no nadando", hasta que se le localizó de nuevo en Cádiz. La coincidencia de que desapareciese bañándose y que se le localizase de nuevo en el mar, junto con la incapacidad del muchacho para dar cualquier explicación, tejió la leyenda de los cincos años de vida marina.

La mudez, la tez blanca, el pelo rojizo, la piel escamosa -debido probablemente a la ictiosis-, la glotonería y el hecho de comerse las uñas, datos todos que aparecen en el relato del padre Feijoo, interpretados desde un punto de vista clínico, no son sino síntomas de cretinismo, enfermedad endémica propia de regiones montañosas, y entonces frecuente en la montaña santanderina.

La habilidad de Francisco de la Vega en la natación y su resistencia en las inmersiones, las explica Marañón a través de la insuficiencia tiroidea, con frecuencia ligada a las personas que padecen ictiosis. Se ha podido comprobar experimentalmente que, cuanto menor es la cantidad de tiroxina segregada, tanto menor es la necesidad de oxígeno, y por tanto mayor el tiempo de resistencia del organismo a situaciones en que falta este elemento.

De todos modos, después de leer la historia de Feijoo y la explicación del doctor Marañón, se nos plantea una duda: Francisco de la Vega, ¿era realmente un cretino? Lo cierto es que no se dice nada de eso antes de la desaparición del muchacho en el río de Bilbao, y tan sólo se alude a su silencio y locura después de su reaparición en Cádiz.

Aunque la interpretación del suceso que ofrece Marañón es ingeniosa y parece dar una respuesta lógica (dentro de la lógica científico- experimental típica del siglo XX) al fenómeno del hombre-pez, nuestro doctor, muy prudentemente -como corresponde a todo buen espíritu científico- se muestra abierto a valorar cualquier otra posible explicación que se pueda dar a tenor de nuevos datos.


Los Mariños Y H. P. Lovecraft

Siguiendo en la línea de los sucesos extraordinarios y leyendas tejidas en tono a los hombres marinos no se puede dejar de mencionar la historia de los mariños o marinhos gallegos, narrada en el siglo XVI por el licenciado Luis de Molina en sus Descripción del Reino de Galicia y de las cosas notables (Mondoñedo, 1550) y por Antonio de Torquemada en el ya mencionado Jardín de flores curiosas.

Según cuenta el licenciado Molina, un hidalgo pescó en la isla de Lobeira a una sirena. Cuidó de ella hasta que le cayeron las escamas, y entonces la tomó por esposa. Los hijos que tuvieron fueron llamados mariños.

El relato que nos ofrece Torquemada es mucho menos romántico; cuenta que "andando una mujer ribera de la mar, entre una espesura de árboles, salió un hombre marino en tierra, y tomándola por la fuerza, tuvo sus ayuntamientos libidinosos con ella, de los cuales quedó preñada, y este hombre o pescado se volvió a la mar; y retornaba muchas veces al mismo lugar a buscar a esta mujer, pero sabiendo que le ponían trampas para capturarlo, desapareció. Cuando la mujer vino a parir, aunque la criatura era racional, no dejó de traer en si señales por lo que se supo era verdad lo que decía que con el Tritón lo había tenido."

Es curiosa la conexión entre esa leyenda de los mariños gallegos y uno de los relatos del escritor fantástico norteamericano Howard Phillips Lovecraft. En La Sombra sobre Innsmouth, sin duda una de las mejores narraciones cortas de este autor, Lovecraft nos presenta una raza de seres, "mitad peces mitad batracios" -a quienes llama profundos- capaces de reproducirse con seres humanos.

El relato nos cuenta la horrible experiencia de un hombre que va a parar a un extraño pueblo costero, Innsmouth, donde los profundos han logrado establecer contacto con sus habitantes y dejar descendencia. Estos descendientes humanos, si bien en un principio parecen por completo racionales, poco a poco van sufriendo una metamorfosis, hasta que, tras adquirir el monstruoso aspecto de sus progenitores acuáticos, se lanzan a vivir en el océano.

Es de suponer que Lovecraft se inspiró, para la creación de este relato, en alguna leyenda del folklore anglosajón, del que era un buen conocedor; es probable que utilizase ese substrato mítico ancestral, presente en lo más oscuro de nosotros mismos, como un elemento más para articular su peculiar narrativa de terror. Por otra parte, no hay que olvidar que el folklore anglosajón es una de las ramas de la cultura céltica, del que los gallegos -y sus mariños- son representantes de lo más genuino...

Sea como sea, hay que reconocer que la solidez y la verosimilitud de las leyendas acerca de los hombres-pez sobrepasan en mucho las de otros fenómenos más o menos legendarios, por muy universales que éstos sean. Quizá la antiquísima atracción que el hombre experimenta hacia el mar se deba, después de todo, a unas capacidades o a unas inclinaciones que todos poseemos inconscientemente, y que algunos privilegiados han logrado desarrollar.

Mokele-Mbembé: Misteriosa bestia del continente Africano


Nessie no está solo. En regiones remotas a inaccesibles de África quedan dinosaurios vivos, si damos crédito a testimonios de nativos y expedicionarios que han descrito animales semejantes a los grandes saurios que se suponían desaparecidos.

¿Quedan dinosaurios vivos en la actualidad? Esta pregunta, que en un principio puede parecer absurda, no lo es tanto si hacemos caso de los testimonios provenientes de algunos de los más remotos a inaccesibles pantanos del África ecuatorial o de las diferentes zonas lacustres del globo.

Estas narraciones hablan de la presencia de un extraño animal de gran tamaño, tronco voluminoso, patas corpulentas, pequeña cabeza, cola grande y musculosa y un largo cuello. Tal descripción, que parece extraída de un libro de paleontología, coincide con la de un tipo de animales que se creía extinguido desde hace 65 millones de años: los dinosaurios. Estos testimonios, surgidos no sólo de nativos sino de científicos y exploradores europeos que han tenido la ocasión de contemplarlos, hacen suponer que los grandes saurios no están completamente extinguidos.

El «Mokele-Mbembé»

El escritor y naturalista inglés Ivan T. Sanderson pudo ver en 1932 a esta criatura en una de sus expediciones por la pantanosa zona del río Mainyu, en el África ecuatorial occidental. Se encontraba navegando junto con sus compañeros en una zona inexplorada de este río, cuando de una cueva cercana surgió un ruido ensordecedor y, según relata él mismo, «vimos cómo algo enorme se levantó frente a nosotros, convirtiendo el agua en espuma».

 La visión duró apenas unos instantes, pero fue un tiempo suficiente para que pudiesen apreciar que lo que se había levantado del agua era «la cabeza negra de un animal semejante a una enorme foca, aunque mucho más ancha que larga». Si bien el tamaño de esta cabeza -única parte del animal que pudieron contemplar- era del mismo tamaño que la de un hipopótamo adulto, la forma de la misma no tenía ningún parecido con la de este mamífero.

Tras esta visión, las dos piraguas que formaban parte de la expedición se alejaron lo más rápido posible mientras los indígenas no cesaban de gritar aterrados: «Mokele-Mbembé». Hablando más tarde con los nativos de la zona, todos coincidieron en que en esos parajes vive un terrible animal, el Mokele; un ser que pese a ser vegetariano -se alimenta de lianas- es un terrible enemigo de hipopótamos y cocodrilos que evitan pasar por la zona donde habita esta temible bestia.

La existencia de este extraño animal en las regiones pantanosas del corazón de África es casi como un secreto a voces. Voces que dan los indígenas, para los que su existencia está fuera de toda duda, y también los pocos occidentales que han podido ver a este excepcional animal, que podría ser una reliquia del pasado.

Para conocer si hay algo de verdad en los relatos de nativos y exploradores, se han realizado multitud de expediciones a las zonas donde se han producido la mayoría de los testimonios. En 1982, el doctor Roy Mackal, de la Universidad de Chicago, organizó una exploración de la zona norte del lago Likusia, en la República Popular del Congo. Desde esta región pantanosa habían llegado multitud de noticias sobre este animal desconocido por la ciencia. Durante varias semanas, el grupo de científicos recorrió esta extensa zona apenas hollada por el hombre blanco recogiendo decenas de testimonios de los nativos. Finalmente los científicos encontraron las huellas de un animal desconocido pero de tamaño superior, sin duda, al de un elefante.

Otra expedición, en esta ocasión de científicos de la universidad de Brazzaville: repitió pocos meses después el intento de encontrar esa bestia misteriosa que se dice habita en las apartadas marismas. En esta ocasión, los científicos tuvieron más suerte. El biólogo Marcellín Agnagna y su equipo se encontraron frente a frente con ese animal. Se trataba de una especie con aspecto distinto a cualquier otra conocida hoy día, y con una morfología muy similar a la de un gran dinosaurio saurópodo, que, como si proviniese de una máquina del tiempo, parecía surgido del Mesozoico, período del secundario en que los grandes saurios dominaban la Tierra.

Por desgracia, tampoco en esta ocasión fue posible obtener la prueba definitiva para demostrar al mundo entero la existencia de este fósil viviente, conseguir la captura de un ejemplar. La complicada orografía, el intrincado laberinto de pantanos y ríos que se entrecruzan, es sin duda uno de los principales garantes del anonimato de los que tal vez pueden ser los últimos dinosaurios sobre nuestro planeta. Otras expediciones que se han realizado a la zona, tampoco han sido jalonadas por el éxito.

Tras El Monstruo De Las Marismas

Una de las últimas exploraciones la realizó un equipo de once japoneses, entre marzo y abril de 1988, algunos de los cuales habían participado con anterioridad en otros viajes a la zona. Las marismas del lago Telle, en la misma región de Likuala, fue el terreno elegido para realizar la expedición; numerosos lugareños habían testificado sobre su contacto directo con el monstruo.

 Uno de ellos afirmó haberlo visto entrar en el lago apenas un mes antes, y otro, un cazador de elefantes llamado Inmanuel Mongoumelo, dice que lo vio en los ríos Sanga y Bai, que están conectados con el lago Telle. Incluso varios de los ancianos de la aldea recuerdan que, a principios de siglo, una de estas criaturas fue cazada por los pigmeos de la cercana zona de Oumé. Los expedicionarios sólo pudieron ver en una ocasión, un gran objeto negro flotando en el centro del lago, pero la niebla les impidió observar más detalles.

La sospecha de que en algunas apartadas zonas del continente africano hay un extraño y enorme animal de costumbres anfibias no es algo reciente. Uno de los grandes exploradores y cazadores del pasado siglo, Alfred Aloysius Horn, pudo ver personalmente las pisadas de un desconocido animal que los indígenas del Camerún llamaban «Jagonini», que quiere decir «el buceador gigante». "Las huellas de la bestia eran del tamaño de unas grandes sartenes, pero con tres enormes garras", cuenta este traficante y cazador, que recogió abundantes testimonios entre los nativos sobre la fiereza de la bestia.

Años más tarde, en 1913, el capitán de las fuerzas coloniales alemanas en Camerún, el barón von Stein zu Lausnitz, realizó una completa investigación sobre las riquezas minerales y naturales de este territorio que estaba administrado por el Imperio Alemán. Unos párrafos de su trabajo, hablan de que «existe al parecer, una criatura que causa el terror entre los negros de determinadas zonas del Congo, del bajo Ubangui, del Sanga y del lkelemba, al que se le da el nombre genérico de «Mokele-Mbembé». Según diversos relatos provenientes de guías experimentados, el animal es de color oscuro, piel lisa y tamaño cercano al de un elefante. Su cuello es largo y flexible y cuenta con una cola de gran poder».

El informe del meticuloso militar alemán explica que, «los rumores señalan que emplea la cola para hacer zozobrar las canoas que caen bajo su radio de acción, para a continuación matar con saña a sus ocupantes, pero sin llegar a devorarlos. Se asegura que el animal vive en las oquedades y cavernas que forma la arcilla en las márgenes del río. Unos nativos incluso me han enseñado el alimento predilecto de este monstruo, una liana con grandes flores blancas que da una savia lechosa y que tiene unos frutos parecidos alas manzanas». Incluso en una ocasión el barón von Stein pudo ver el sendero que había trazado el animal.

El «Shimpekwe», Mitad Elefante Y Mitad Dragón

De otras zonas del corazón del Continente Negro llegan más testimonios que hablan de la presencia de un extraño y desconocido animal. El nombre que se le da cambia, pero la descripción es, en esencia, similar. En 1910, un traficante de animales salvajes, Karl Hagenbeek, recibió por varios caminos la noticia de la existencia de un gran animal desconocido, el «Shimpekwe», una bestia «mitad elefante y mitad dragón», que habitaba en la región sur del Congo Belga y el norte de Rhodesia (la actual Zimbawe). Tan convencido estaba de que se trataba de un dinosaurio, «posiblemente relacionado con los brontosauros», que organizó una expedición hacia la zona del lago Bangweolo, a unos 260 kilómetros al este de Elizabethville, la actual Lubumbashi. Lamentablemente esta expedición fracasó; ni siquiera logró encontrar el lago.

Sin embargo, un colono y escritor inglés, J.E. Hughes, vivió 18 años a orillas del Bangweolo y pudo realizar una detallada encuesta entre los nativos de la zona, recogiendo multitud de testimonios sobre este animal, que ellos llaman «Chipekwe». Uno de los más destacados es la narración del jefe de la tribu de los Wa-ushi, cuyo abuelo fue testigo presencial de la caza de una de estas bestias en las aguas del río Luapula, que une los lagos Bangweolo y Mweru, en la zona fronteriza de los actuales estados de Zaire y Zambia. Este colono inglés cuenta que el funcionario británico retirado, M.H. Croad, se despertó una noche por un gran ruido de chapoteo y que, al revisar intrigado los contornos, encontró sobre la arena unas enormes huellas totalmente desconocidas.

John Millais, un naturalista inglés que durante los años veinte exploró amplias regiones del continente africano, escribió un amplio informe sobre el extraño animal del que se hablaba en el país de los Ba-rotses, en el Zambezee medio (al este de la actual Zambia). Las apariciones de este animal, al parecer un gran reptil acuático de un tamaño superior al de un elefante, con largo cuello, cabeza parecida a la de una serpiente y patas de lagarto, que los indígenas llamaban «Isigugumadevu», intrigaron vivamente al rey Lewanika, que investigó los testimonios de sus súbditos y envió un amplio informe al Residente británico en Zululandia, el coronel Hardinge, en el que le relataba que él mismo había podido ver el sendero formado por esta bestia entre los cañaverales, un rastro que tendría un grosor de un metro y medio. Los habitantes de las zonas pantanosas de Zaire llaman «Mbilintu» a este extraño animal que habita en las ciénagas y tiene un tamaño comparable al de un elefante.

El «León de las Aguas»

Angola es otra de las zonas de donde llegan testimonios de la existencia de un monstruo acuático, el «Coje Ya Menia», un animal que emite unos potentes rugidos que le han valido el apelativo de «León de las Aguas». Según los nativos, este animal es un enemigo acérrimo de los hipopótamos, a los que mata en cuanto tiene oportunidad. Un comerciante portugués, Pereira da Costa, tuvo noticias durante su estancia en Luanda en los años treinta, de que uno de estos monstruos había matado a un hipopótamo. El intrigado portugués se desplazó al día siguiente a la zona donde se había producido este suceso y pudo encontrar el cuerpo del hipopótamo, convertido en una piltrafa, totalmente desgarrado y deshecho, pero al parecer, sin haber sido devorado.

 El terreno mostraba claros indicios de que se había producido una feroz lucha, las hierbas y la maleza estaban aplastadas y casi arrancadas. La única pista de lo que pudo acabar con la vida del pobre animal son las pisadas de otra bestia de un tamaño mucho mayor. Las huellas era, sin duda, similares a las de un elefante. Sin embargo, a diferencia de las huellas de estos paquidermos, las encontradas por Pereira da Costa mostraban claramente las marcas producidas por unos dedos bien diferenciados.

Las historias sobre la presencia de este extraño animal provocaron que el Smithsonian Institute ofreciese una recompensa de tres millones de dólares a quien fuese capaz de capturar a ese monstruo, vivo o muerto. Una suma que nadie pudo cobrar pese a que se organizaran varias expediciones.

Las Extrañas Bestias Del Nilo

En las zonas colindantes con el lago Victoria y en los afluentes del Nilo también hay indicios que avalan la existencia de un extraño animal, que si bien presenta algunas diferencias con el de los pantanos del corazón de África, su descripción también se acerca asombrosamente a la de un dinosaurio.

Los ribereños del lago Victoria hablan de un extraño animal, el «Lukwata» o «Amaliv». Esta bestia estuvo a punto de hacer zozobrar en el año 1900 a un pequeño vapor que se dirigía de Kimusu, en Kenia, a Entebbe, en Uganda. Según el relato de un testigo inglés, Sir Ciement Hill, el animal surgió de las aguas a intentó apoderarse de un indígena que se encontraba sentado en la proa, sin llegar a conseguirlo. Sólo pudo apreciar la cabeza del animal, que era de forma redondeada y color oscuro, lo suficiente para descartar que se tratase de un cocodrilo.

Los testimonios que hablan de la presencia del «Lukwata» se suceden. Según los nativos de una tribu de Uganda, los carivondos, este animal combate a menudo con los cocodrilos, y en el transcurso de la pelea suele perder alguna parte de su anatomía, que después es buscada afanosamente por los indígenas, que consideran que es un eficaz amuleto. Durante estas batallas se puede escuchar el mugido de este animal en muchos kilómetros a la redonda. Esta característica descarta que se trate de algún tipo de serpiente, como la pitón, pues estos animales carecen de cuerdas vocales.

La Efigie De Un «Lau»

En las fuentes del Nilo, los indígenas hablan de la existencia de una terrible bestia, que los pueblos nuer califican como una serpiente de enorme tamaño, cortas patas y gran ferocidad. El naturalista John Millais exploró ampliamente las grandes marismas del valle del Nilo y se encontró que tanto los nativos dinka como los shilluk y los propios nuer hablaban de un gran reptil de una longitud entre los doce y los treinta metros y el grosor de un caballo, con un color amarillo oscuro o castaño. Estos le relataron como en algunas ocasiones habían asistido a una cacería de esta bestia.

El gobernador británico del Sudán, H.C. Jakson, publicó en 1923 un estudio sobre el pueblo nuer del Alto Nilo, en el que hablaba del extraño animal que estos nativos llamaban «Lau», y que vive preferentemente en la zona del Nilo Blanco. Según las descripciones facilitadas por los nuer, el animal vive en agujeros cavados en las orillas de los ríos o en lugares pantanosos, como los de Bahr el Ghazal y Addar, su tamaño supera los cuatro metros y tiene una corta cresta de pelos en la parte alta de la cabeza. Un rasgo común en los relatos de los indígenas es el terror que les produce este animal, muy superior al que les provoca una pitón.

Un dato que avala su existencia es la efigie de la cabeza de un «Lau» hecha en madera por un artista de la tribu Iramba. El capitán William Hichens, funcionario de los Servicios de Información y de Administración del Este Africano, encontró y fotografió esta talla, un expresivo testimonio de la presencia de ese extraño animal en las marismas del gran río africano.

Algunos estudiosos en Criptozoología, la ciencia que estudia la posible existencia de animales que permanecen desconocidos, opinan que el «Lau» y el «Lukwata» son en realidad el mismo animal. Las descripciones de estas bestias, como grandes serpientes con unas patas rudimentarias y la comunicación del lago Victoria con las fuentes del Nilo, avalan esta posibilidad.

En los alrededores del gran lago Victoria vive otro extraño animal desconocido, al que los masais llaman «Olumaina». La bestia tiene alrededor de unos cinco metros de longitud, una cabeza parecida a la de un perro, con unas pequeñas orejas en forma de cuernos, patas cortas armadas de garras y un cuello pequeño. Al parecer cava zanjas en las orillas de los ríos, en los que se esconde tan pronto como hay algún peligro, dejando sólo la cabeza visible.

 Este animal ha sido visto por cazadores occidentales en el río Mara y en el río Gori, en la zona fronteriza entre Kenia y Tanzania, que añaden a la descripción de los masais que su cuerpo está recubierto por escamas, como si fuera un armadillo, su lomo es ancho como un hipopótamo y moteado como un leopardo, su cabeza se parece a la de una nutria y las huellas que dejan sus patas son tan grandes como las de un hipopótamo, pero con la presencia de garras como las de un reptil.

Esbozando Una Teoría

La idea de que puedan sobrevivir algunos dinosaurios aislados en las más remotas regiones de África, puede parecer absurda para muchos, pero no lo es tanto si se tiene en cuenta que en este continente, al igual que en otras regiones remotas de nuestro planeta, el clima apenas es distinto en la actualidad a como lo era hace más de sesenta millones de años. No hay que olvidar que en nuestro planeta hay auténticos fósiles vivientes, animales tanto o más antiguos que los grandes saurios, como los cocodrilos o el dragón de Komodo, en el asiático archipiélago de la Sonda.

La acumulación de testimonios ha popularizado la idea de que en las regiones pantanosas de África podría vivir un dinosaurio. Esto ha provocado que los productores de cine se hayan fijado en este misterio. Hace unos años se estrenó una película, "Baby", que trataba del descubrimiento de un dinosaurio vivo en la selva africana. Por otro lado, algunos diarios de gran tirada, pero poco rigurosos con las noticias, han publicado la información del encuentro de estos seres.

 El 27 de agosto de 1985 el rotativo británico The Sun, publicó la noticia de que se había capturado con vida un dinosaurio en África. Casi dos años después, el 21 de abril de 1987 el periódico americano National Inquirer, volvió sobre el asunto, afirmando que una expedición había encontrado dinosaurios vivos en este continente. En ambos casos, huelga decirlo, la información no se confirmó.

Los últimos dinosaurios de nuestro planeta no hay que buscarlos sólo en los pantanos, lagos, ríos y en las selvas más inexploradas. Diversos testimonios apuntan que algunos de estos animales casi míticos, habría que descubrirlos mirando hacia arriba, en el cielo. Buscarlos como si fueran pájaros porque son capaces de volar.

Con todos los testimonios que hemos ido repasando podemos empezar a hacernos una idea de cómo pueden ser los últimos dinosaurios. Si bien según las zonas de donde llegan los testimonios hay algunas diferencias, éstas podrían ser debidas en parte a que el alejamiento de los habitats hubiese provocado con el paso de los milenios, desigualdades entre estos saurios.

Sin embargo, se puede decir que, por un lado, tenemos a un reptil de entre seis y diez metros de longitud, con el cuerpo grueso, como el tórax de un caballo, y con unas fuertes y poderosas garras, una musculosa y fuerte cola, y un largo cuello. Su piel es de aspecto liso como un hipopótamo y de color gris y la cabeza sería similar a la de una serpiente: corta y redondeada, con algo parecido a un cuerno sobre las fosas nasales y una cresta carnosa en la cabeza.

 Se trata de un animal anfibio, con un fuerte rugido, seguramente vegetariano, pero dispuesto siempre a la lucha con singular agresividad, en especial si se trata de combatir por su espacio o comida con los animales que serían sus competidores más directos, los hipopótamos, y en menor medida los manatíes. Luchas en las que suele salir bien parado a causa de su fortaleza y sus bien armadas garras. Por otro lado están los testimonios sobre lo que parece un gran reptil volador, un pterodáctilo.